Gin, Coke and Ice

Hoy toca un poco de autobombo, ome.

Soy un prolífico compositor de canciones. La pega es que la mayoría se quedan en mi móvil, o, lo que es peor, en mi cabeza, hasta que se desvanecen y, finalmente, mueren. Pero algunas privilegiadas han tenido el honor de ser tratadas en los Estudios Padre Marúriz. Es el caso de este “Gin, Coke and Ice”, una de las canciones de las que me siento más orgulloso. Por eso, hoy he venido aquí a hablar de mi libro.

Gracias a la letra, arreglos, bajo y coros de Maleso, y a la voz y presencia de Susana Troyano (en una formación conocida comoMi hermano, mi cuñada & Yo, que dará que hablar en la próxima década), el pequeño germen que tenía en mi móvil y en mi mente pudo cobrar forma hace ya un año y pico. La canción se postula como un homenaje al soul de principios de los 60, una mezcla entre los girls-groups y la ingenuidad agresiva de Sam Cooke, todo ello pasado por el tamiz un tanto canalla – por aquello de la letra –  de la malograda Amy Winehouse. En fin, ni yo mismo sé qué digo. Ahí os la dejo para que no se pierda mi legado.

Y suerte.

Vidas ejemplares (V) – Andrea Panduru

            Rumano. 59 años. En el haber de Andrea figuran algunas de las campañas publicitarias más impactantes y agresivas de los últimos tiempos. Hoy en día las grandes multinacionales se rifan sus servicios para el lanzamiento de sus productos. Desde la cima de su productora Pan Duru Inc.,  Andrea gobierna un equipo de 32 personas y obtiene unos ingresos anuales escalofriantes.
 
 
            Pero no todo ha sido un camino de rosas en la trayectoria de Andrea Panduru. Ahora, superado el medio siglo de edad, goza de un prestigio y reconocimiento mundial, aunque no fue hasta los 42 años, coincidiendo con la campaña publicitaria de la firma Fisha – alimento para tortugas – cuando empezó a ser valorado realmente en el mundillo del marketing.
 
 
            La carrera de Andrea comienza en su país de origen, Rumanía, a una temprana edad. Ya con 12 años acudía cada semana a las puertas de la prisión para reivindicar la libertad de su padre, reo por motivos políticos. Se situaba frente a la puerta de entrada (nunca de salida), con pancartas conteniendo mensajes subliminales como “Liberad a la PRESOna de mi padre. Libertad de opinión”,o “¡No más opresión!. Libertad para Georges Panduru. Ultramarinos Kamataru, calidad a su servicio”. Ya se intuía su vocación publicitaria en la elaboración de sus panfletos, aunque su padre no salió de prisión hasta la destitución del dictador.
 
 
            Debido a la reiteración de sus protestas, Andrea fue advertido por la policía de que corría serio peligro si permanecía en el país. Pero Andrea no se dejaba amedrentar fácilmente con amenazas.
 
 
            – O libero a padre o me uno a él en prisión – le comentaba a su madre mientras elaboraba nuevas pancartas.
 
 
            Como era de esperar, al cabo de dos semanas se presentaba la policía en su casa con orden de arresto. Encontraron a Andrea sentado en el salón de su casa con una pancarta que rezaba: “Ya me voy, no se preocupen. Tengo el billete para Italia. No se molesten por mi”. Como el sargento de policía Viktor Maranos era amigo (bueno, más que amigo) de su madre, hizo la vista gorda y permitió que Andrea saliera del país esa misma tarde.
 
 
            – ¡Al fin solos, Viktor! – exclamó su madre cuando Andrea salió por la puerta -. Es el momento de comprar sábanas nuevas.
 

Andrea al poco de llegar a Italia. Es el de la gorra. Un adelantado a su tiempo
 
 
            Ya instalado en Italia, Andrea comenzó dando clases de rumano a parados mayores de 52 años, para financiar su proyecto: una productora audiovisual. Como primer paso, adquirió una cámara de vídeo de segunda mano, con la que elaboró su primer reportaje. El Ministerio de Sanidad lanzó un concurso público para adjudicar una campaña de concienciación social contra el tabaco, y ahí comenzó a despegar Andrea. En el spot se veía únicamente la cámara acercándose a un cenicero de una mesa en el que se aprecian multitud de colillas. A medida que se acerca la cámara el espectador se va dando cuenta de que no son colillas lo que yacen en el cenicero, sino personas consumidas y apagadas en el mismo, como si fueran cigarrillos. El lema del spot era: “El tabaco te apaga”, simplemente.
 
