Premios Pop Eye 2011 – Cáceres en el corazón

Desde el fondo de los camerinos se escucha un fino lamento musical. “Pero amanece y me apetece estar juntos los dos”. Es “Al calor del amor en un bar”, que está siendo casi transformada en fado, en la voz de Mariana Lima, que la ensaya nerviosa antes de salir al escenario, leyéndose la letra en la palma de la mano. El homenaje a Jaime Urrutia comienza pasadas las 20:30 con la actuación de los portugueses The Soaked Lamb, finos orfebres del blues, del swing y del jazz.

The Soaked Lamb - caceres Pop Eye 2011

Pero antes de todo eso hemos pasado el día en una Cáceres efervescente, llena de gente, de piedras, de bares, de actos. No en vano, la 8ª edición de los Premios Pop Eye coinciden con los actos del XXV aniversario de la declaración de Patrimonio Cultural de Cáceres (o algo así), y la ciudad no descansa. Después de ver la impecable prueba de sonido de The Pepper Pots en el Gran Teatro, coqueto recinto, nos fuimos al centro del casco histórico – salpicado de puestecillos, de bufones, de tiovivos ingeniosos, de actuaciones callejeras – para ver la rueda de prensa del festival unos, y para comer de gorra otros :D. Allí, en el Racó de Sanguino, se congregaron buena parte de los premiados frente a periodistas y curiosos que, entre pincho de tortilla y cuña de queso, husmeábamos lo que por allí se cocía. Con los mimbres que rodeaban la mesa (Ordovás, el Hortelano, Urrutia, P. Pérez Mínguez…), el cesto montado volvió a ser la movida madrileña, así que me quedé con un par de frases, de las cuales ya no me acuerdo, y me fui a la pérgola  a comer arroz con costillas con Jeanette y Micky. Parecíamos amigos de toda la vida. Cucharón y paso atrás.

Caceres Pop Eye 2011

Casi sin darnos cuenta llegó la hora de probar sonido, así que nos fuimos al Gran Teatro donde me esperaba mi Orange del año pasado y mi técnico de sonido del año pasado, el gran Jorge. Pero los protagonistas de nuestra actuación, los hermanos Gil, de Brighton 64, llegaban tarde por problemas con el vuelo, así que la cosa iba adquiriendo tintes dramáticos. De los 40 minutos de prueba, que eran nuestro asidero vital para poder plantarnos a las 12 de la noche en el escenario con ciertas garantías para interpretar “La casa de la bomba”, ya nos quedaban apenas 10 cuando se presentaron con total tranquilidad y distensión Albert y Ricky. “Bueno, ¿qué?, vamos a probar, ¿no?”. No sé si me alegró más el ver su tranquilidad o el comprobar que hay gente que toca con pedales más hechos polvo que los míos (un abrazo, Albert!!). Total, que en diez minutos nos ventilamos un par de veces el clásico de 1986, cuadramos los cortes, las entradas y las salidas y a beber cerveza. Que para eso somos estrellas del rock, coño.

caceres Pop Eye 2011

A las 20:00, la entrada del Gran Teatro era el foco de atención mundial. La gente agolpada a ambos lados de la calle San Antón esperaba ver pasar al famoseo. Y por allí en medio pasé yo con mi guitarra, solemne. “Eh, tú, por la otra puerta”, me dijo el portero. Espero que no se enterara nadie. 😮 Llegué en ese momento a la conclusión de que el photocall de la entrada no había sido montado para mí. Pero bueno, en la adversidad me hago fuerte, y nada más llegar a los camerinos me dediqué a ahogar mi pena en cervezas y canapés. Y de nuevo Jeanette a mi lado, con el secador. Entrañable.

La gala discurrió impecable, conducida por Sinflow, con momentos impagables, y fue una exaltación de la cultura, de la música, de la literatura, de la pintura, y de la amistad también, por qué no. No voy a contar la gala entera, porque yo he venido a hablar de mi libro, pero en este punto hay que agradecer a  JP, que lleva un cacho de Jerez en el corazón, todo el esfuerzo empeado para situar a los Premios Pop Eye en el nivel que pudimos disfrutar este fin de semana, y por hermanar años tras año a portugueses y españoles, cercanos geográficamente pero  desconocidos musicalmente.

