Martin Luther King Jr.

martin-luther-king es arrestado

Un día como hoy de 1968, Martin Luther King Jr. era asesinado en Memphis, Tennessee.

No son pocas las canciones que se han inspirado en su figura:

Stevie Wonder le dedicó en 1981 «Happy Birthday», para apoyar una campaña con el fin de promover como fiesta nacional día del nacimiento de Martin, o sea, el 15 de enero.

«Like a king», del disco de debut de Ben Harper (cuando no era tan pesao. O sí) en 1994, traza paralelismos entre Martin Luther King y Rodney King, el ciudadano negro apaleado por la policiía. «El sueño de Martin se convirtió en la peor pesadilla para Rodney»

Si hay alguien que pega en este artículo (haciendo una excepción en carleso.com) no es otro que Bono, activista declarado. En 1984 U2 incluían esta dedicatoria a Martin Luther en «The Unforgettable Fire». (También «Pride», del mismo álbum, estaba inspirada en él)

Fuente: billboard.com

Sarah Vaughan

Sarah Vaughan

La gran Sarah Vaughan nos dejaba tal día como hoy del año 1990, víctima de un cáncer de pulmón (no fuméis, joder). Contaba con 66 años.

Me ha llamado la atención que en la Wikipedia citan que tenía una «personalidad mercurial«. Los psicólogos que visitáis esta página (que sé que sois vari@s), estaréis acostumbrados al término, pero a mí me ha cogido por sorpresa. Así que buscando buscando encontré que una personalidad mercurial se achaca a gente cuyo carácter es tan voluble que se moldea fácilmente a la situación y contexto que se da en cada momento. ‘Eres como el mercurio, subes o bajas dependiendo del calor de la situación’. Algo así. De todos modos, si algún/na ilustrado/a en la materia/o quiere/oj arrojar luz sobre el tema/u, tiene toda la web abierta/ñec de par en par.

¿Y esto a qué venía? Ah, sí, que hoy es el aniversario de la muerte de esta gran diva, y para homenajearla estoy yo. Faltaría más.

Kurt Weill

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Un 3 de abril de 1950, un mes después de cumplir los 50, moría de un ataque al corazón el compositor alemán Kurt Weill. Estaba trabajando en una versión musical de «Huckleberry Finn» de Mark Twain. Profundamente respetado por músicos y artistas profundamente respetados a su vez (léase Nick Cave, Lou Reed, Tom Waits, Elvis Costello…), y profundamente denostado por el nazismo, es quizá el mayor exponente de la música de cabaret, de post-guerra, de humo y tintineo de copas vacías.

Y seguro que habéis oído más de un tema suyo. ¿O quien no ha oído Makinavaja, «Mack The Knife», alguna vez? O la súplica del tipo que pide que le guíen al garito más cercano para ponerse tibio de whisky en «Alabama Song», por ejemplo. Si queréis entrar en su mundo por la vía fácil, hay un recopilatorio de tributo de estrellas del rock, que se llama «September Songs». Pues eso.

Marvin Gaye

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Un día como hoy del año 1984 a Marvin Gaye Jr. le faltaba sólo un día para cumplir 45 años. Pero no llegó, y mira que lo intentó.

Su padre, una pistola del calibre 38 y la cocaína se pusieron entre Marvin y la tarta con 45 velas.

Aquí abajo le recordamos con una de sus canciones no tan conocidas. Y arriba vemos al padre, Marvin Gay, siendo arrestado – por un agente con un bigotazo – tras el homicidio de su hijo .

¡Los mods y los rockers se pegan!

Según reza en el libro de cabecera de carleso.com, «Rock Dates«, de Bob Harris, un día como hoy del año 1964, el mundo conocía la primera pelea entre mods y rockers.

Manos a la obra, me puse a investigar (recorrí bibliotecas, hice viajes a Inglaterra, revisé  documentales, entrevisté a supervivientes de las peleas..) y descubrí la portada del periódico que se hacía eco por primera vez de una pelea multitudinaria entre jóvenes de bandas enfrentadas.