  
            Andrea logró imponerse en el concurso con su crudo mensaje y con los ingresos y la fama obtenida cimentó lo que sería la base de su actual empresa publicitaria, Pan Duru Inc. La productora comenzó su andadura con sólo dos empleados, Andrea y su novia por aquel entonces, Gina. Las principales empresas nacionales le encargaban sus campañas publicitarias y así, fue creciendo su plantilla progresivamente. En 1990 Gina, convertida ya en su esposa, le abandonaría para emprender su carrera como actriz en Hollywood, hecho que le marcó profundamente.
 
 
            Un turbio suceso empañó la trayectoria de Andrea. En 1991 fue acusado de homicidio en la persona de su mujer, fallecida en enero de ese mismo año a causa de una supuesta sobredosis de barbitúricos. Ante el juez se presentó con una pancarta en la que decía “¡Yo no he sido, hombre!”. Gracias a una fianza millonaria, logró eludir el presidio y en la actualidad vive retirado en su granja de Cerdeña, desde donde controla los hilos de su emporio.
 

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Stop

La primera gota de sudor frío está a punto de alcanzar la ceja de Ignacio. Ha estado luchando para que eso no se produzca, para que no llegara a ese extremo. Ni siquiera una dosis extra de su medicación cuando nota los primeros síntomas está sirviendo de nada. Preveía que la batalla estaba perdida. Se conoce muy bien, así como conoce el desenlace de su ataque; pero nunca le ha ocurrido en un tren. ¡Y tiene que salir de allí! Pero la próxima estación está a hora y cuarto de camino. Es inútil hablar con las azafatas. No le conocen. Un ataque de ansiedad, cálmese, llegaremos pronto, ¿le traemos agua?. Será inútil. Tiene que detener el tren y correr. Están pasando por vastos campos donde los agricultores acarician sus tierras. Al fondo, la carretera. Debe correr. Pero nunca ha detenido un tren. ¿Quién ha detenido un tren? Debe buscar la palanca (roja, ¿no?) y hacer caso omiso a cualquier indicación de advertencia o a cualquier persona que vea sus intenciones e intente disuadirle. Se levanta, pálido, la mirada perdida y busca en la plataforma de separación de vagones la palanca que tiene que activar. No hay ni un cristal de protección. ¿Cualquiera puede detener un tren?. Mira al interior del vagón, la gente lee o mira las pantallas. No es momento de pensar en la gente. Y menos en esa gente. Agarra con decisión la palanca y tira hacia abajo con fuerza, haciendo saltar el resorte de seguridad. Se agarra a la barra de la ventana, esperando el frenazo seco, pero no ocurre nada, el tren sigue su marcha, la gente sigue leyendo. El pánico es él. ¿NO ha pasado nada? Espera. Mira por la ventana, todo sigue igual. O todo PARECE igual. Pero no es así: los agricultores ahora no se mueven, los coches están detenidos en la carretera. En el cielo hay una bandada de pájaros estáticos, como si estuvieran dibujados en la ventana.

Vidas ejemplares (IV) – Carmina Freyre

Con sólo 32 años, Carmina Freyre se ha convertido en la mujer más joven que ha realizado el trayecto Lisboa-Islamabad en helicóptero. Ha sido condecorada recientemente con la Medalla de Oro del Tercer Escuadrón de la Facción Hélice II de la Aviación Portuguesa, cuyo presidente es Joao Freyre, su tío.

Desde muy joven sintió la llamada de la aviación y de las alturas. Contando sólo con 4 años se cayó desde la azotea de su casa de campo en las afueras de Lisboa. Ese fue su primer vuelo. Su padre, aviador a la sazón, la vio caer desde la terraza y un sentimiento de orgullo y satisfacción invadió su cuerpo mientras su hija sangraba por la cabeza en el suelo.

– Sangre de mi sangre –exclamó alborozado -, la aviación gana un nuevo Freyre.