A lo largo de unas tres horas, pasaron por allí, física o virtualmente, Second, Hola a todo el mundo, Los Coronas y Arizona Baby, El Columpio Asesino, Jesús Ordovás, El Hortelano, Carlos del Amor, The Pepper Pots… Cuando subieron los hermanos Gil a recoger su (merecido) premio a toda una trayectoria, ya estábamos nosotros detrás del telón. Dani, Jose, Nacho y yo, The Refoundations (salvo Ingrid) ante uno de nuestros retos más bonitos, expectantes, oyendo a Ricky dirigirse al respetable con todo el arte: “Nuestra intención era enviar un video agradeciendo el premio, pero como no sabía cómo funcionaba la cámara, hemos tenido que venir hasta aquí”. Los aplausos del público hicieron de fuelle para que se subiera el telón, y comenzara nuestra actuación, cegados bajo la luz de los focos y la sensación de sentirse importante. A los cinco minutos la adrenalina se había transformado en satisfacción, y lo que quedaba era ver la entrega del premio estelar de la noche, a la carrera de Jaime Urrutia quien, fiel a los cuellos de su chaqueta, agradeció la distinción utilizando un texto de “La fuerza de la costumbre”, y se marcó un “Cuatro Rosas” stoniano con los portugueses The Poppers. Al final, foto de familia y se bajó el telón.

Caceres Pop Eye 2011

Busca a Wally

El año que viene repetiré. Es más, repetiré hasta que el portero de la puerta principal me haga una reverencia cuando me vea entrar.

The Bellrays en Sevilla

Rock and roll es, por ejemplo, convertir un lunes en un sábado (y más mérito tiene eso en Sevilla que en Madrid por ejemplo). Es decir “One two three four”, o ¿qué pasa?, que no se pierdan las buenas costumbres. Es comentar con tus colegas “joder, pues la voz no suena todo lo fuerte que debería, está descompensada con el bajo”, y que te dé igual justo al acabar la frase. Es mostrar los cuernos al público (con moderación, claro: a una media de 5 cuernos/hora todo va sobre ruedas. Entre 10 y 20 cuernos/hora ya se cae en el o’funkillismo. Y más de 50 cuernos/hora está reservado al Viñarock y semejantes).También es meter la palabra “Voodoo” en alguna canción. Y si esa canción suena tan potente como “Voodoo Train” date por satisfecho. Es saber que tienen cabida The Stooges, Berry Gordy, MC5Curtis Mayfield en un mismo set. Es bajarse del escenario y mezclarse a sudar con el público (y si el público está sudado es una estupenda señal).

Pues eso es, en resumidas cuentas, la ración que nos dieron The Bellrays, pelambrera en ristre, en Sevilla. Un lunes, repito. Agitaron la decaída escena rockera sevillana (más o menos como nos tildó, y con razón, Fernando Pardo con Sex Museum en la misma sala hace un par de años) (aunque a decir verdad, había algún fichaje de otras provincias, incluso algún planetario célebre), que respondió a la llamada y se portó como la banda, de menos a más (para poner en funcionamiento la maquinaria de Lisa supogo que hace falta un buen calentamiento), de tibio soul-rock moviendo la cabeza a un “Highway To Hell” cercano al pogo.

Acabó el concierto, acabaron los bises, se apagaron los amplificadores y de repente se hizo lunes, y la sala se quedó despejada en cuestión de minutos. El rock and roll es mágico, pero no te paga la nómina. Al menos a mí.

Elvis, el Rey, está vivo (Elvis Costello en La Rábida)

Y lo demostró el viernes en el Foro Iberoamericano de La Rábida, en Palos de la Frontera.

 

En su enésima encarnación, Elvis Costello se plantó en el escenario del Foro – ante unas 700-1500 personas (y Raphael con las entradas agotadas desde hace semanas) y 2.200 mosquitos -, acompañado de los Sugarcanes, una banda de seis músicos, sin batería: guitarra, contrabajo, acordeón, dobro (el alma instrumental de la banda), mandolina y violín. Obviamente, con este envoltorio, Elvis no venía a España a flirtear con el jazz, ni con el soul, ni con la música de cámara. En esta ocasión venía como "englishman in America", a homenajear la música de raíz norteamericana.

