Amor a Roma: XII + I edición de los Premios Pop-Eye

premios-pop-eye-2018

Desde que los premios Pop-Eye abandonaron su cuna cacereña y se trasladaron a Trujillo, hace dos años, el fin de semana de la gala siempre comienza en la cafetería del hotel Victoria. Y yo siempre llego allí más perdido que Jarvis Cocker en el Viña Rock. De hecho, en un momento de mi deambular entre grupeto y grupeto, sin saber dónde colocarme, me dijo una rubia alta: “¿Qué? ¿Perdido, no?”. Yo me cargué de seguridad y le dije “Sí, pero en determinados momentos me gusta estar perdido”. Mejor eso que reconocer que nadie me abría el círculo para dejarme entrar en sus conversaciones. Al día siguiente, la rubia alta daría que hablar. Y mucho.

La rubia alta. Amor a Roma.
Foto: Agata Sandecor

Esa desorientación se debe en parte a causas naturales – “Es un chico muy reservado”, “Sólo habla lo justo” – y en parte a no haber hecho bien mis deberes, a no haber estudiado a fondo la lujosa nómina de premiados, de invitados o de mi propio equipo. Cuando pueda dedicarme sólo a esto, todo cambiará. Lo prometo.

Una vez reunidos todos, comenzó la ascensión a La Abadía por cuestas empedradas. Por suerte La Abadía no es una abadía, sino un local donde va a tocar Emilio Elegante, premiado por sus 30 años en la era pop. Tomaba el relevo de Lobos Negros como galardonado en la categoría, y de Los Nikis como elevadores del telón musical del fin de semana.

Entre canapés, patatera, cervezas y vinos nos vamos presentando y haciéndonos con la caravana pop de este año: nuevos en estas lides como Cosima Ruiz de la Prada salpicada de estrellas, Chema Conesa sentando cátedra sin darse cuenta, Emilio Elegante elegante, los chicos de Cycle dando vueltas…, mezclados con viejos conocidos ya de los Pop-Eye, como Paloma Concejero, Cintia Lund, Mariví Ibarrola, Javier de Juan o Javier Díaz.

Noche del viernes en La Abadía Foto: Agata Sandecor

El momento revival llegó con “La calle del ritmo”, “Mangas cortas”, “Dispararé” y un puñado de clásicos – sí, no nos libramos de “Luisa se va” – que desgranó Emilio liderando una banda creada para la ocasión, pero que promete continuidad. Al final tuvieron que repetir dos canciones del setlist, algo que se va convirtiendo ya en un clásico en la noche inaugural de los Pop-Eye. Después tocaba el momento DJ, donde Dj Yoyo, Mapache Transistor Dj’s y servidor amenizamos la velada. Yo salí huyendo tras prometerle a una lugareña insistente que iba a pinchar “Despacito” y poner “Blister in the sun”.

Foto: Agata Sandecor

El protocolo del sábado está bien definido. Hasta las 15 no hay nada gratis. Antes de eso hay que ir al Teatro, colocar la alfombra roja, o ver cómo la colocan, mejor dicho, preparar el photocall y procurar que todos los premiados estén a la hora convenida en el coqueto ayuntamiento de Trujillo para la rueda de prensa. Este año hay nerviosismo porque problemas de salud de última hora ponen en jaque la presencia de premiados como Luis Lapuente, Martirio o Soleá Morente. La última pudo vencerlos a tiempo (juventud, divino tesoro). Para los otros dos, siempre estará Angel Carmona.  

La rueda de prensa – pregala para los más osados – discurrió fluida bajo la batuta de J.A. Olloqui, el padre de Max Betamax. En esta ocasión el alcalde optó por quedarse en segundo plano, ajeno a lo/la que se le vendría encima por la noche.  

Rueda de prensa Foto: Agata Sandecor

El siguiente hito en la hoja de ruta propicia la romería cultural hacia el Museo de la Coria, situado en la parte monumental, junto a una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad. Es el momento de conocer y departir con todos los invitados en un entorno más distendido. Claro que yo, a partir del octavo canapé de patatera picante, opté por no abrir la boca. Sólo para beber. Y a continuación, la comida de confraternización y obligado descanso para afrontar con fuerza el plato fuerte del fin de semana: la gala.