Mods contra rockers

En concreto, el Daily Mirror del 30 de marzo de 1964 titulaba a toda página: «Los salvajes invaden la costa – 97 detenidos«. Al parecer esta pelea tuvo lugar en Clacton (vaya sitio feo para pegarse, ¿eh?), que se convirtió en un auténtico escenario de refriegas, gamberradas y agresiones. Por un lado, jóvenes bien vestidos (bueno, eso es discutible, no he visto prenda más fea que una parka), fanáticos de las scooters y de la música negra, y por otro, rudos chicos rockeros vestidos de cuero sobre motos custom. A la hora de pegarse, igual de gilipollas los unos que los otros.

Aunque estos incidentes fueron muy ruidosos, la verdad es que no se prolongaron mucho en el tiempo (tiene que ser un coñazo pegarse cada fin de semana), pero servirían como trasfondo a la historia filmada años más tarde en «Quadrophenia.»

Yo he conocido y he convivido con gente de los dos bandos, y nunca vi ninguna pelea entre mods y rockers, sí algún conato. Claro que Jerez no es Brighton. Ni Clacton.

 

Arthur ‘Big Boy’ Crudup

¿Qué  sería de TODO si este hombre no hubiese grabado el 6 de septiembre de 1946 «That’s all right mama» para que luego el gran imberbe se convirtiera en mito gracias a, entre otras cosas, su mangoneo y su irresistible sonrisa? Para más inri, aunque figuró en los créditos de la versión de Elvis, publicada en 1956, nunca vio un duro por derechos de autor, por lo que Arthur solía referirse a Elvis Presley como Elvin Preston. Por mamón.

Hoy se cumplen años de la muerte de Arthur ‘Big Boy’ Crudup. Como mínimo, este pequeño homenaje.

 

Las diez películas favoritas de Billy Wilder

Lapida de Billy Wilder

Un día como hoy del año 2002 moría  Samuel Wilder (al parecer su madre  llamaba a sus hijos Billy y Willy sólo porque le gustaba el sonido «yanqui» de esos apodos), y por eso, tras una ingente labor de documentación y noches sin dormir, publico las diez películas favoritas del genio polaco (o austro-húngaro):

  1. El acorazado Potemkin (Sergéi Eisenstein) (1925)
  2. Avaricia (Erich von Stroheim) (1924)
  3. Varieté (Charles Dupont) (1925)
  4. La quimera del oro (Charles Chaplin) (1924)
  5. Y el mundo marcha (King Vidor) (1928)
  6. La gran ilusión (Jean Renoir) (1937)
  7. El delator (John Ford) (1935)
  8. Ninotchka (Ernst Lubitsch) (1939)
  9. Los mejores años de nuestra vida (William Wyler) (1946)
  10. Ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica) (1948)

Claro que cuando Billy dio a conocer esta lista corría el año 1952 y aún no había rodado Irma la dulce, Uno, dos, tres, El apartamento, Con faldas y a lo loco, Testigo de cargo…

Y para acabar, unas cuantas frases suyas:

«Una vez me preguntaron: ¿Es importante que un director sepa escribir?, y yo respondí: no, pero sí es útil que sepa leer».

«Es aburrido ver a alguien entrar en una casa por la puerta. Es mucho más interesante cuando alguien entra por la ventana».

«Antonioni seguro que es un gran director, un gran artista. Pero en lo que a mí se refiere, soy incapaz de mantenerme despierto».

«Quizás El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard) es una película cínica, pero para mí esa película es Hollywood; el guionista, el agente, la estrella olvidada, todos eran retratos del natural».

«Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena».

«Algunas personas sólo guiñan los ojos para poder apuntar mejor».

Y para acabar de verdad, un trailer de un peliculón suyo, «Testigo de cargo», con la voz de Marlene Dietrich cantando «I May Never Go Home Anymore»

¿Quiénes podrían dar réplica a Marlene, Tyrone y Charles hoy en día si se hiciera un remake de esta obra maestra? A los dos primeros seguro que le podemos encontrar algún equivalente en la actualidad, pero al gran Charles Laughton se me antoja complicado.

A Rafa Angulo

Hoy hace siete años que se fue Rafa, cuando escribí el texto de abajo. Brindemos por/con él.

