Y cumple muchos más, hija.
(Pero, ¿quién demonios es Maria Grazia?)
Y cumple muchos más, hija.
(Pero, ¿quién demonios es Maria Grazia?)
Es digno de admirar que alguien trabaje en una empresa de montaje de aseos para aviones (Boeing 747), ahorre dinerito con el sudor de su negra frente, escriba «Ain’t No Sunhine», grabe las demos de su propio dinero, les lleguen a Clarence Avant, de Sussex Records – a quien no tengo el place de conocer -, y este le asigne a Booker T. (a este sí le conozco yo bien) como productor para grabar un disco. Todo esto ocurrió entre 1970 y 1971. Y, como curiosidad, «Ain’t No Sunshine» salió como cara B de «Harlem», aunque pronto los DJ’s radiofónicos pusieron las cosas en su sitio.
En 1972 ganó el Grammy a la mejor canción de R&B, pero ya sabéis que a nosotros los Grammys nos importan bien poco.
Bueno, a lo que iba, que hoy cumple 80 años el bueno de Bill Withers y por eso aparece aquí, y por eso le felicitamos.
Y para llevarme al contraria a mí mismo, aquí va el video en directo de «Harlem»
«For what it’s worth» fue escrita por Stephen Stills, grabada por Buffalo Springfield en diciembre de 1966, y lanzada como single en enero de 1967. Siempre se ha relacionado esta canción con las protestas contra la guerra de Vietnam (la habréis oído en más de una película), aunque Stills la escribió como reacción a los enfrentamientos entre la policía y los jóvenes angelinos en Sunset Street a causa del cierre, en noviembre de 1966, por parte de las autoridades del Pandora’s Box.
There’s something happening here
What it is ain’t exactly clear
There’s a man with a gun over there
Telling me I got to beware
I think it’s time we stop, children, what’s that sound
Everybody look what’s going down
El nombre de la canción surgió cuando Stephen se la enseñó al directivo de Atlantic Ahmet Ertegum (qué gran prohombre!), y le dijo «I have this song here, for what it’s worth, if you want it.» («Tengo aquí esta canción, para lo que valga, por si la quieres, Ahmet»). Pues sí que valió, por suerte para nosotros.
Años más tarde, Stills y Neil Young, junto a Crosby y Nash, publicarían una composición de Young, «Ohio». En su contenido habla de «Cuatro muertos en Ohio» homenajeando a cuatro estudiantes que habían sido matados a tiros en la Universidad de Kent State durante una protesta contra la guerra del Vietnam. En esos momentos, la violencia creciente de la que se avisaba en «For what’s worth» tristemente se había hecho realidad.

Un 9 de enero de 1943 nacía en Ohio (Ojáio) una de las mejores voces de la música pop, Scott Walker.

MIra qué interesante se pone para la foto
Primero con The Walker Brothers y luego en solitario, ha ido engordando su lista de lista de «deudores» de su arte: desde Bowie (que nació un día antes que él) hasta Richard Hawley, pasando por Nick Cave.
El temazo del vídeo es de Burt Bacharach (cómo le odio…), «Make It Easy On Yourself» («Relájate», en castellano) y algún día os gustará, si no os gusta ya. Digo yo.
El bueno de Dave nació un día como hoy del año 20 del siglo XX (aunque la wikipedia le echa dos más). Y sigue en pie. Y tenemos que felicitarle por su contribución al moldeado del sonido de New Orleans en los años 50, y por estar detrás de canciones como «Ain’t That a Shame», » «Blue Monday», «I’m Walkin'», todas ellas con su colega Fats Domino, «I Hear You Knocking» que haría famosa Dave Edmunds en los 70, «One Night» para Elvis Presley o «My Ding-a-Ling», que se apropiaría el Chuck Berry maduro de los 70.

Creo que es suficiente como para felicitarle, ¿no?
https://www.youtube.com/watch?v=xbfMlk1PwGU
Desde que los premios Pop-Eye abandonaron su cuna cacereña y se trasladaron a Trujillo, hace dos años, el fin de semana de la gala siempre comienza en la cafetería del hotel Victoria. Y yo siempre llego allí más perdido que Jarvis Cocker en el Viña Rock. De hecho, en un momento de mi deambular entre grupeto y grupeto, sin saber dónde colocarme, me dijo una rubia alta: “¿Qué? ¿Perdido, no?”. Yo me cargué de seguridad y le dije “Sí, pero en determinados momentos me gusta estar perdido”. Mejor eso que reconocer que nadie me abría el círculo para dejarme entrar en sus conversaciones. Al día siguiente, la rubia alta daría que hablar. Y mucho.