Fotógrafas, directores de Premios Pop-Eye, pintores, escritores, alcaldes…
Foto: Agata Sandecor

A partir de las ocho van saliendo todos los premiados del Hotel Victoria, escoltados por los Buitres Leonados. El último en salir, el gran homenajeado de esta edición, Don Miguel Ríos Campaña. Embutido en un tres cuartos de cuero negro, plateado por las nieves del tiempo – 74 años le contemplan -, Miguel Ríos ejerció de estrella del rock en el patio del hotel, atendiendo amablemente a fans, conserjes de hotel y miembros del equipo de los Pop-Eye. Yo le podía haber llevado uno de mis elepés iniciáticos, “Rocanrol Bumerang” (1980), pero como no me gusta cargar con cosas ni que me firmen los discos, me conformé con saludarle y darle las gracias por todo.

Yo, hablándole de mi libro a Miguel Ríos, que para eso fui a Trujillo
Foto: Agata Sandecor

Por el photocall pasaron todos los agasajados, y más de un espontáneo de instagram fácil. mientras se iba llenando el patio de butacas y creciendo la expectación de todos los asistentes. Ese es el espíritu de los Pop-Eye, un espíritu expectante, nada conformista. Y para poco conformista, una chica rubia alta que me llamó “perdido” en el capítulo 1, la futura presentadora de la gala de los Goya – como mínimo -, Roma Calderón. Alguien que se llama Roma y se apellida como uno de mis mejores amigos en E.G.B. no puede fallar. Y no lo hizo.

Foto: Agata Sandecor

Si metemos en una batidora, o en una thermomix… No. Empezamos de nuevo. Si metemos en un mortero actitud, desenvoltura, cabaret, 180 minutos, música, emoción, improvisación, homenaje, burlesque, Breakfast at Tiffanys, descaro, tequila, Sea of Love, insolencia, carcajadas, inteligencia, arte y Pop, tendremos como resultado quizá la mejor gala de las 13 ediciones de los premios Pop-Eye. El año pasado Los Nikis nos hicieron corear en el mismo teatro aquello de “seremos todo un imperio”. Este año, el imperio fue romano. Quien apostó por Roma Calderón acertó de pleno. Va a ser difícil retenerla, como le fue imposible al Monaco retener a Mbappe.

En cuanto a los homenajeados, derrocharon corazón, humildad y gratitud, y coincidieron al tachar de no menos que temerario el ingente esfuerzo que supone la elaboración de cada gala de los Pop-Eye para reconocer al mundo de la cultura, del arte y del Pop. Bendita temeridad la de Juan Pedro. Y la nuestra por seguirle.

Foto: Agata Sandecor

Algunos highlights de la gala:

  • Benjamín Prado, Premio Pop-Eye de Literatura, y su alegato a favor de la igualdad de la personas y al sinsentido de las concertinas
  • La desnuda versión de “El río” de Cintia Lund, acompañada a la guitarra por Juanjo, de Cycle.
  • Blanca Berasategui, Premio Pop-Eye de Periodismo, y su fidelidad a una vocación.
  • La reivindicación por parte de David Kano (Cycle, Premio Pop Eye Mejor Disco de Rock) de los locales de ensayo como semilleros de cultura y motores sociales, y el recuerdo a las personas que esperan a los músicos mientras estamos en ellos.
  • El video con extractos de Antonio Gasset – ¡Gasset siempre es bienvenido! – previo a la entrega del Premio Pop-Eye de Televisión a Gerardo Sánchez, director de “Días de Cine”.
  • Marta Berasategui, Premio Pop-Eye de Radio por “Hoy empieza todo”, acordándose de los cuidadores de personas con dependencia.
  • Angel Carmona (con camisa A) recogiendo el premio por “Hoy empieza todo”
  • Angel Carmona (con camisa B) recogiendo el Premio Pop-Eye al Libro Musical otorgado a Luis Lapuente por su “Historia de la música disco”
  • Angel Carmona (con camisa C) recogiendo el premio de Martirio
  • Martirio agradeciendo su premio “Duende” a través de una nota de audio de Whatsapp. Realmente estaba mala de acostarse. La artista se convirtió en su propia obra (ya podía haberse marcado un Dorian Gray musical y hubiésemos disfrutado de su presencia).
  • Emilio Elegante, Premio Pop-Eye “Viviendo en la era pop”, aún flipando por haber tocado la noche anterior al lado de un cortador de jamón de pata negra en plena faena. De hecho, muchos de los asistentes ni se dieron cuenta de que había un grupo tocando.
  • El emotivo recuerdo en la pantalla, a ritmo de “I say a little prayer”,  a los artistas que nos dejaron desde la última gala de los Pop-Eye. Los aplausos más sentidos se los llevaron Forges y Aretha Franklin.
  • Roma Calderón, mayestática, haciendo su entrada en el patio de butacas gobernando dos cyber perros, para la actuación de Scud Hero (Premio Pop-Eye Mejor Artista Extremeño). Ya quisiera Khaleesi con sus dragonzuelos.
  • Miguel Ríos, Premio Pop-Eye “Toda una trayectoria”, agradecido y emocionado. “Yo me dediqué a esto para ser querido”. A juzgar por la duración, intensidad y emoción de los aplausos recibidos, ha conseguido con creces su objetivo.

 

Foto: Agata Sandecor

Hace 50 años, Fernando Arbex – otro merecidísimamente reconocido por los Premios Pop-Eye, a título póstumo – escribió  “El río”, y bajo sus acordes todos los premiados comenzaron a tomar el escenario en torno a Miguel Ríos para la foto de familia de otra gala más, para bajar el telón de una nueva edición de los Premios Pop-Eye, que deben seguir repartiendo amor y humor mientras haya arte, música y cultura que reivindicar.

Premios Pop-Eye 2017

“La cultura hace al hombre algo más que un accidente del universo.”
(André Malraux) 

 

VIERNES 11

Entra un tío en un bar y se encuentra a Fernando Colomo comiendo altramuces. Ese podría ser el comienzo de un chiste. O incluso de una película. Con un poco de imaginación y talento podrían llegar ambos a buen puerto; pero no es el caso. Lo cierto es que ese es el comienzo de mi fin de semana en Trujillo. Por tanto, el tío que entra en el bar, soy yo. Y Fernando Colomo es, por supuesto, nuestro Fernando Colomo. Y estamos en la  víspera de la gala de los 12 Premios Pop-Eye, haciendo tiempo para asistir a la fiesta de bienvenida.

Lo que ha sucedido antes de llegar a este punto no tiene la mayor relevancia. Juan Pedro me ha hecho partícipe de esta entrañable locura de los Premios Pop-Eye, y yo quiero corresponderle intentando documentarlo lo mejor que pueda. Como decía, horas antes de encontrar a Fernando Colomo en el bar, hemos salido de Sevilla, hemos enfilado la A66, oyendo en el coche el “Marines a pleno sol” – para intentar memorizar el mayor número de letras de cara al concierto de Los Nikis. Ilusos de nosotros -, aparcar, hotel – con su correspondiente ventana a patio interior, para no romper la estadística -, acicalarse y listos para la acción.

En ese bar, por tanto, estaban concitados los homenajeados en esta edición para subir todos juntos a La Abadía, en el conjunto monumental de Trujillo, y disfrutar de la fiesta de presentación. Y de canapés, o algo, que ya eran más de las 21. El local en sí está montado con todo lujo de detalles. Dos plantas, espacio ajardinado exterior, vistas al castillo, y, lo mejor, repleto de gente de la cultura, verdaderos artistas con los cuales se van a saldar unas cuantas cuentas. Pero, aparte de estar con toda esta gente importante, hay que comer, así que empezamos a asaltar las bandejas de canapés mientras divisé la figura del cortador de jamón, de quien me hice su mejor amigo, y, ahora sí, todo empezaba a encajar.

