Hemingway se pega un tiro

Ernst Hemingway

No ha sido hoy, ni ayer, ¿eh? Sino un día como hoy del año 1961, presa de la depresión, el alcoholismo y el avance del Alzheimer.

Aquí os dejo un extracto del prólogo de “El viejo y el mar”. Ya veréis los paralelismos de la generación perdida de Ernst con nuestros tiempos…

“Hemingway y su generación irrumpen en un mundo que se presenta como brillante y generoso y al poco tiempo descubren que tras esa apariencia subyacen las sombras de la injusticia y la deshonestidad. Las maniobras políticas de los poderosos, el apetito de poder, el manoseo inescrupuloso de valores como la libertad, la justicia y la igualdad promueven desengaños que Hemingway y sus contemporáneos sufren en carne propia. Jaqueados por las crisis económicas y políticas comprueban que tras las bellas palabras de los sermones y las proclamas políticas se oculta una horrible verdad. Pierden la fe, se refugian en la amargura, ponen en tela de juicio todos los ideales. Se les llamó, con justicia, ‘la generación perdida‘. Por eso su obra se transforma en el testimonio amargo y desilusionado de un hombre para quien la moral, los derechos, la nobleza, la convivencia pacífica y la justicia social se convierten en ingenuos sueños de una juventud que madura hacia el escepticismo“.

¿Quién cantará en tu entierro?

Quién cantará en tu entierro

El libro “¿Quién cantará en tu entierro?” nace, casi fortuitamente, como un “spin off” de mi web carleso.com, en la que estáis ahora mismo. En ella me dedico, entre otras cosas de poca relevancia, a elogiar a las figuras de la música que me han marcado, celebrando sus cumpleaños (cada vez menos) u honrando sus muertes (cada vez más). A medida que me iba documentando para esto último, veía que en algunos funerales sonaban canciones o cantaban otros músicos, algo impensable para un funeral de una persona “normal” en España. Poco a poco fui recopilando músicos en cuyos funerales habían cantado otros músicos, y dándole forma fuera de la web, consultando libros, hemerotecas y blogs que me aportaran cierta fiabilidad. Cuando ya tuve una cantidad de páginas que consideré “publicable”, llamé a las puertas de varias editoriales. Aunque hubo un conato de publicación en una de ellas, la aventura no llegó a buen puerto y poco a poco fue desinflándose la ilusión. El PDF pasaría a formar parte de la carpeta “Escritos” de mi PC, y ahí sería enterrado, y nadie le cantaría.

En noviembre de 2017 fui a Trujillo, a la gala de los Premios Pop-Eye, como colaborador en en la organización y reportero informal y poco dicharachero. Uno de los premiados que estaban “a mi cargo” era Ángel Fernández, de Jot Down, quien recibía el premio a la mejor publicación del año. Era mi clavo ardiendo, y a él que me agarré, con mi habitual sutilidad: “Oye, pues tengo escrito un libro que nadie me quiere publicar. ¿Te lo envío?”. Lógicamente, no me iba a decir que no, más que nada porque aún no le había dado la cerveza helada que le había pedido en la barra. “Ya borraré tu email en cuanto lo reciba”, pensaría para sus adentros.

Transcurridos más de dos meses sin recibir noticias, cuando ya iba por el 34º formateo de mi disco duro, destruyendo todos mis escritos, me llegó un correo de Angel. “Juan Carlos, te publicamos el libro. Y Fran Matute será tu editor”. A Fran le conocí rodeado de libros, cuando le presenté la candidatura de Maleso para amenizar la primera edición de Bookstock, y la aceptó con los ojos cerrados. A partir de ahí, nos agregamos a Facebook y nos dedicamos a dar likes mutuos cada vez que uno de nosotros posteaba una canción de NRBQ.

Fran ya había leído el texto porque en el momento en que le conocí, yo repartía mi libro fotocopiado y encuadernado como si fueran los apuntes de “Derecho Romano” a todo aquél que tuviera cara de leer. Y él la tenía. Y la tiene. Así que codo con codo, Peña Bética de Tomares mediante, comenzamos a pulir el texto y a trabajar sobre él hasta conseguir darle la forma deseada. El texto final, ya adecentado, fue rematado con la portada y las ilustraciones de El Ciento, que captó a la perfección la idea que se pretendía transmitir. Tal es así que nos vinimos arriba y le pedimos más de lo acordado inicialmente (“¡Queremos también a Elvis en su ataúd!”).