 

Era la tercer vez que me encontraba con Elvis, y esta vez tampoco pasaba por mi cabeza poder disfrutar del repertorio "Attractions". La primera, porque iba con el Brodsky Quartet; la segunda porque iba de "acompañante" de Allan Toussaint, revistiendo el setlist de soul pantanoso (aún así cayeron algunos clásicos). Y en esta ocasión no me esperaba más que una o dos recreaciones de cara a la galería de algún tema clásico de sus inicios, disimuladas en medio de un repertorio más bien folk y country.

 

Pero la cosa fue bien distinta. Elvis levantó de sus asientos a la audiencia y nos tuvo dos horas a base de temazos, de saber estar en un escenario, de saber cómo se escribe a mano el rock and roll, de conjugar un repertorio soberbio, al alcance de pocos hoy día.

 

Costello en La Rabida

Tocado con un sombrero blanco, que quedaría ridículo en cualquier otro músico del Planeta  – salvo en Bob Dylan quizá -, comenzó a jalear a la audiencia poco antes de las 23:00 con "Mistery Train", para luego tirar de repertorio propio (de eso entiende un rato, podría dar tres conciertos seguidos) y de versiones (Johnny Cash, Grateful Dead, Stones, George Jones, Beatles…), hasta rellenar dos horas exactas (ya no está acostumbrado uno a eso).

 

Sintiéndose cada vez más a gusto sobre el escenario, muy charlatán (nota mental: aprender inglés)  y bromista (a diferencia del concierto con Toussaint, hierático y un poco rancio), nos regaló dos bises  a una parroquia entregada, a los que ya había ganado con "Red Shoes", "New Amsterdam", "Blame It On Cain", la electrificada e hipnótica "The Delivery Man", o una de las mejores canciones de desamor que se han escrito, "Alison" (después de "Hang Down Your Head" a manos de Tom Waits en Barcelona, el momento en directo más emocionante en mi carrera como espectador) . Mejor dicho, "Alison" + "The Wind Cries Mary". Otro guiño más del maestro.

 

La traca final no tuvo desperdicio: "She", "I want you", "Everyday I Write The Book", "(What’s son funny about) Peace, Love and Understanding" (si ALGUIEN no conoce estas canciones debería hacerse con ellas YA  y escucharlas), para acabar rindiendo tributo a Keith Richards y su "Happy", y ponerse en modo 2.0 para pedir la colaboración del público en la última de la noche, "Sulphur to Sugarcane". Para entonces, los mosquitos ni se atrevían a picar a los humanos, en un gesto de respeto a la obra maestra de uno de ellos.

 

Aún así, se pone uno a pensar en lo que se dejó en el tintero y es para echarse a temblar: "Oliver’s Army", "God Give Me Strength", "Shipbuilding", "From a whisper to a scream",  "No action", "The other side of summer", "Accidents Will Happen", "Chelsea"….

 

PD: Saliendo junto al rebaño de espectadores, uno que iba detrás mía, que no habría visto a Costello en su vida (no digo ya en directo, sino en foto aunque sea) iba diciendo: "Es clavadito a Jamie Urrutia, pero con gafas". Alain Afflelou. Chin chin.

 

PD2: Mira  que no me gusta hacer crónicas basándome en el repertorio, pero es que…

Stacey Earle & Mark Stuart – Con la honestidad por bandera

La verdad es que no tenía pensado escribir sobre el concierto de Stacey Earle, la hermanísima, y Mark Stuart, pero parece que, después de lo de ayer, es como si estuviera en deuda con esta pareja, como si escribiendo esto les compensara un poco por el mal sabor de boca que nos dejó la presencia de sólo 32 personas en la Sala Obbio, en una ciudad con más de 700.000 personas, muchas de ellas rocieras.

Subieron humildes al escenario desnudo, cogieron sus guitarras y empezaron a hacernos olvidar que era miércoles, que había sido un día feo y lluvioso, que había que trabajar al día siguiente, y que me queda una tira de años para pagar la hipoteca.

Ella se calzó su sonrisa de gala, y él convirtió el silencio en armonía, mirando hacia ninguna parte. Cuales Gram Parsons y Emmylou Harris, o James Taylor y Carole King, recorrieron de la mano el folclore americano, con la seguridad de que no hay nada que hagan mejor en la vida. Somos de Tennessee, coño. Frágil ella, rudo en apariencia él, tocaron como si no cupiera ni un alma en la sala, pasaron del country al pop, del ragtime al folk, sin alardear de su maestría (sobre todo él a la guitarra, un decorador de exteriores impresionante).

