Con todos vosotros, el saxofón

Adolph Sax inmortalizó su apellido inventando un artilugio en el taller de instrumentos de música de su padre (siempre es bueno tener un padre con un taller de instrumentos de música, por lo que pueda pasar) a partir del clarinete. Corría el año 1840 y, como suele suceder en estos casos, le tomaron por loco. “Vaya tela el colega, llamar al instrumento con su apellido, como si yo invento algo y lo llamo el Perezfon”, comentaba, con cierta envidia, su compañero de clase Pérez Hinojosa. Total, que el chaval no se desanimó y en 1841 lo tocó en público por primera vez en Bruselas (no tenemos constancia de la acogida del concierto. He buscado en mis Rock De Lux antiguos y no viene nada).

Con el paso de los años fue perfeccionándolo, y fue Hector Berlioz quien compuso en 1844 la primera obra conocida para saxofón, llamada “Canto Sagrado”. La interpretaron Berlioz a la dirección y Sax con su criatura. No sabemos cuánto se llevó Hector.

En 1846 patentó su invento en París.

En 1854, Adolfo Sax fue nombrado en Francia como “fabricante de instrumentos musicales de la Casa Militar del Emperador”. La mar de contento que se quedó con ese nombramiento.

Qué orgulloso estaría papá Sax si levantara la cabeza

Y un día como hoy del año 1894 moría el bueno de Sax en París, donde sería enterrado.

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