 

Para finalizar, necesitábamos un prólogo, una alfombra roja que llevase al lector a la primera página. ¿Y quién mejor que Carlos Zanón podría desplegar esa alfombra, desvelando un texto maravilloso en cada vuelta? 

No me extiendo más. Sólo espero que disfrutéis con la lectura del libro tanto como yo lo he hecho escribiéndolo.

Si queréis comprarlo online, podéis hacerlo por sólo 15€ (o 25€ más la revista) en Jot Down Magazine

Gracias infinitas a Fran, Angel, Antonio J. Romero, Juan Pedro, Rakel, Martín y todos los que habéis estado implicados de alguna manera en esta aventura

Mishima

yukio mishima

Tal día como hoy hace 45 años, el escritor Yukio Mishima se quitaba la vida. La primera vez que oí hablar de él fue de boca de Fernando Márquez, líder de La Mode, en “Mi dulce geisha”. Como el saber no ocupa lugar (aunque veces es mejor una birra bien fría…), copio y pego algunos apuntes sobre su obra y, atención, sobre su muerte…

Obra:En 1949 publica “Confesiones de una máscara”, donde el protagonista proclama abiertamente su homosexualidad tras recordarnos toda su existencia. Será la novela que le catapulte a la cima de las letras japonesas. A ella le seguirán, entre otras, “La muerte en mitad del verano” (1953), “El tumulto de las olas” (1954) y “El pabellón de oro” (1956). Esta última, su obra más conocida, narra la historia del joven Mizoguchi, un aprendiz de bonzo obsesionado por sus complejos

Muerte: El 25 de noviembre de 1970, decide hacerse el harakiri delante del jefe del estado mayor del ejército para protestar por la desmilitarización de su país.

En la oficina del general Mashita se quitó su uniforme y se quedó sólo con el taparrabos que los soldados utilizaban en esa época.

Uno de los jóvenes que lo acompañaban le alcanzó una daga de unos 25 cm. Mishima se arrodilló y abrió sus estómago con el corte ritual que tantos hombres y mujeres había utilizado en el pasado, la muerte de la que tanto había hablado, de la que tanto había escrito. Que tantos de sus personajes habían vivido. La muerte más digna y honrosa que un japonés podía tener hasta que las cosas empezaron a cambiar. La segunda parte del ritual consiste en el corte de la cabeza, que debe ser realizado por una persona de confianza para el ejecutante. Masakatsu Morita tuvo ese honor. El primer corte no logró su cometido, el segundo tampoco. Otro de los jóvenes tuvo que dar el definitivo. La cabeza se había separado del cuerpo. Morita lo siguió usando el ancestral método. Todo había terminado.

Mishima en el cine

¡Todo era amor!

oliverio-girondo

¡Todo era amor… amor!

No había nada más que amor.

En todas partes se encontraba amor.

No se podía hablar más que de amor.

Amor pasado por agua, a la vainilla,

amor al portador, amor a plazos.

Amor analizable, analizado.

Amor ultramarino.

Amor ecuestre.

Amor de cartón piedra, amor con leche…

lleno de prevenciones, de preventivos;

lleno de cortocircuitos, de cortapisas.

Amor con una gran M,

con una M mayúscula,

chorreado de merengue,

cubierto de flores blancas…

Amor espermatozoico, esperantista.

Amor desinfectado, amor untuoso…

Amor con sus accesorios, con sus repuestos;

con sus faltas de puntualidad, de ortografía;

con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.

Amor que incendia el corazón de los orangutanes,

de los bomberos.

Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas,

que arranca los botones de los botines,

que se alimenta de encelo y de ensalada.

Amor impostergable y amor impuesto.

Amor incandescente y amor incauto.

Amor indeformable. Amor desnudo.

Amor-amor que es, simplemente, amor.

Amor y amor… ¡y nada más que amor!

(Oliverio Girondo)

Gregory Corso

Gregory Corso y su corbata

Hoy dejamos la música a un lado (tanta música) y nos centramos en el noble arte de la poesía, para conmemorar el treceavo aniversario de la muerte del poeta-boliza de la generación beat, Gregory Nunzio Corso, a causa del puto cáncer.