Cuando cumple los 14 años ingresa en la Real Escuela de Aviación de Lisboa, donde es la única chica de toda la escuela. No por ello se deja intimidar y pronto se gana el aprecio y respeto de todos sus compañeros, para el regocijo del director, D. Paulo Jorge Freyre, abuelo de Carmina. Con 18 años se gradúa en la Real Escuela, siendo, obviamente, la número uno de su promoción, hecho que le otorga un trabajo como piloto adjunto de vuelos nacionales en Aerolíneas Portuguesas. Al lado de pilotos contrastados como Mario Gomes Freyre, primo de Carmina, o Paulo Jorge Freyre Jr., su padre, descubre todas las técnicas y secretos de la aviación, convirtiéndose al poco tiempo en la primera mujer piloto de Lisboa.

Con 30 años conoce a Tarek Bassan, su actual marido, en un vuelo regular Lisboa-Estambul. Tarek se introdujo en la cabina con la excusa de pedir una aspirina y, una vez dentro, amenazó a Carmina y a Sergio Freyre, su hermano, que hacía de copiloto, con volar el avión si no ponían rumbo a Bagdad. Sergio le comentó que era inútil intentar volar el avión porque ya estaba volando, por lo que se ganó un puñetazo en el ojo izquierdo. Sin perder la calma, Carmina hizo gala de una enorme sangre fría para remediar la delicada situación:

– Mire usted, no puedo llegar a Bagdad, pero si quiere le dejo en París, donde podrá tomar un enlace. ¿Qué le parece?.
– A Bagdad, señorita, déjese de bromas o estallará todo esto –le contestó en un perfecto portugués.

Viendo que no surtía efecto su intento de disuasión, Carmina adoptó una actitud arriesgada y heroica:

– Bueno, pues vuele todo esto, pero hágalo ahora que no tengo a nadie. No espere a que me enamore de usted. ¡Vuélelo ya!

La actitud de Carmina sorprendió totalmente a Tarek, al cual se le iba cayendo la bomba de las manos. Sergio contemplaba la escena desconcertado.

– Es usted preciosa, señorita. Sería capaz de dejarlo todo por usted. Acabo de ver la luz. Alá me acaba de enviar su señal.

Tarek dejó la bomba en las faldas de Sergio y besó apasionadamente a Carmina. Lo que ocurrió en esa cabina, lógicamente, nunca trascendió a la luz pública, con lo que Carmina y Tarek pudieron contraer matrimonio dos meses después. La ceremonia se celebró a bordo de un Boeing 747 y la ofició el Obispo de Lisboa, el padre Luis Freyre, tío abuelo de Carmina.


Carmina con Tarek, poco después de su boda

Al poco de casarse, Tarek le propuso a Carmina tomar prestado un helicóptero para ir a su ciudad natal, Islamabad, a recoger sus pertenencias. Así fue como, Carmina, alegando una inspección técnica en un helicóptero, recogió a Tarek y se plantaron en Pakistán.

A su regreso a Lisboa una multitud de personas la esperaban en el helipuerto, para su sorpresa. La plana mayor del ejército de aviación, autoridades nacionales, el alcalde de Lisboa, D. José Freyre (…), esperaban jubilosos a Carmina y a Tarek para celebrar su proeza. A ella la nombraron hija predilecta de Lisboa y a Tarek le hicieron conserje en la Delegación de Hacienda de la capital.

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Vidas Ejemplares (III) – Salvador Dos Aguas

 Mendigo. Nació en 1942 en Huelva de padre brasileño y falleció en 1999 en Niza. Creó la primera Escuela de Mendigos que se conoce y, tras su fallecimiento, fue encumbrado como el patrón de todos los mendigos, que han elevado una solicitud al Vaticano para que proceda a su canonización.

  

No siempre fue mendigo Salvador, como mucha gente piensa. Procedía de una familia de clase media de Huelva. A los 10 años es un niño prodigio con el arpa, pero ante la falta de escuelas de arpa en Huelva decide emigrar con 16 años a Madrid a perfeccionar sus estudios en arpa medieval. Recién llegado a la capital es asaltado por tres mendigos debajo de un puente en las afueras de Madrid.
 
            – Oigan, por favor, ¿la Escuela de Arpa Medieval “Sigfrida Shömmer”? –osó preguntar a los indigentes, totalmente desorientado.
 
El resto ya se lo imaginan ustedes. En definitiva, se vió solo, sin dinero, sin más ropa que la puesta y sin ningún contacto a quien acudir. Ni corto ni perezoso, alcanzó a los tres mendigos, que se estaban comiendo los filetes empanados que su madre tan primorosamente le había cocinado. Tras pegarle una paliza, le adoptaron como uno más y así comenzó su inusitada andadura por los senderos de la pobreza.
 