Al final saltaron del escenario a mezclarse entre nosotros para interpretar una de las últimas, haciendo que la emoción se solidificase. Yo veía pasar a Stacey al lado mía con su cara de no haber roto un plato y no sabía si aplaudirla o prepararle un cola cao. Y como 30 personas emocionadas tocan las palmas muy fuerte, tuvieron que volver de nuevo después de finalizar para hacer un bis y versionar de paso “You ain’t goin’ nowhere”, de Dylan/The Byrds.

Luego departimos un poco con el matrimonio , le regalé mi púa a él (a ver si se le pega algo, jojojo) (mejor que no) y le compramos un CD a ella y nos fuimos a romper placas de gomaespuma.

Territorios 2009

¿Pero es que nadie va a hacer una mala crítica a Wilco? Pues no, oye. Se podrá discutir el volumen de su concierto en Sevilla, la cortedad de su repertorio, el no dignarse a hacer un bis o que Jeff Tweedy saliera sin sombrero, por decir algo (mi crítica preferida era el color de los pantalones de Neils, pero esta vez iba comedido). Benditas críticas.

 

Porque, ¿quién va a discutir la ejecución del repertorio, o el dominio del tiempo, o la calidad de la banda? Si hubiera que poner un pero, yo diría que las canciones de su último disco se ven menos trabajadas que las anteriores, que son ya clásicos populares del siglo XXI. Aparte, para mí, "Wilco", el disco de 2009, se hace fuerte a partir de la cuarta canción, "Black Bull Nova", que ejecutaron fielmente. Sin embargo, ni "Wilco (the song)", con la que abrieron el concierto a un volumen de walkman, ni "One Wing", que también cayó, me dicen gran cosa. Sin embargo el estribillo harrisoniano de "You never knew" sí que promete ir consolidándose entre los himnos que componen el setlist.

 

Por lo demás, señalar el éxtasis colectivo guitarrero de "Impossible Germany" (pero si ese tema es una balada al principio!!), la infalible "A shot in the arm" o la sublime "Jesus, Etc" (cuanto más al norte nos vayamos, más proporción de público se conoce la letra. En Sevilla vamos de culo, hermanos). Todo eso colofoneado (me la invento, ¿vale?) por "Spiders". Así cualquiera.

 

 

Tocar después de Wilco no es tarea fácil. Pero si se tiene un repertorio como el de The Jayhawks, la tarea es más llevadera. Si lideran tu banda las voces de Gary Louris y Mark Olson (una de las mejores duplas vocales de la actualidad), la misión no es insalvable. Lástima que para la mayoría del público parecía que sí lo era y,entre los que se fueron a su casa (tiene un pase) y los que se fueron a ver a Lori Meyers (…), The Jayhawks tocaron, injustamente, con la tercera parte de público que sus "pupilos". El Territorios es así.

 

Fuese como fuese, nos ofrecieron lo mejor de la etapa Olson&Louris (ay, mi "Smile", ¿nunca más lo oiré en directo?). Se ve que leen carleso.com, porque a las primeras de cambio me ofrecieron "I’d run away" y, vertebrándolo todo en torno a "Tomorrow the green grass", que no es moco de pavo country, se despidieron, cómo no, con "Blue" y "Bad Time" (los Grand Funk deberían regalársela ya).

 

Tom Waits en Barcelona

[Camerinos del Auditorium de Forum, Lunes 14 de julio de 2008, 22:00]

– Sr. Waits…ejem…el público empieza a silbar…se está impacientando…llevamos media hora de retraso

– ¿Media hora? ¿Qué es eso después de 35 años esperándome? ¿Qué es eso frente a las 12 horas que esperaba yo en la puerta del Troubadour para que me dejaran cantar sólo 20 minutos? ¿Sabe lo que significa acaso mi apellido? – Tom se vuelve y sigue dándole con un hueso de carnero a una tubería.