Así que, sin más dilación, ya que de poesía no controlo nada, y de la vida de Corso menos, os dejo con un bonito poema suyo que me ha gustado:

YO OBSEQUIE

Obsequié el firmamento
junto a las estrellas los planetas las lunas
y también las nubes y los vientos del clima,
las formaciones de aviones, la migración de las aves…

“¡De ninguna manera!” aullaron los árboles,
“¡Los pájaros cuando no vuelan son nuestros, no los podés obsequiar!”
Así que obsequié los árboles
y el terreno que ellos habitan
y todas aquellas cosas que crecen y se arrastran sobre él

“¡Un momento!” marearon los mares,
“¡Las costas, las playas son nuestras, los árboles para los barcos,
para los astilleros, nuestros! ¡no los podés obsequiar!”
Por lo tanto obsequié los mares y todas las cosas que los nadan,
los navegan…

“¡De ninguna manera! tronaron los dioses,
¡Todo lo que has obsequiado nos pertenece! ¡Nosotros lo creamos!
¡Incluso creamos a aquéllos como vos!”

Entonces fue cuando obsequié los dioses.

Papá, ¿por qué no triunfaron LOVE?

Esa es la pregunta que le  hizo en 1998 Brent, el hijo de 12 años de Michael Stuart-Ware, batería de Love en el prólogo de su libro "De viaje con el grupo Love".

 

Es una pregunta que nos hemos muchos, a la vista de trabajos antológicos como "Forever Changes"o "Da Capo", carne de Top 10 en cualquier lista sobre los mejores discos de la Historia. La respuesta también nos la hemos imaginado muchos. Es la misma respuesta que ha arruinado carreras y que se ha llevado por delante a demasiados músicos.

 

Aquí os dejo el pasaje del libro en el que el batería de Love le explica a su hijo por qué no llegaron al nivel de The Beatles, teniendo talento para ello.

 

– Me estaba preguntando, ¿érais tan famosos como los Beatles?

– Ni de lejos. Pero si hubiésemos trabajado más seríamos mucho más populares de lo que fuimos.

– Bien, ¿y por qué no trabajásteis más?

– Veamos, ¿cómo te lo explico? ¿Conoces el tordo de pico corto? Te lo enseñaron en el colegio, ¿no? La madre deposita sus huevos en los nidos de otros pájaros, y se va. Cuando el huevo se abre, la cría del tordo empieza a arrojar al suelo los otros huevos, donde pronto morirán; porque la cría del tordo de pico corto quiere toda la comida. Vale,  pues con las drogas pasa lo mismo – le dije -. Una vez que invaden el nido no queda espacio para otro tipo de intereses. No hay espacio para la diversidad o múltiples categorías de entusiasmo y disfrute de este reto que es la vida. Sólo  hay sitio para la nueva cría. Esto fue lo que pasó con LOVE. Un tordo de pico corto invadió nuestro nido.

 

 

Dedicado a todos los que aman "Forever Changes".

 

Ya podéis volveros al Facebook, gracias.

Reflexiones de Eduardo Galeano

En rebelion.org he leído una entrevista al escritor uruguayo Eduardo Galeano, y pongo aquí algunas de las respuestas que me han gustado, fíjate tú.

 

En alguna parte dijiste que te caes y te levantas varias veces al día. Yo, en cambio, no sé como levantarme cuando tropiezo. ¿Cómo lo haces?

Te parecerá una tontería, pero de veras te juro que pienso: Si me caí, es porque estaba caminando. Y caminar vale la pena, aunque te caigas. Yo soy caminante, a la orilla del río que llamamos mar, aquí en Montevideo, camino horas de horas, y las palabras caminan dentro mio y conmigo. A veces se van, y me cuesta seguir solo, sin ellas.
 

"Somos todos gotitas de algún río, brisas de un viento que no acaba cuando la propia vida acaba…".

 

¿Qué es la vida para usted, en una sola palabra?

En cuatro palabras, no en una: Una caja de sorpresas.

 

Me gustaría saber como ve usted este siglo veintiuno ¿con pesimismo? ¿Con optimismo?

Yo no creo en los optimistas full-time. Esos son farsantes o ciegos. Yo soy optimista y pesimista también, según la hora y el día, creo y descreo, celebro y lamento este tiempo nuestro y este mundo que nos ha tocado. Cada tiempo tiene su contratiempo, es verdad, pero también es verdad que cada cara contiene su contracara. La contradicción es el motor de la vida: de la vida humana y de todas las otras vidas.