La única imagen que se conserva del pequeño Dos Aguas
 
Cuando sólo llevaba 21 años mendigando, se dio cuenta de que no conseguía abrirse un hueco en la sociedad, y decidió fundar la Unión General de Mendigos (U.G.M.), desde la cual lanzó proclamas a favor de la liberalización del sector, y tal y cual, sin tener ni idea de lo que estaba diciendo. Siete años más tarde contaba con cuatro afiliados: los tres que le pegaron la paliza y un sordo al que robaron dos años después.
 
Es así como llegamos al año 1986, año en el que hereda 640 millones de pesetas de un abuelo materno cuya existencia él desconocía. Desconocía cuándo iba a acabar su existencia, quiero decir. De su patrimonio y sus finanzas estaba muy al tanto, y no veía el momento de su muerte. El reencuentro con su familia en el entierro fue emotivo, aunque propició una agria disputa con sus tres primos, que se negaban en principio a tener que repartir la herencia con alguien que llevaba tanto tiempo desaparecido y que además parecía el Conde de Montecristo. Y todo esto mientras cargaban con el féretro de su abuelo sobre sus hombros, provocando una desagradable situación en el funeral.
 
Finalmente consiguió su parte legal de la herencia, unos 640 millones libres de impuestos. Con parte de ese dinero fundó la Royal Dos Aguas School para mendigos, en Niza, donde se estableció. Con la otra parte, se estableció. Mendigos de toda Europa han pasado por sus aulas en busca de perfeccionar la técnica y de adaptarse a los nuevos tiempos en su profesión. Los dos primeros años de funcionamiento de la escuela se encargó él mismo de impartir algunas de sus asignaturas; pero cuando contó con una sólida plantilla de educadores, se dedicó a lo que siempre había deseado desde niño, a tocar el arpa
 

Una de las últimas imágenes de Salvador, en Niza
 
Salvador volvió a Madrid 34 años después para encontrar la escuela Sigfrida Schommer. Contrató en exclusiva al profesor de arpa medieval, el israelí David Berkovitz, y se lo llevó a Niza donde se convirtió en profesor y amante de Salvador, destapando tardíamente una orientación sexual que ni él mismo conocía.
 
Fue David quien encontró, en la primavera de 1999, a Salvador tirado en el suelo bajo su enorme arpa víctima de un infarto. Nada se pudo hacer por salvar su vida, ni su arpa.
 
Cumpliendo su última voluntad, sus cenizas fueron arrojadas al mediterráneo una soleada mañana de mayo, en una ceremonia que se convirtió en una romería de mendigos que acudieron a dar su último adiós a la persona que tanto luchó por sus derechos.

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Vidas ejemplares (II) – Onofre Piacentini

            Teólogo. Fallecido en 1976. Dedicó 32 años de su vida al estudio de la figura del primo hermano de San José, y llegó a la conclusión de que Jesucristo tenía un hermano mayor, llamado Sebas. En 1952, cuando contaba con 43 años, fue excomulgado por el Pontífice Pío XII, quien acudió personalmente a su casa para comunicarle la suma decisión: 

– Hermano Onofre, el cónclave ha decidido excomulgarte y suspenderte de empleo y sueldo de por vida; aunque he intercedido en tu favor a condición de que retires tus absurdas ideas en el próximo Concilio de Puertollano – Onofre jugaba con un crucifijo de nácar entre sus dedos, mientras Pío XII apuraba el té con limón.
– Su Santidad, le agradezco de todos modos su preocupación en llevar por buen cauce la fe divina; pero he dedicado muchos años de mi vida a rebatir la Historia, y sé que estoy en lo cierto. Está escrito, padre Pío, que Jesucristo tenía un hermano.
            – ¡¡Pero no se llamaba Sebas!! Tienes que retractarte, Onofre, o no podré hacer nada por salvar tu alma de la pira infernal – Pío se había levantado de su silla y le miraba con semblante grave.
            – Le agradezco de nuevo su esfuerzo, Santidad, pero algún día se demostrará el grave error que cometéis, tanto usted como la Iglesia. Sabéis que Sebas se merece su hueco en la Historia – había soltado el crucifijo junto al Misal que le regaló su mujer.
            – Estáis obcecados con absurdas teorías, y me duele, porque sois una de las mentes más lúcidas de la Iglesia, pero habéis llegado demasiado lejos. Rece, Onofre, pídale a Dios que le lleve por el buen camino – su Santidad bajaba las escaleras.
            – Récele usted a Dios, santidad, que yo le rezaré a Sebas. Él me salvará, ja, ja , ja – Onofre reía desaforado apoyado en la baranda que rodeaba la escalera de su casa, mientras el Papa movía la cabeza en gesto de desaprobación.
            La excomunión se llevó a efecto y, en 1952, Onofre dejó de pertenecer oficialmente a la Iglesia Católica. Agraviado por este hecho, montó una discoteca en Roma, a escasos metros del Vaticano, llamada Seba’s – cuya inauguración corrió a cargo de Fellini -, que se convirtió en un club de élite en los años 50 y 60, frecuentado por altas personalidades de la vida social romana. Incluso el Papa fue fotografiado en la pista de baile a ritmo de Chubby Checker, en una instantánea que dio la vuelta al mundo.