 

«Escribo esto no porque se haya ido mi mejor amigo, ni siquiera un amigo íntimo. Escribo esto porque lo necesito.

La primera vez que vi a Rafa fue a finales de los años 80, en La Confi, el sitio donde nos reuníamos a beber y fumar. Era instituto o Confi. Si no estabas en un sitio, estabas en el otro. Yo andaba de charla con Mariló, mi primera novia, y se nos acercó un chaval con melena, guapo, delgado, de ojos claros, que hablaba fino, y se puso a hablar con nosotros. Con ella, más bien, que era compañera de instituto. Después de esa charla, entre ella y yo le llamábamos  Super-Rafa porque, con un deje un poco pijo, le anteponía el “súper” a todo: “súper poca gente, “súper lejos”, “súper frío”…

A partir de ese momento ya comencé a verle por los ambientes por donde yo me movía, o sea, por la “escena jerezana” (os dejo que os riáis , venga…). Llegó a formar un grupo con Julio de la Rosa, Siluetas del Tiempo – a los que mis amigos y yo, enarbolando una rivalidad ficticia entre modernos y rockeros, llamábamos jocosamente Ciruelas del Tiempo, hoy lo confieso -, y llegaron a compartir local con el grupo en el que yo tocaba en aquellos tiempos, La Casa Usher. Aquél Rafa, pañuelo en la cabeza, melena al viento, aún no era Rafa. Yo tampoco era yo.

Posteriormente le perdí de vista, yo estudiaba en Sevilla, él se fue de Jerez. Al cabo de unos años, a finales de los 90, conocí a Rakel, nos enamoramos y Rafa de repente pasó a ser mi cuñado: era el novio de su hermana Mertxe, que vivía en Zaragoza. Ese Rafa, entregado a la vida, ya era nuestro Rafa, o se acercaba mucho. Se había hecho un nombre en la escena aragonesa, escribía de música, montaba conciertos y vivía para y de la música. Había hecho lo que yo no me atreví a  hacer. Ya con él en la familia, le fui conociendo más, me guió por los Pirineos o por los bares de Zaragoza. Sin ser íntimos, ya había cuajado eso que te ocurre con ciertas personas, a las que siempre te alegrarás de ver, pase el tiempo que pase. De hecho, por circunstancias de la vida, pasó mucho tiempo hasta que volví a verle, encuentros fugaces en festivales aparte.

Hace dos años, en septiembre de 2013, pasé unos días con él en Teruel, sitio raro para verse. Era el mismo Rafa. El mismo no, era un mejor Rafa, su corazón se había hecho más grande en Filipinas, pero arrastraba un halo de desencanto, sin arraigo. Aún así, vivía movido por una fantasía que le podía cambiar la vida, al menos sazonársela. A él y a cualquiera, claro. Estaba esperando que cuajara “La vuelta al mundo en 80 discos”. Un proyecto pensado por y para él: música, viajes, gente y mochila. Pero el fondo de Rafa era tristeza. Al contrario que los vampiros, él la veía al mirarse al espejo; pero a nosotros nos regalaba sus disparates y sus risas. Poco antes había podido verter todo ese desgarro en el video de su gran amigo Julio, “Un corazón lleno de escombros”, sin necesidad de actuar.

Y se fue hacia el huracán, parafraseando a sus amigos de Tachenko. Cualquier mortal con dos dedos de frente hubiera cancelado ese vuelo. Él no. ¿Era una señal? Llegó a Malapascua y se refugió mientras se desataba el infierno sobre la isla. Allí tenía a su otra familia. Sobrevivió al huracán y volvió, recaudando fondos para reconstruir la isla. El 15 de marzo del año pasado le vi por última vez, en Sevilla. Su proyecto de vuelta al mundo hacía aguas, por lo que solo le quedaba volver, Filipinas. Tras pasar el día juntos nos despedimos comprando gominolas en un chino de la calle Feria. Rara despedida, pero, ¿quién lo iba a suponer?

Ayer me dieron la noticia y yo no he llorado más en los días de mi vida. Quizá él recogió todos nuestros escombros y se los llevó a un sitio apartado para enterrarlos, y a cambio nos dejó todo su amor.»