[Cinco minutos más tarde]

Tom Waits (aquí pega decir, pero no lo diré, el de Pomona), vestido de negro entero, tocado con un sombrero (ninguna sorpresa, vaya), y su compañía circense aparecen bajo la imaginaria carpa y el auditorio se viene abajo en medio de aplausos sin contención. Lo que durante años había sido una quimera para todos los allí presentes, estaba a punto de materializarse.

Siendo fiel a la coherencia que le ha caracterizado, Tom Waits sabía a lo que se enfrentaba. A miles de personas que querían ver, en dos horas, sus treinta y pico años de carrera. Es lo que tiene no haber venido nunca a España. Tom era consciente de ello, y del precio que todos habíamos pagado por verle. Y también era consciente del estatus que ha adquirido, casi de  intocable. Algo que sabe y utiliza a su antojo. Así, montó su circo en un escenario que a mí me gustó mucho y, como maestro de ceremonias del espectáculo, nos entregó al Tom Waits primitivo  y aullante (el que Kathleen Brennan contribuyó a crear, o creó, directamente) ("Rain dogs", "Make it rain" esparciendo confetti dorado, "Metropolitan glide"), transformó la carpa de circo en un cabaret berlinés ("Jockey Full Of Bourbon", "Lie to me"), cogió la guitarra en varias canciones ("Day after tomorrow" para acabar, por ejemplo), nos llevó al Motel Tropicana y recuperó al Tom Waits del humo y el alcohol y se sentó al piano, sin humo ni alcohol (ni la voz de hace 30 años), solo, para hacer el paréntesis más folk del concierto, rematado con la increíble "Innocent when you dream", cantada a dúo con el público, totalmente entregado (aunque hubiese sido más idóneo haber hecho eso en una taberna irlandesa, no en un teatro). Totalmente entregado desde el minuto 1 de partido. A un gesto de Waits, todos tocaban/tocábamos las palmas, a otro gesto, todos callados. Solícitos. Si Tom Waits hubiese pedido un café le hubieran llovido 3000 tazas al instante. Me regaló una de sus mejores canciones para mí, "Hang down your head", y una lágrima furtiva se me escapó y cayó al suelo, convirtiéndose en confetti. Yo, que no lloraba desde que el Caramuerto me suspendió Trabajos Manuales en 6º de EGB (hoy día soy todo un experto en trabajos manuales, jojojo….bueno, no nos desviemos del tema). En el apartado de hardware, resaltar que también tocó una especie de yunque con un martillo que se accionaba con el pie (qué menos!), y que sacó las maracas al más puro estilo hechicero-yanomami-screaminjayhawkings en la salsero-vaudevilesca "Hoist That Rag", el delirio.

A medida que avanzaba el concierto-momento-histórico, el contador mental que lleva el estado de la amortización de la entrada llegó a cero, y empezó a sumar en positivo (¡¡eso es optimismo. El martillo de Waits había destrozado al fantasma del Euribor¡¡). Para mí llegó a cero con la canción anterior, y aún quedaba mucho concierto. Quedaba extasiarse con la destreza del guitarrista Omar Torrez (mira que era difícil no echar de menos a Marc Ribot….pero lo consiguió. Es que el puesto de trabajo guitarrista-de-Tom-Waits es uno de los mejores del mundo, junto con el que dispara el revólver en la salida de los 100 metros lisos o el que le pone nombre a los huracanes), sonreir ante la humanidad de un Tom Waits locuaz y jocoso (solamente cuando se sentó al piano, tampoco echemos las campanas al vuelo) (nuevos propósitos: aprender inglés para que no sólo se ría mi vecina en un concierto de Tom Waits), mirar a tu lado y ver cómo la gente se echaba las manos a la cabeza ("no puede ser esto que está pasando") y las parejas allí presentes se amaban más.

Por cierto, que no sólo Dylan retuerce sus creaciones. También Tom Waits se sube al carro de "estoy hasta los huevos de estribillo y ahora lo canto como me da la gana" (léase "Jockey…" o "Come On Up To The House"…por ejemplo).

De todos modos no le perdonaré que no me tocara "Time", ni "In the neighborhood" (¿canción candidata para mi funeral?), ni "Martha", ni "Telephone call from Istanmbul" ni "Old’ 55", ni…. Tampoco le perdonaré que no sacara el altavoz o que no subiera hasta la fila 3 del anfiteatro a darme la mano.

Pero, aún así, creo que volveremos a vernos.

