Amor a Roma: XII + I edición de los Premios Pop-Eye

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Desde que los premios Pop-Eye abandonaron su cuna cacereña y se trasladaron a Trujillo, hace dos años, el fin de semana de la gala siempre comienza en la cafetería del hotel Victoria. Y yo siempre llego allí más perdido que Jarvis Cocker en el Viña Rock. De hecho, en un momento de mi deambular entre grupeto y grupeto, sin saber dónde colocarme, me dijo una rubia alta: “¿Qué? ¿Perdido, no?”. Yo me cargué de seguridad y le dije “Sí, pero en determinados momentos me gusta estar perdido”. Mejor eso que reconocer que nadie me abría el círculo para dejarme entrar en sus conversaciones. Al día siguiente, la rubia alta daría que hablar. Y mucho.

La rubia alta. Amor a Roma.
Foto: Agata Sandecor

Esa desorientación se debe en parte a causas naturales – “Es un chico muy reservado”, “Sólo habla lo justo” – y en parte a no haber hecho bien mis deberes, a no haber estudiado a fondo la lujosa nómina de premiados, de invitados o de mi propio equipo. Cuando pueda dedicarme sólo a esto, todo cambiará. Lo prometo.

Una vez reunidos todos, comenzó la ascensión a La Abadía por cuestas empedradas. Por suerte La Abadía no es una abadía, sino un local donde va a tocar Emilio Elegante, premiado por sus 30 años en la era pop. Tomaba el relevo de Lobos Negros como galardonado en la categoría, y de Los Nikis como elevadores del telón musical del fin de semana.

Entre canapés, patatera, cervezas y vinos nos vamos presentando y haciéndonos con la caravana pop de este año: nuevos en estas lides como Cosima Ruiz de la Prada salpicada de estrellas, Chema Conesa sentando cátedra sin darse cuenta, Emilio Elegante elegante, los chicos de Cycle dando vueltas…, mezclados con viejos conocidos ya de los Pop-Eye, como Paloma Concejero, Cintia Lund, Mariví Ibarrola, Javier de Juan o Javier Díaz.

Noche del viernes en La Abadía Foto: Agata Sandecor

El momento revival llegó con “La calle del ritmo”, “Mangas cortas”, “Dispararé” y un puñado de clásicos – sí, no nos libramos de “Luisa se va” – que desgranó Emilio liderando una banda creada para la ocasión, pero que promete continuidad. Al final tuvieron que repetir dos canciones del setlist, algo que se va convirtiendo ya en un clásico en la noche inaugural de los Pop-Eye. Después tocaba el momento DJ, donde Dj Yoyo, Mapache Transistor Dj’s y servidor amenizamos la velada. Yo salí huyendo tras prometerle a una lugareña insistente que iba a pinchar “Despacito” y poner “Blister in the sun”.

Foto: Agata Sandecor

El protocolo del sábado está bien definido. Hasta las 15 no hay nada gratis. Antes de eso hay que ir al Teatro, colocar la alfombra roja, o ver cómo la colocan, mejor dicho, preparar el photocall y procurar que todos los premiados estén a la hora convenida en el coqueto ayuntamiento de Trujillo para la rueda de prensa. Este año hay nerviosismo porque problemas de salud de última hora ponen en jaque la presencia de premiados como Luis Lapuente, Martirio o Soleá Morente. La última pudo vencerlos a tiempo (juventud, divino tesoro). Para los otros dos, siempre estará Angel Carmona.  

La rueda de prensa – pregala para los más osados – discurrió fluida bajo la batuta de J.A. Olloqui, el padre de Max Betamax. En esta ocasión el alcalde optó por quedarse en segundo plano, ajeno a lo/la que se le vendría encima por la noche.  

Rueda de prensa Foto: Agata Sandecor

El siguiente hito en la hoja de ruta propicia la romería cultural hacia el Museo de la Coria, situado en la parte monumental, junto a una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad. Es el momento de conocer y departir con todos los invitados en un entorno más distendido. Claro que yo, a partir del octavo canapé de patatera picante, opté por no abrir la boca. Sólo para beber. Y a continuación, la comida de confraternización y obligado descanso para afrontar con fuerza el plato fuerte del fin de semana: la gala.

Fotógrafas, directores de Premios Pop-Eye, pintores, escritores, alcaldes…
Foto: Agata Sandecor

A partir de las ocho van saliendo todos los premiados del Hotel Victoria, escoltados por los Buitres Leonados. El último en salir, el gran homenajeado de esta edición, Don Miguel Ríos Campaña. Embutido en un tres cuartos de cuero negro, plateado por las nieves del tiempo – 74 años le contemplan -, Miguel Ríos ejerció de estrella del rock en el patio del hotel, atendiendo amablemente a fans, conserjes de hotel y miembros del equipo de los Pop-Eye. Yo le podía haber llevado uno de mis elepés iniciáticos, “Rocanrol Bumerang” (1980), pero como no me gusta cargar con cosas ni que me firmen los discos, me conformé con saludarle y darle las gracias por todo.