El joven Onofre Piacentini, recién licenciado, de mirada inquieta

            Participó en La Strada, dio conferencias por el país y escribió varios libros, que no hicieron sino acrecentar la ira de la Iglesia contra su persona. Sin lugar a dudas el escrito más perseguido por el catolicismo fue Papá, han matado a mi hermano, que desencadenó tales críticas entre los sectores más conservadores de la vida social romana que Onofre hubo de salir del país.

            En 1968, tras refugiarse en Ibiza con identidad falsa, inició su carrera como crooner en los clubs turísticos de la ciudad, bajo el nombre de Lino Varese. Llegó incluso a publicar un álbum titulado "Sebas se va", que despertó los recelos del Papa reinante en aquella época, Pablo VI, quien envió una delegación a la isla para averiguar la identidad del tal Lino Varese.
         Semanas después de ser descubierto por los enviados del Papa, en febrero de 1976, Onofre Piacentini perdía la vida en las carreteras de la isla, al despeñarse con un Seat 850 tuneado (en los 70 también había tunning) por un acantilado. Las extrañas circunstancias que rodearon su muerte – Onofre no sabía conducir ni tenía coche – nunca fueron aclaradas totalmente por las autoridades.

 

La noche de Los Jerónimos

La ceniza del cigarrillo caía periódicamente sobre el arriate que bordeaba la terraza de mi habitación del Aparta Hotel Los Jerónimos. Su ubicación, cercano al Museo del Prado y colindante a la Iglesia de Los Jerónimos, sumada a la tranquilidad del entorno, convertía el lugar en el sitio idóneo para la “operación” que estaba a punto de realizar. Desde mi posición pude ver cómo se acercaba arrastrando los pies el hombre que supuse sería mi contacto: Damián, un antiguo profesor de Arte, hoy reconvertido en marchante y comprador de obras al servicio de un misterioso personaje. Acaudalado, por supuesto. Uno de los fantasmas de las subastas, imaginé.

El timbre sonó a la hora acordada. Apagué el televisor (no daría muy buena imagen a mi interlocutor si hubiese dejado conectado el programa que estaba viendo, presa del aburrimiento) y abrí la puerta con cierta ansiedad. Frente a mí, embutido en un abrigo gris demasiado largo (casi le tapaba los zapatos), se encontraba él. Nada más verme y, mientras le tendía mi mano y le invitaba a entrar, su gesto fue adquiriendo primero un aire de seriedad, y luego de cierto estupor. Al principio pensé que le recordaba a alguien y de ahí su sorpresa. Y al final descubrí que realmente era así.

– Supongo que ha traído la cantidad acordada – sus ojos pequeños y redondos no dejaban de mirarme mientras tomaba asiento -, y en efectivo.

En este punto he de contaros el motivo de mi encuentro con Damián. Mi papel en el asunto era hacer de simple correo entre mi jefe y Damián, porque, aunque entendía de Arte, mi conocimiento quedaba fuera del radio de acción de la transacción encomendada. Estaba a punto de adquirir la única obra de Filipo Bertematti, “Autorretrato”, fechada en 1449. Bertematti fue un oscuro pintor renacentista, muy amigo de Pisanello, marcado por el hierro de la Inquisición. Se rumoreaba que sus pinturas invocaban al diablo y fue citado a declarar varias veces ante el Santo Oficio. Cuando se hizo pública su culpabilidad y estaba a punto de ser apresado en su casa-taller de Verona, Filipo prendió fuego a todas sus obras y se arrojó por la ventana, portando con él únicamente el lienzo que me disponía a adquirir, su autorretrato.