La rubia alta. Amor a Roma.
Foto: Agata Sandecor
Esa desorientación se debe en parte a causas naturales – “Es un chico muy reservado”, “Sólo habla lo justo” – y en parte a no haber hecho bien mis deberes, a no haber estudiado a fondo la lujosa nómina de premiados, de invitados o de mi propio equipo. Cuando pueda dedicarme sólo a esto, todo cambiará. Lo prometo.
Una vez reunidos todos, comenzó la ascensión a La Abadía por cuestas empedradas. Por suerte La Abadía no es una abadía, sino un local donde va a tocar Emilio Elegante, premiado por sus 30 años en la era pop. Tomaba el relevo de Lobos Negros como galardonado en la categoría, y de Los Nikis como elevadores del telón musical del fin de semana.
Entre canapés, patatera, cervezas y vinos nos vamos presentando y haciéndonos con la caravana pop de este año: nuevos en estas lides como Cosima Ruiz de la Prada salpicada de estrellas, Chema Conesa sentando cátedra sin darse cuenta, Emilio Elegante elegante, los chicos de Cycle dando vueltas…, mezclados con viejos conocidos ya de los Pop-Eye, como Paloma Concejero, Cintia Lund, Mariví Ibarrola, Javier de Juan o Javier Díaz.

Noche del viernes en La Abadía Foto: Agata Sandecor
El momento revival llegó con “La calle del ritmo”, “Mangas cortas”, “Dispararé” y un puñado de clásicos – sí, no nos libramos de “Luisa se va” – que desgranó Emilio liderando una banda creada para la ocasión, pero que promete continuidad. Al final tuvieron que repetir dos canciones del setlist, algo que se va convirtiendo ya en un clásico en la noche inaugural de los Pop-Eye. Después tocaba el momento DJ, donde Dj Yoyo, Mapache Transistor Dj’s y servidor amenizamos la velada. Yo salí huyendo tras prometerle a una lugareña insistente que iba a pinchar “Despacito” y poner “Blister in the sun”.

Foto: Agata Sandecor
El protocolo del sábado está bien definido. Hasta las 15 no hay nada gratis. Antes de eso hay que ir al Teatro, colocar la alfombra roja, o ver cómo la colocan, mejor dicho, preparar el photocall y procurar que todos los premiados estén a la hora convenida en el coqueto ayuntamiento de Trujillo para la rueda de prensa. Este año hay nerviosismo porque problemas de salud de última hora ponen en jaque la presencia de premiados como Luis Lapuente, Martirio o Soleá Morente. La última pudo vencerlos a tiempo (juventud, divino tesoro). Para los otros dos, siempre estará Angel Carmona.
La rueda de prensa – pregala para los más osados – discurrió fluida bajo la batuta de J.A. Olloqui, el padre de Max Betamax. En esta ocasión el alcalde optó por quedarse en segundo plano, ajeno a lo/la que se le vendría encima por la noche.

Rueda de prensa Foto: Agata Sandecor
El siguiente hito en la hoja de ruta propicia la romería cultural hacia el Museo de la Coria, situado en la parte monumental, junto a una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad. Es el momento de conocer y departir con todos los invitados en un entorno más distendido. Claro que yo, a partir del octavo canapé de patatera picante, opté por no abrir la boca. Sólo para beber. Y a continuación, la comida de confraternización y obligado descanso para afrontar con fuerza el plato fuerte del fin de semana: la gala.

Fotógrafas, directores de Premios Pop-Eye, pintores, escritores, alcaldes…
Foto: Agata Sandecor
A partir de las ocho van saliendo todos los premiados del Hotel Victoria, escoltados por los Buitres Leonados. El último en salir, el gran homenajeado de esta edición, Don Miguel Ríos Campaña. Embutido en un tres cuartos de cuero negro, plateado por las nieves del tiempo – 74 años le contemplan -, Miguel Ríos ejerció de estrella del rock en el patio del hotel, atendiendo amablemente a fans, conserjes de hotel y miembros del equipo de los Pop-Eye. Yo le podía haber llevado uno de mis elepés iniciáticos, “Rocanrol Bumerang” (1980), pero como no me gusta cargar con cosas ni que me firmen los discos, me conformé con saludarle y darle las gracias por todo.