Yo, hablándole de mi libro a Miguel Ríos, que para eso fui a Trujillo
Foto: Agata Sandecor

Por el photocall pasaron todos los agasajados, y más de un espontáneo de instagram fácil. mientras se iba llenando el patio de butacas y creciendo la expectación de todos los asistentes. Ese es el espíritu de los Pop-Eye, un espíritu expectante, nada conformista. Y para poco conformista, una chica rubia alta que me llamó “perdido” en el capítulo 1, la futura presentadora de la gala de los Goya – como mínimo -, Roma Calderón. Alguien que se llama Roma y se apellida como uno de mis mejores amigos en E.G.B. no puede fallar. Y no lo hizo.

Foto: Agata Sandecor

Si metemos en una batidora, o en una thermomix… No. Empezamos de nuevo. Si metemos en un mortero actitud, desenvoltura, cabaret, 180 minutos, música, emoción, improvisación, homenaje, burlesque, Breakfast at Tiffanys, descaro, tequila, Sea of Love, insolencia, carcajadas, inteligencia, arte y Pop, tendremos como resultado quizá la mejor gala de las 13 ediciones de los premios Pop-Eye. El año pasado Los Nikis nos hicieron corear en el mismo teatro aquello de “seremos todo un imperio”. Este año, el imperio fue romano. Quien apostó por Roma Calderón acertó de pleno. Va a ser difícil retenerla, como le fue imposible al Monaco retener a Mbappe.

En cuanto a los homenajeados, derrocharon corazón, humildad y gratitud, y coincidieron al tachar de no menos que temerario el ingente esfuerzo que supone la elaboración de cada gala de los Pop-Eye para reconocer al mundo de la cultura, del arte y del Pop. Bendita temeridad la de Juan Pedro. Y la nuestra por seguirle.

Foto: Agata Sandecor

Algunos highlights de la gala:

  • Benjamín Prado, Premio Pop-Eye de Literatura, y su alegato a favor de la igualdad de la personas y al sinsentido de las concertinas
  • La desnuda versión de “El río” de Cintia Lund, acompañada a la guitarra por Juanjo, de Cycle.
  • Blanca Berasategui, Premio Pop-Eye de Periodismo, y su fidelidad a una vocación.
  • La reivindicación por parte de David Kano (Cycle, Premio Pop Eye Mejor Disco de Rock) de los locales de ensayo como semilleros de cultura y motores sociales, y el recuerdo a las personas que esperan a los músicos mientras estamos en ellos.
  • El video con extractos de Antonio Gasset – ¡Gasset siempre es bienvenido! – previo a la entrega del Premio Pop-Eye de Televisión a Gerardo Sánchez, director de “Días de Cine”.
  • Marta Berasategui, Premio Pop-Eye de Radio por “Hoy empieza todo”, acordándose de los cuidadores de personas con dependencia.
  • Angel Carmona (con camisa A) recogiendo el premio por “Hoy empieza todo”
  • Angel Carmona (con camisa B) recogiendo el Premio Pop-Eye al Libro Musical otorgado a Luis Lapuente por su “Historia de la música disco”
  • Angel Carmona (con camisa C) recogiendo el premio de Martirio
  • Martirio agradeciendo su premio “Duende” a través de una nota de audio de Whatsapp. Realmente estaba mala de acostarse. La artista se convirtió en su propia obra (ya podía haberse marcado un Dorian Gray musical y hubiésemos disfrutado de su presencia).
  • Emilio Elegante, Premio Pop-Eye “Viviendo en la era pop”, aún flipando por haber tocado la noche anterior al lado de un cortador de jamón de pata negra en plena faena. De hecho, muchos de los asistentes ni se dieron cuenta de que había un grupo tocando.
  • El emotivo recuerdo en la pantalla, a ritmo de “I say a little prayer”,  a los artistas que nos dejaron desde la última gala de los Pop-Eye. Los aplausos más sentidos se los llevaron Forges y Aretha Franklin.
  • Roma Calderón, mayestática, haciendo su entrada en el patio de butacas gobernando dos cyber perros, para la actuación de Scud Hero (Premio Pop-Eye Mejor Artista Extremeño). Ya quisiera Khaleesi con sus dragonzuelos.
  • Miguel Ríos, Premio Pop-Eye “Toda una trayectoria”, agradecido y emocionado. “Yo me dediqué a esto para ser querido”. A juzgar por la duración, intensidad y emoción de los aplausos recibidos, ha conseguido con creces su objetivo.

 

Foto: Agata Sandecor

Hace 50 años, Fernando Arbex – otro merecidísimamente reconocido por los Premios Pop-Eye, a título póstumo – escribió  “El río”, y bajo sus acordes todos los premiados comenzaron a tomar el escenario en torno a Miguel Ríos para la foto de familia de otra gala más, para bajar el telón de una nueva edición de los Premios Pop-Eye, que deben seguir repartiendo amor y humor mientras haya arte, música y cultura que reivindicar.

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