– Estoy impaciente por verlo -le dije mientras le acercaba el bolsito con el dinero acordado y le daba un trago a la copa de vodka.

Tras revisar el bolso, Damián abrió la maleta rectangular de la que no se había separado en todo momento, sacó el lienzo y me lo entregó sin mirarme a los ojos. Iba enfundado en una especie de marco de cartón duro.

He de confesar que me estremeció la primera visión de la pintura. “Autorretrato”. El rostro que Filipo había trazado quinientos años antes era sorprendentemente parecido al mío. SU propio rostro era casi idéntico al mío. Podía diferenciarnos su pelo, más largo y cobrizo, y su mentón, mucho más poblado que el mío. Pero no el conjunto de facciones, la expresión, la mirada semidistante…

– Supongo que notó el gran parecid…. – me volví hacia Damián para expresarle mi estupor, pero no estaba. La puerta de la habitación estaba abierta. Damían se había ido.

Me dejé caer en el sofá, con la distancia medida para llegar a la copa con la mano, y con la mirada fija en el lienzo, en los ojos del pintor, en mis ojos. Allí permanecí no sé cuánto tiempo, no sé cuantos vodkas, mirándome a mí mismo, hasta que decidí no darle más vueltas y achacarlo todo a una asombrosa coincidencia. ¿Qué iba a ser si no?

Pronto el sueño me envolvió y me llevó a sus dominios. Me transportó al siglo XV, y me vi de repente en medio de la Piazza delle Erbe de Verona, sudoroso, huyendo de la multitud que me empujaba y golpeaba. Pude llegar a mi casa que, lógicamente, no era mi casa, era SU casa, llena de lienzos y pinturas demoníacas, que me hablaban. Me vi impregnándolas de disolvente, riendo como un orate, prendiéndoles fuego, salvo mi autorretrato, el cual guardé bajo mi jubón. El ambiente comenzaba a ser sofocante, y me asomé a la ventana, desde donde podía ver a la multitud expectante, aguardando mi trágico final. De repente comencé a oír sirenas, a la vez que se iba nublando la vista. Del sueño había pasado a la realidad, y me encontré de pie, intentando abrir la ventana de mi habitación, asfixiado por el humo. Toda la estancia estaba ardiendo y yo intentaba abrir la ventana, mi única salida. Pude ver, igual que en mi sueño, a un grupo de personas agolpadas frente al apartahotel, señalando hacia donde yo me encontraba. Por fin pude abrirla y sacar la cabeza fuera, el tiempo justo para poder ver cómo se acercaba la grúa del camión de bomberos, y a un tipo con un abrigo gris hasta los pies que se alejaba apresuradamente sin mirar atrás. Luego me desmayé.

Continuará… O no.

Extraído de “Ningún Sitio”, una colección de palabras nunca realizada

(Coñazo de blog, ¿eh?)

Francisco e Inés

Como cada tarde durante los últimos ocho años, Francisco apagó el fogón sobre el cual se quejaba, cansada, la vieja cafetera plateada. Todas las mañanas la limpiaba para que no perdiera en lo posible su brillo. Claro que después de tanto tiempo trabajando a pleno rendimiento, había cosas que nada podía disimular. Como en él. Como en ella, Inés. Estaban a punto de dar las seis en el reloj de la cocina, y las cinco en el del salón. Siempre una hora menos. Una manía. Heredada también.

Depositó la bandeja con las dos tazas de café y un platito con galletas, Cuétara siempre, sobre la mesa camuflada bajo un paño blanco de croché. Inés levantó la cabeza desde su butaca y dibujó una leve sonrisa de agradecimiento.

Como cada tarde durante los últimos ocho años, Francisco podría hablar con la que era su esposa, su vida, desde hacía una vida. Por alguna extraña razón aún no revelada en ningún estudio médico, las garras de la enfermedad que había diluído la memoria de Inés se aflojaban durante aproximadamente cuarenta minutos. Ese tiempo era todo un día en la vida de él, era SU día, sus veinticuatro horas. Para ella eran solamente cuarenta minutos de un día, en el cual tomaba café y veía la televisión o hablaba con él.