Yo, hablándole de mi libro a Miguel Ríos, que para eso fui a Trujillo
Foto: Agata Sandecor
Por el photocall pasaron todos los agasajados, y más de un espontáneo de instagram fácil. mientras se iba llenando el patio de butacas y creciendo la expectación de todos los asistentes. Ese es el espíritu de los Pop-Eye, un espíritu expectante, nada conformista. Y para poco conformista, una chica rubia alta que me llamó “perdido” en el capítulo 1, la futura presentadora de la gala de los Goya – como mínimo -, Roma Calderón. Alguien que se llama Roma y se apellida como uno de mis mejores amigos en E.G.B. no puede fallar. Y no lo hizo.

Foto: Agata Sandecor
Si metemos en una batidora, o en una thermomix… No. Empezamos de nuevo. Si metemos en un mortero actitud, desenvoltura, cabaret, 180 minutos, música, emoción, improvisación, homenaje, burlesque, Breakfast at Tiffanys, descaro, tequila, Sea of Love, insolencia, carcajadas, inteligencia, arte y Pop, tendremos como resultado quizá la mejor gala de las 13 ediciones de los premios Pop-Eye. El año pasado Los Nikis nos hicieron corear en el mismo teatro aquello de “seremos todo un imperio”. Este año, el imperio fue romano. Quien apostó por Roma Calderón acertó de pleno. Va a ser difícil retenerla, como le fue imposible al Monaco retener a Mbappe.
En cuanto a los homenajeados, derrocharon corazón, humildad y gratitud, y coincidieron al tachar de no menos que temerario el ingente esfuerzo que supone la elaboración de cada gala de los Pop-Eye para reconocer al mundo de la cultura, del arte y del Pop. Bendita temeridad la de Juan Pedro. Y la nuestra por seguirle.

Foto: Agata Sandecor
Algunos highlights de la gala:

Foto: Agata Sandecor
Hace 50 años, Fernando Arbex – otro merecidísimamente reconocido por los Premios Pop-Eye, a título póstumo – escribió “El río”, y bajo sus acordes todos los premiados comenzaron a tomar el escenario en torno a Miguel Ríos para la foto de familia de otra gala más, para bajar el telón de una nueva edición de los Premios Pop-Eye, que deben seguir repartiendo amor y humor mientras haya arte, música y cultura que reivindicar.
Malcolm John «Mac» Rebennack venía al mundo un día como hoy del año 1940, así que hagan sus cuentas por si tienen pensado ir a tirarle de las orejas, allá donde se encuentre ahora.
Como Mac Rebennack es complicado de de pronunciar, al menos para los andaluces, adquirió el mote de «Dr. John, The Night Tripper», procedente de una médico vudú de Luisiana de comienzos de 1800. Es lo que tiene nacer en New Orleans, que lleva uno el vudú en la sangre.
Pues nada, felicitémosle oyéndole junto a Etta James
https://www.youtube.com/watch?v=pyMd19sE6U4
El 5 de junio de 1968, Robert F. Kennedy abandonaba el Hotel Ambassador de Los Ángeles cuando recibió un disparo que acabo con su vida. Cerca de él estaba un adolescente, Juan Romero, que fue el priemero que le ayudó, evitando que su cabeza tocara el suelo y diciéndole que todo iba a ir bien. Una mentira que Kennedy no tendría tiempo de procesar, ya que se desvanecía al momento.
Durante muchos años, Romero se culpó a sí mismo por la muerte de Kennedy, preguntándose si podría haber hecho algo para evitar el disparo o si Kennedy podría haber sobrevivido si no se hubiera detenido a estrecharle la mano.

A principios de este año, Romero dijo a The Associated Press en una entrevista rara que Kennedy inspiró su compromiso de por vida con la igualdad racial.
Juan Romero ha muerto hoy en un hospital de Modesto, California después de un ataque al corazón. Tenía 68 años.
Fuente: The Washington Post
Aretha Franklin (25 de marzo de 1942- 16 de agosto de 2018)