Asumir eso me ayuda a no arrepentirme de mis tristezas, de mis bajones, de mis malas músicas: ellas son partes inseparables de mí.

 

Siempre me pregunté cómo hace para encontrar combinaciones tan felices de palabras, palabras que uno escuchó (y escribió) cientos de veces, y que cuando usted las junta parecen un idioma nuevo.

Gracias mil por el piropo. Sólo puedo decirte que ninguna hada visitó mi cuna. No tengo más talento que el que proviene de la experiencia: el mucho trabajo que cada día me tomo persiguiendo palabras que huyen.

Entrevista completa: http://www.bbc.co.uk/mundo/participe/2009/12/091217_entrevista_eduardo_galeano_sao.shtml

 

Pues nada, a ver si tenemos una buena semana.

Ingerir, injerir

Esto me lo encontré en "Un yanqui en la corte del rey Arturo", en la edición que vendían con el diario El Mundo de hace unos años.

 

Vale que existen las dos palabras, injerir e ingerir. Pero en el contexto en el que Mark Twain (mejor dicho, su traductor, o el editor de la colección, yo qué sé) utiliza el verbo "injerir", no parece que se refiera mucho a "Entremeterse, introducirse en una dependencia o negocio", más bien se está refiriendo a "Introducir por la boca la comida, bebida o medicamentos", ¿no creéis?.

 

¿Qué hacemos? ¿Una plataforma? ¿Nos darán subvenciones?

¿Por qué los libros huelen a libro?

Mi amigo Félix, el mejor librero-rockero al sur de Despeñaperros (podéis visitar su tienda, http://www.agricolajerez.com/) me ha enviado por correo este articulito que versa acerca de libros, que me pareicó interesante y hoy os lo reenvío a tod@s vosotr@s, en este lunes cultural.

Diceeeeeeee:

 

Si tienen algun libro viejo y se les ha oscurecido, con ese color tostado uniforme de los libros que envejecen bien, ábranlo por cualquier página y entierren allí la nariz. ¿No huele a vainilla? El motivo, según descubrí hace unas semanas, es la Lignina.

La Lignina es el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal. Su trabajo es, a grandes rasgos, darle firmeza a la madera para que los árboles permanezcan erguidos más allá de los dos metros de alto y no los devoren los microorganismos y enzimas. Es, en definitiva, un endurecedor. Según leo, las empresas papeleras gestionan la cantidad de lignina de acuerdo a sus necesidades: mucha para el cartón y el papel de embalar, que deben ser resistentes y pueden ser de color marrón; menos para los periódicos (que total caducan en un día) y muy poca lignina para los libros, para que se conserven blancos el mayor tiempo posible.

Cuando la lignina se oxida, pasan dos cosas. La primera es que el papel amarillea, por eso nuestros libros viejos están tostados por los bordes y más blancos por el centro. La segunda es el olor. Aparentemente, la lignina es prima hermana de la vainillina, estrella de la industria perfumera desde que fuera sintetizada por Ferdinand Tiemann y Wilhelm Haarmann en 1874 a partir de la savia de pino. Por eso cuando entramos en una biblioteca llena de libros antiguos, entre el polvo y la madera, podemos oler la vainilla, el perfume favorito de los amantes de los libros y un reclamo natural que te hace querer quedarte en esos lugares maravillosos para siempre.

Lo libros nuevos tienen poca lignina; algunos no tienen ninguna y por eso cada vez amarillean menos y huelen siempre igual de mal.

El Jueves

Era imposible no leer El Jueves en mi etapa universitaria. Si no lo compraba yo, lo compraba mi compañero de piso. Si no estaba en mi piso, estaba en el piso de mis colegas. Si no estaba allí, en el piso de algún colega de estos colegas. Si no, en la propia facultad. No sé cómo está ahora la cosa, supongo que por el estilo.

Hace poco he leído algún Jueves y, lógicamente, no es lo que era. Uno tenía su nómina de dibujantes a los que leía en primera instancia, y ya luego iba leyendo el resto. En la actualidad no reconozco a casi ninguno, ni me hacen gracia. ¿Será que me he convertido en viejuno cascarrabias?

De mi época de lector, me quedé con esta viñeta que me hizo mucha gracia.


Nick Cave – "Dig Lazarus, dig" (2008) (Descarga directa)