Por allí estaban Mariví Ibarrola, Javier de Juan, Paloma Concejero, el ya mencionado Fernando Colomo, Antonio Gárate, Los Nikis…. en animadas tertulias. Así que me puse a deambular entre ellos para empaparme de cultura y conocer anécdotas o vivencias o lo que estuvieran contando en sus respectivos corrillos. Pero, por un lado hablaban de la toxoplasmosis, por otro de la caña de lomo, por otro del aloe vera…. Así que desistí, y volví a hacerle compañía al cortador de jamón, cuyo discurso siempre es infalible.

La nota musical en la fiesta corría a cargo de Fonal, banda popera de la tierra, ganadora del Premio Pop-Eye a la mejor banda extremeña el año pasado. El trío fue de menos a más y dejaron a la audiencia a punto de caramelo para recibir a Los Nikis, que estaban en Trujillo para comer jamón, y ya de paso iban a recibir el Premio de Honor por su trayectoria musical. Respaldados por una sonorización estupenda y con la poca vergüenza que siempre les caracterizó, soltaron “La puerta verde”, “Silvia Sobrini”, “La naranja no es mecánica”, “Diez años en Sing-Sing” y “El imperio contraataca” (dos veces), se revolcaron y se fueron, dejándonos con ganas de más clásicos. Y por más que gritamos “Mengele” unos cuantos, no sirvió para nada. Yo lo intenté con “Mongolo”, pero tampoco funcionó. Así que sólo nos quedaba agradecerles el esfuerzo y saborear el buen rato que habíamos pasado y continuar la fiesta hasta que se nos acabó el fuelle.

SÁBADO 12

Parece ser que el sábado 12 de noviembre es el “Día del Desayuno en Diferido” en el Hostal Julio, con el hambre que yo tenía. Entre que pedimos el café con tostadas y nos lo sirvieron me pude releer el “Ulises” y la trilogía de Primo Levi. Al final no se lo tuvimos en cuenta porque eran una gente muy maja. Y además no pagábamos un duro, estábamos de vacaciones y en muy buena compañía.

El plan del día, como adjuntos a la organización, era procurar que todo fuese sobre ruedas. Así que nos pusimos en camino, abriéndonos paso por callejuelas inclinadas. Las resacas caminando entre palacios del siglo XVI son menos; claro que el ibuprofeno del desayuno también ayuda. Nuestro destino era el  Teatro Gabriel y Galán, escenario de la gala, con el fin de planificar el día, recoger acreditaciones, instrucciones y hacernos la foto de rigor con Micky.

Por supuesto, me aseguré de que tenía sitio en el patio de butacas, haciendo esta foto que ya debe tener mi madre enmarcada en el salón, al lado de mi orla de COU.

Salimos, y como ya eran más de las 11, nos tomamos una cerveza a pleno sol con Los Nikis en La Taberna Vikinga (¿qué ser superior podría haber planeado tamaña coincidencia?) y luego bajamos cien metros lisos hasta el Ayuntamiento para la rueda de prensa oficial.

El Ayuntamiento se asienta sobre la antigua Casa de Comedias, una construcción del siglo XVI que desde 1888 alberga la casa consistorial de Trujillo, la casa del pueblo. Allí, en el patio principal, todos los premiados se dispusieron para la foto de familia sobre la escalinata y fueron presentados a los medios por J. A. Olloqui y el alcalde de la ciudad, Alberto Casero. A continuación, uno a uno fueron bajando la escalerita y diciendo unas palabras en relación a su premio, a medio camino entre una reunión de comunidad de vecinos y El Club del Chiste, aunque sin chiste, ya que la cultura no está muy bien posicionada en nuestro país y eso es lo que traslució en la mayoría de discursos – incluso en el del alcalde -, agradecimientos aparte.