Bob Dylan en Jerez

 Dylan vino al sitio donde yo nací, a tocarme (bastante fielmente) "Like a rolling stone", la mejor, o una de las tres mejores canciones de la historia.

Ya dijo Lou Reed que las estrellas de rock no se visten según el tiempo que haga. Aunque tampoco nadie esperaba ver a Dylan en bermudas, lógicamente. Bob se presentó a las 21: 35 en el fondo norte del Estadio Chapín (desde donde presencié el último ascenso de 2ªB a 2ª del Xerez) con un sombrero de anchísima ala gris, una chaqueta bastante intrascendente (por ser generoso), y un pantalón de chándal (vale, que no sería de chandal, pero esas rayas rojas a los lados le daban todo el aspecto). Con paso titubeante se aferró al teclado, miró a sus uniformados compinches y dió comienzo el recital interpretando con muy mal sonido "Leopard Skin Pill-Box Hat" (hay que ver que lo que uno lee en internet lo va divulgando por ahí sin ninguna documentación).

Uno espera ver a la mayor leyenda viva del Pop en un sitio abarrotado, desde lejos, en pantallas de video, bajo un montaje luminotécnico de impresión. Pero no, arrinconados en el fondo Norte, con la compañía de 5.999 criaturas más (la entrada media de un…por ejemplo…Xerez CD – Polideportivo Ejido…), a escasos metros del mito disfrutamos del concierto. Por mí mucho mejor. Cuando quiera venir a tocar al salón de mi casa le abriré las puertas y sacaré el Inistón. Y el montaje de luces, pues se lo podrían haber ahorrado casi. Con tres o cuatro linternas hubiera dado el pego también.

Pero, ¿qué más da todo eso cuando por fin reconoces "Tangled Up In Blue" (la primera que reconocí, yo soy muy malo para los puzzles)? Coño, está Dylan a 12 metros cantándome. ¿Pero es "Tangled up in blue"?¿O ha escondido al espíritu de Bob Marley con Tonny Bennet bajo el ala de su sombrero? "Reformas Zimmerman" es ajena a la crisis inmobiliaria. La primera en la frente. Pero tú no mires al público, Bob, no nos mires. Mira al guitarra de la Les Paul, que a veces parece que toca sólo correctamente y otras te pone los pelos de punta (me encantan los guitarristas así).

No puedes ver un concierto similar hoy día. Si quieres ver algo parecido tienes que ver a Bob Dylan. No hay sucedáneos, no hay imitadores que valgan. No busques más que no hay. Es Bob Dylan, en estado crudo. Sabe lo que tiene entre manos, el mayor legado musical del que nadie vivo puede presumir. Pero lo dosifica. Lo retuerce. Lo mezcla con recientes composiciones. Pero es que, además, alguna de estas, con apenas años de vida, ¡¡suenan a clásico!! Ese "Spirit on the water" sonó a gloria. Podía haber sido compuesta hace mucho, pero es del siglo XXI, de "Modern Times", cimiento del concierto.

¿Qué más da todo? Bostecé tres veces, sí, ¿qué pasa? ¿Tú no bostezas? Mis bostezos no son síntoma de aburrimiento. Vale que alguina canción se hizo un poco larga y que no estamos en la "Rolling Thunder Revue". Aún así, no le pondría ni un pero. Más cuando te saca a la hermana de "Girl Of The North Country". Una hermana que no conocía, pero con la misma letra. No sabría decir si más guapa o más fea que la original. Pero sí más alegre. Al menos tuve la sonrisa puesta mientras la oía, lo que no me ocurre cuando Johnny Cash y Bob desagarran la versión primigenia y acudo raudo al horno a meter la cabeza.

En definitivas cuentas, fue una lección de Historia. De blues, de country, de folk, de Dylan. Súmale a la mezcla la revisión (casi hipnótica) de "Masters Of War", "Highway 61", y remátala, como dije al principio, con "Like a rolling stone" (jau das it fiiil). Y aún hay quien duda de él. Y del concierto.

Al final, el jefe de obra y los peones de "Reformas Zimmerman" se mostraron humanos y nos hicieron extrañas reverencias desde el borde del escenario a modo de agradecimiento.

En el Fondo Norte de Chapín, Dylan ascendió de Primera División al Monte  Olimpo. Talibán que es uno.