Francisco aprovechaba cada segundo de ese espacio de tiempo de lucidez concedido por un caprichoso destino, al cual se encomendaba, para decirle cuánto la quería y lo feliz que era a su lado. Le contaba lo que había hecho durante el día (más bien se lo inventaba, porque sus días y noches eran monótonas, previsibles) y le ponía al día sobre los asuntos de la familia. Especialmente de sus nietos, a los que ella adoraba antes de marcharse.

Como cada tarde durante los últimos ocho años, Francisco maldecía el minutero y maldecía la vida cuando, agotados los minutos de gracia, ella perdía su mirada en los dibujos de croché del paño y dejaba caer la taza sobre la bandeja, volviendo a su mundo en blanco, como el paño.

Como cada tarde durante los últimos ocho años, Francisco recogió las tazas y las depositó en el fregadero, junto a la cafetera, que respiraba aliviada. Las lavó sin detergente y las colocó en el mueble. Desde donde estaba podía volver la cabeza y ver a Inés viviendo en su butaca.

Como cada tarde durante los últimos ocho años, Francisco lloró.

Extraído de “Ningún Sitio”, una colección de palabras nunca realizada

El mago y el egoísta

Localicé al mago por fin, en la entrada del parque, sentado en un banco junto al estanque donde sobrevivían una decena de patos deprimidos. La verdad es que no era lo que uno puede esperar de un mago. No tenía aureola, ni barba, ni magnetismo, ni presencia, ni siquiera mirada. Pero, no sé por qué, yo supe que era EL, y EL sabía que yo le iba a encontrar. Me senté a su lado mirando al frente, ignorando su presencia, como en las películas. Podría decir que lanzaba migas de pan a las palomas, pero eso ya se sabe.

– Y ahora que me ha encontrado, ¿qué? – me habló sin mirarme. Como en las películas.
– Quiero su poción contra el egoísmo. La quiero para mí – le miré por primera vez, pero él seguía sin mirarme.
– ¿Quién le ha contado semejante idiotez? – se volvió hacia mí, revelando unos ojos celestes casi transparentes, bajo el paraguas de dos cejas blancas, pobladas y despeinadas.
– Sé que lo hizo hace tiempo. Hace años “sanó” a una persona que sólo pensaba en sí mismo, y arruinó muchas vidas, la suya entre ellas.

La historia había llegado a mis oídos a través de mi hermana pequeña, que hoy ya no lo es. Un antiguo novio acudió al mago, angustiado, acorralado por su egoísmo, cuando se vio solo en el mundo que se había construido.

– Me temo que YO no puedo hacer nada por usted – se levantó con dificultad y tomó la dirección de salida, dejando un papel arrugado en el banco. Un perro enano le siguió indolente.

Mago en el parque

Recogí el papel del banco. En el encabezado rezaba esta indicación: “Aquí está mi consejo. Mírese a sí mismo y lo comprenderá”. Pero el resto era indescifrable. No parecía ningún idioma conocido. Era una sucesión de letras, sílabas, palabras sin forma, pero que debían cobrar sentido de alguna forma. Pero, ¿cómo?.

Toda la tarde estuve dándole vueltas al papel. En el sentido teórico y en el sentido literal. Intenté leerlo boca abajo, de derecha a izquierda, mezclando sílabas, pero todos mis esfuerzos fueron en vano. “Mírese a sí mismo y lo entenderá”. De repente lo vi. Tenía que leerlo mirándome a mí mismo, viéndome, A MI!. Me dirigí al estanque, como Narciso, para verme reflejado en el agua y enfrentarle el papel. Pero era verde, como todos los estanques. De ahí la depresión de los patos, deduje.

Corriendo, abandoné el parque en dirección a casa. Debía leerlo allí, frente a un espejo. Me lo había dado el mago, tenía que ser así, no cabía otra explicación. Pude pararme en los servicios de la estación de metro a leerlo, pero vencí la tentación y esperé a llegar a casa y leer el consejo del mago donde debía hacerlo. En mi dormitorio, frente al espejo.

Allí me situé, tembloroso, mirándome, esa cara que tantas veces había visto y que ahora casi ni conocía, y levanté el papel del mago y lo coloqué bajo mis ojos, frente al espejo. Pude leer:

“EL EGOÍSTA CARECE DE MEMORIA. SAL DE TU MUNDO Y DEJA LA PUERTA ABIERTA”

Extraído de “Ningún Sitio”, mi colección de palabras nunca realizada