Praga (V): Vida Cultural

Ya con este acabo, de verdá de la buena.

La vida social y cultural de Praga es rica y amplia, como la de cualquier capital europea que se precie y se desperece. Aparte de la consabida oferta de música clásica, diseminada por cualquier iglesia, capilla o convento de la urbe, Praga es reconocida por su apego y cultivo de la música jazz. Aunque intentamos acudir a algún garito reputado (el Agharta y el Reduta son los más mejores), no se dieron las circunstancias para ello, así que en la próxima vista le ajustaremos las cuentas al revisor gordo cabrón, y asistiremos a alguna velada de jazz.

En cuanto a otro tipo de garitos más rockeros, nuestra experiencia fue más bien decepcionante. Acudimos al reclamo del Roxy, un local emplazado sobre lo que fue un antiguo teatro, mítico en la ciudad. Cuando llegamos, unos carteles con la palabra TRANCE nos echaron para atrás… Uy uy uy…trance…madre del amor hermoso… Bueno, joe, ya que estamos, entremos. Tras pasar entre los codos de dos gorilas de color (de color negro), poniendo mi mejor sonrisa, bajamos la escalera hasta el interior del local. Si alguien ha estado en La Comedia en Jerez (mítico también) se puede imaginar mi cara cuando vi aquello. Unos cuantos canis checos, la mayoría esperando que les hiciera efecto el MDMA, pululaban por la pista de baile, enfocada por las luces esas que resaltan lo blanco (ojos, algunos dientes…). Todo ello bajo la mejor música TRANCE del momento. Un vistazo rápido al antro, y escaleras parriba a pasar de nuevo entre los codos de los dos gorilas de color, que permanecían en la misma postura. Ese fue nuestro contacto con la noche rockera de Praga…

En cuanto a museos, ya hablé del Museo Nacional en otro post, con su esqueleto de ballena, sus galerías de fósiles, minerales, personajes históricos y mucho más. También hablé del mini-museo del juguete, sito en el Castillo de Praga. El otro museo al que acudimos fue el Museo del Comunismo, situado en pleno centro también.


Entrada al museo (pulsa para agrandar, ome)

Esto es cómo montar un museo en un piso. Un piso amplio, vale, pero ahí está. Tiene sus curiosidades, algunas recreaciones de la vida checa bajo el férreo régimen que les subyugó hasta 1989, una sala de interrogatorio para los más morbosos (léase YO) y demás objetos y motivos asociados al comunismo. No está mal para pasar un ratillo y aprender cosas. Ahí leí lo del sacrificio de Jan Palach, y la historia de la construcción de un mega monumento a Stalin en la parte alta de la ciudad, derruido a los pocos años cuando salió a la luz la barbarie del susodicho. En su lugar, instalaron en 1991 un metrónomo gigante (¿¿??).

Lo mejor de la vida cultura praguense lo vivimos en una de las representaciones del Teatro Negro de Praga, justo al lado del Museo del Comunismo, precisamente. La que fuimos a ver (en Praga existen varios locales donde se represent este tipo de teatro) versa sobre la explosión Beatle y adoptaba la iconografía de Yellow Submarine. Claro, uno piensa en el Teatro Negro de Praga y no se imagina una habitación poco más grande que el salón de casa de mis padres. Con una pequeña tarima al fondo y varias filas de sillas de oficina a modo de patio de butacas. ¿Cutre? Coqueto, más bien. ¿Para qué más? Lo que vimos allí no tendría el mismo efecto en un pomposo teatro, seguro que no. Con un elenco de 5 actores visibles, y 4 o cinco en la sombra, se desarrolló el espectáculo y la magia de sombras y colores, ambientado todo con canciones de The Beatles. Lo recomiendo.


Teatro Negro (pulsa para agrandar, ome)

Ya. Se acabó.

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