[Best_Wordpress_Gallery id=»6″ gal_title=»Rueda de prensa»]

 

El almuerzo se sirvió en el Museo de la Coria, que se levanta sobre el desaparecido convento de San Francisco el Real, construido en el siglo XV para las monjas clarisas. Y aquí somos todos muy fan de las monjas clarisas. Y también somos fans de la madre de Alaska, América Jova, de mirada desarmante, frágil y mayestática en su silla, cual rey Melchor atendiendo a los presentes. Con el bastón a mano por si las moscas. No me gustaría haber sido Alaska de jovencita y haber llegado a mi casa tres minutos más tarde de la hora de recogida…

[Best_Wordpress_Gallery id=»8″ gal_title=»Comida»]

 

En dos salas del museo tuvo lugar la comida de confraternización, con sus vivan-los-novios correspondientes. En mi mesa redonda cayó Jorge Pardo, con quien hablamos de “Aguirre, la cólera de Dios”. Duende puro. Eso podría ser un sueño de estos raros que uno tiene, ¿verdad?: “Tío, soñé que comía con Jorge Pardo y hablábamos de Klaus Kinski”. Pues no, fue real, amigos. Eso pasó. (Por cierto, ¡un abrazo, Jorge!). Después de la comida recorrí Trujillo cogido del brazo de Cayetana Guillén Cuervo (Nota mental: comprar botellas del vino tinto que nos dieron en la comida), recibiendo los flashes de la gente que se paraba a nuestro paso, hasta que la dejamos en su hotel para la sesión de maquillaje. Por cierto, he de mirar el “Diez Minutos” o el “Hola” esta semana, que igual salgo en la portada.  

A continuación, llegar al hostal, echarse un rato, poner la tele y ver otra manifestación en Barcelona (esas dos cosas van unidas), asomarse al patio interior, deprimirse, re-acicalarse y salir de nuevo.

LA GALA

Antes de conocer los Premios Pop-Eye – concretamente en el año 2011, cuando se celebró la octava edición -, la última gala de premios a la que yo había ido se remontaba al año 1981, cuando fui a la Olimpiada Marianista en Zaragoza como integrante del equipo de fútbol sala de 6º de EGB del colegio San Juan Bautista, de Jerez. Además, acudí a última hora porque descubrieron que Guede, de 6º D, había mentido sobre su edad y era mayor de lo que decía. Así que le sacaron de la convocatoria y fui yo en su lugar. Para que veáis, que esta práctica no se inició en Camerún ni en Ghana, sino en Jerez. Pues eso, que jugué menos que Uralde en el Mundial de España, quedamos eliminados a las primeras de cambio y el último día me tuve que tragar toda la gala de entrega de premios para llevarme un puto banderín.

Bueno, no nos desviemos y situémonos en la entrada del Teatro Gabriel y Galán, que van llegando los chicos y chicas de los Buitres Leonados, escoltando a la caravana de premiados. La expectación y los nervios en los momentos previos a la ceremonia dio paso a la relajación cuando todos estuvimos sentados en nuestras butacas (cualquiera me quitaba la mía, jé) y comenzó la 12 edición de los Premios Pop-Eye, de mano de La Burla Teatro.

La encargada de abrir el fuego de los discursos fue Blanca Morera, que elogió la figura de su hermano, El Hortelano – quien fuera Premio Pop-Eye a las Artes Plásticas en 2011 -,  personaje muy querido entre todos los que nos sentimos parte de estos premios. Tras su laudatorio, se proyectaron imágenes de otros ilustres del mundo de  la cultura que nos han dejado  durante el último año (aparte de El Hortelano, que jugaba en casa, creo que fue Chuck Berry quien ocupó la segunda plaza en cuanto a aplausos, para mi satisfacción). Posteriormente, uno a uno fueron pasando todos los premiados a recoger su ojo pop – obra del escultor César David Montero -, su clavel y su botella de Crash, aunque sólo Jorge Pardo sostuvo los tres obsequios durante su discurso. “Puedo con esto y más”. Quizá esperaba recibir una pata de jamón. Todo se andará, Jorge. Yo tengo mano en la cúpula directiva.

