A sangre fría

Cuando fuimos a amordazar a Clutter y al chico, la linterna la llevaba él. Antes de que lo amordazara, Clutter preguntó, y ésas fueron sus últimas palabras, quería saber cómo estaba su mujer, si estaba bien. Y yo le dije que sí, que estaba bien, a punto de dormirse y le dije también que ya no faltaba mucho para que fuera de día, que entonces alguien los encontraría, y que a todos ellos, todo, yo y Dick y todo aquello les parecería como si lo hubieran soñado. Y no es que le estuviera tomando el pelo. Yo no quería hacerle daño a aquél hombre. A mí me parecía un señor muy bueno. De buenas palabras. Lo pensé exactamente así hasta el momento en que le abrí el cuello.

"A sangre fría" – Truman Capote (1965)

El diccionario del diablo

DEPRESIÓN.- Estado de ánimo producido por el chiste de un periódico, la actuación de un payaso o la contemplación del éxito ajeno.

DESTILERÍA.- Institución que se dedica a la confección y distribución de narices coloradas. 

INFORTUNIO.- La clase de fortuna que nunca se pierde.

MATRIMONIO.- Estado o situación de una comunidad  integrada por un amo, un ama y dos esclavos, que suman en total dos personas.

OCÉANO.- Masa acuática que ocupa las dos terceras partes del mundo creado para el hombre…que carece de branquias.

PROCESIÓN.- Reunión de idiotas confirmados, que no han cultivado el sentido del ridículo.

PROVOCACIÓN.- Decirle a un hombre que su padre fue un político.

RETRATO.- Representación en dos dimensiones de alguien que es insoportable en tres.

Ambrose Bierce – "El diccionario del diablo" (1906)

El rojo emblema del valor

El muchacho fue retrocediendo en la procesión hasta que el soldado andrajoso se halló fuera  de su vista. Entonces empezó a marchar con los demás.

Pero se hallaba entre heridos. El tropel de hombres avanzaba sangrando. A causa de la pregunta del soldado andrajoso, le parecía ahora que su vergüenza era algo  que podía percibirse. Iba continuamente mirando por el rabillo del ojo, para ver si los hombres estaban contemplando las letras de culpabilidad que sentía grabadas ardientemente sobre su frente.

A veces miraba a los soldados heridos con envidia. Le parecía que las personas con cuerpos lacerados debían de ser peculiarmente felices. Deseaba que él también hubiese podido ostentar una herida, un rojo emblema de valor.

"El rojo emblema del valor" – Stephen Crane

Otra vuelta de tuerca

Me sentí llena de angustia después de aquel momento tan extraordinario, pero sin experimentar, gracias a Dios, terror alguno. Y él supo que no tenía miedo…, al cabo de un instante me descubrí maravillosamente segura de mí misma. Sentí, con plena convicción, que si no cedía terreno por espacio de un minuto no tendría ya que preocuparme de él, al menos por el momento; y durante aquel minuto, en consecuencia, la aparición fue tan humana y tan horrenda como si el encuentro hubiese sido real: horrenda precisamente porque era  tan en carne y hueso como encontrarse a solas, al amanecer, en una casa donde todo el mundo duerme, con un enemigo, un aventurero, un criminal. Fue el silencio total de nuestra prolongada mirada a tan poca distancia lo que dio a todo el horror, enorme como era, su única nota anormal.

"Otra vuelta de tuerca" – Henry James

El corazón de las tinieblas

Me lo quedé mirando, perdido en el asombro. Allí estaba,delante de mí, en su traje de colores, como si hubiera desertado de una troupe de saltimbanquis, entusiasta, fabuloso. Su misma existencia era algo improbable, inexplicable y a la vez anonadante. Era un problema insoluble. Resultaba inconcebible ver cómo había  conseguido ir tan lejos, cómo había logrado sobrevivir, por qué no desaparecía instantáneamente. "Fui un poco más lejos", dijo, "cada vez un poco más lejos, hasta que llegado tan lejos que no sé cómo podré regresar alguna vez. No me importa. Ya habrá tiempo para ello. Puedo arreglármelas. Usted llévese a Kurtz pronto, pronto…"

 "El corazón de las tinieblas" – Joseph Conrad

El fantasma de la ópera

Y la risa del monstruo se alzó tan terrible que ya no oíamos el clamor suplicante de Christine… El vizconde de Chagny gritaba y golpeaba las paredes como un loco… Yo no podía contenerle… Pero sólo se oía la risa del monstruo…, y el monstruo mismo no debía oir más que su risa… Luego se produjo el ruido de una lucha rápida, de un cuerpo que cae contra el suelo y al que arrastran…, el estrépito de una puerta cerrada de un golpe, y luego nada, nada más que el silencio abrazado del medidodía a nuestro alrededor…¡en el corazón de un bosque de África!

"El fantasma de la ópera" – Gastón Leroux

Moby Dick

Los viejos siempre están desvelados, como si cuanto más tiempo lleve un hombre viviendo, menos quiera tener que ver con cosa alguna que se asemejase a la muerte. Entre los capitanes de barco, los viejos son los que con más frecuencia abandonan su litera para visitar la cubierta de noche. Eso era lo que le ocurría a Ahab, aunque últimamente parecía vivir tanto al aire libre que, a decir verdad, eran más bien de cubierta al camarote que del camarote a cubierta. "Parece como si bajara uno a su propio sepulcro", murmuraba para sí. "Cuando un capitán viejo como yo baja por esta estrecha escotilla a su camarote cree entrar en una tumba".