A destacar de la gala (para no ser muy cansino):

  • La versión de “Mi venganza está cerca” a cargo de Supertennis (Mejor grupo extremeño)
  • La lucidez de América Jova (Mejor libro de no ficción)
  • La elegancia y el savoir faire  de Alice & The Wonders (Talento emergente)
  • Javier de Juan (Artes plásticas), cual patriarca gitano con todo su clan a cuestas (así cualquiera…)
  • Ángel Fernández, de Jot Down (Mejor Publicación), por bogar contra corriente (formato papel y extensiones descabelladas) y que te den un premio. Y los que quedan.
  • El recuerdo de Jorge Pardo (Duende) a Chiquito de la Calzada, que arrancó los aplausos del patio de butacas
  • Cayetana (Periodismo), espectacular, declarándose una activista de la cultura
  • Cintia Lund (Artista revelación),  insultante juventud y madurada actitud, recreando lúgubremente “Sangre en el museo de cera” y llevándonos arriba con “I’m not a hispter”, con Yanara (Papaya), a la guitarra. Pareció sacada de “La Edad de Oro”.  
  • La reivindicación de la comedia por parte de Fernando Colomo (Cinematografía)
  • La invitación de Luis Martín, de Lobos Negros (30 años viviendo en la Era Pop) a seguir viviendo en la nube en la que estábamos todos. El lunes nos ha bajado de la nube sin contemplaciones, pero intentaremos conservar la sonrisa que hemos lucido todo el fin de semana.
  • La particular versión de “La canción de la suciedad” que hicieron Watch Out (Mejor grupo de música negra). No sé qué les parecería a Los Nikis. Y mucho menos a Howard Devoto.
  • Micky, aprovechando para hacer spam de su próximo disco “Desmontando a Micky” (¡un abrazo, Micky!) (¡y utiliza mi foto para la portada!), y su recuerdo a Chiquito de la Calzada.
  • La flema de Los Nikis ante la adversidad, al fallar el sonido justo antes de empezar su actuación. “Se había roto todo, tíos”. Al final se solucionó y todos coreamos “El imperio contraataca”

[Best_Wordpress_Gallery id=»2″ gal_title=»Popeye2017″]

 

Así, a lo tonto a lo tonto, se acabó una gala que se hizo amena y divertida, y ya empezaba a entrar hambre de nuevo. Y no me miréis así que estaban todos/as igual que yo. Así que tocaba ponerse la pulserita (qué me gusta…) y dirigirse de nuevo a La Abadía para la fiesta final.

El fin de fiesta fue un paseo-baile triunfal tanto para los premiados oficialmente como para los premiados extraoficialmente (todos los demás). Refrigerio, sonrisas, agradecimientos, felicitaciones, selfies, alcohol, Papaya en la cabina (me debes una de los Ramones, que-lo-se-pas), transacciones en los baños (en una de ellas me llevé una camiseta de La Vallekana Sound System que me regaló Guillermo, bajista de Watch Out) (aunque te dije muy serio que me la pondría para pintar mi dormitorio, era broma, Guillermo. ¡Un abrazo!)… Mientras estuve sereno aproveché para saldar cuentas con aquellos invitados con los que menos había alternado, aunque a Luis Lobo Negro no me acerqué mucho por si le daba por venderme una guitarra de cerámica, que yo soy muy fácil (¡un abrazo, Luis!).

[Best_Wordpress_Gallery id=»4″ gal_title=»Popeye Fiesta»]

 

Entre risas y bailes acabamos la noche y nos volvimos para el hostal, todo cuesta abajo (un detalle, Juan Pedro!!!), y me dormí  pensando en cómo será mi discurso cuando reciba un premio Pop-Eye (en realidad estaba pensando en si habrían abollado mi coche, tras dos días aparcado en una calle estrecha y próximo a una curva, pero lo otro queda más lírico).

DOMINGO 13

El desayuno del domingo discurrió bajo los parámetros habituales de Occidente. Es decir, pedirlo, que te lo sirvan y tomártelo. Ya sólo quedaba comprobar que el coche no tuviera ningún bollo (misión cumplida), y despedirnos de todos los que han sido nuestra pequeña familia durante el fin de semana (no os voy a nombrar a todos, pero sabéis quiénes sois) (esto viene muy bien cuando no te acuerdas del nombre de la gente), esperando reencontrarme con todos ellos, como mucho dentro un año.

Y al culpable todo esto, JP, qué decirle…. ¡un abrazo!