¿Por qué los libros huelen a libro?

Mi amigo Félix, el mejor librero-rockero al sur de Despeñaperros (podéis visitar su tienda, http://www.agricolajerez.com/) me ha enviado por correo este articulito que versa acerca de libros, que me pareicó interesante y hoy os lo reenvío a tod@s vosotr@s, en este lunes cultural.

Diceeeeeeee:

 

Si tienen algun libro viejo y se les ha oscurecido, con ese color tostado uniforme de los libros que envejecen bien, ábranlo por cualquier página y entierren allí la nariz. ¿No huele a vainilla? El motivo, según descubrí hace unas semanas, es la Lignina.

La Lignina es el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal. Su trabajo es, a grandes rasgos, darle firmeza a la madera para que los árboles permanezcan erguidos más allá de los dos metros de alto y no los devoren los microorganismos y enzimas. Es, en definitiva, un endurecedor. Según leo, las empresas papeleras gestionan la cantidad de lignina de acuerdo a sus necesidades: mucha para el cartón y el papel de embalar, que deben ser resistentes y pueden ser de color marrón; menos para los periódicos (que total caducan en un día) y muy poca lignina para los libros, para que se conserven blancos el mayor tiempo posible.

Cuando la lignina se oxida, pasan dos cosas. La primera es que el papel amarillea, por eso nuestros libros viejos están tostados por los bordes y más blancos por el centro. La segunda es el olor. Aparentemente, la lignina es prima hermana de la vainillina, estrella de la industria perfumera desde que fuera sintetizada por Ferdinand Tiemann y Wilhelm Haarmann en 1874 a partir de la savia de pino. Por eso cuando entramos en una biblioteca llena de libros antiguos, entre el polvo y la madera, podemos oler la vainilla, el perfume favorito de los amantes de los libros y un reclamo natural que te hace querer quedarte en esos lugares maravillosos para siempre.

Lo libros nuevos tienen poca lignina; algunos no tienen ninguna y por eso cada vez amarillean menos y huelen siempre igual de mal.

El cosmonauta

Ha llegado a mis oídos la existencia del proyecto El Cosmonauta, un  proyecto de largometraje de Riot Cinema Collective que utiliza Internet para su financiación y distribución, de manera colaborativa y bajo licencias libres Creative Commons.

 

En su sitio web desvelan 5 cosas que hacen única esta película:
 

Uno
Tú produces la película mediante el sistema de financiación Crowdfunding (¿qué coño será esto?). Es decir, desde 2 euros puedes convertirte en productor de la película y siempre recibir algo a cambio. A partir de 1.000 puedes ser inversor y participar de los beneficios.

Dos
Todo lo que compras en nuestra tienda es dinero que aportas como productor. Compras por valor de 20€, aportas 20€ a la película.

Tres
Estrenaremos la película en internet, gratis y en HD. Porque creemos que éste es el futuro del cine.

Cuatro
Todo el proyecto es Creative Commons. Copia. Remezcla. Distribuye, incluso comercialmente. Gratis. Todo el material rodado, música, carteles, … a tu disposición. Sólo tienes que citarnos como fuente original y aplicar la misma licencia.

Cinco
Transparencia informativa. Te contamos en todo momento qué estamos haciendo. Nuestro modelo de negocio es el tuyo. Sin secretos.
 

 

El film transparente

Quería hablar sobre uno de los inventos más perversos del ser humano: el film transparente. Cuando era pequeño, esta aberración no existía, al menos en formato "home edition". Las industrias conserveras y eso seguramente lo utilizarían. Pero llegó un momento en que se comercializaron los rollos de film para envolver bocadillos y demás. Y yo tengo uno en mi casa (un rollo de estos dura tela marinera. Igual hasta me ha caducado).

 

Este invento no tiene más que inconvenientes, a no ser que lo tengas perfectamente colocado en uno de esos aparatos que venden para colocar y cortar el papel aluminio y el transparente (de estos aparatos del demonio también hablaremos otro día).

 

El primer inconveniente reside en detectar por dónde va el corte del rollo. Al final acabas abriéndolo con las uñas (si no te las  has mordido de la histeria) para poder empezar a sacar el dichoso film. Bien, una vez solventado esto ya parece todo más fácil. Consiste en ir desliando hasta obtener el tamaño adecuado con el que envolver el bocata en cuestión. Una vez calculado, viene lo bueno, que es cortarlo, y aquí hay que concentrarse. Olvidáos de las tijeras, porque tendréis que soltar una mano del rollo, dejando en libertad al malvado film, que se encogerá a las primeras de cambio, lo que será vuestra perdición. El primer intento de corte dadlo por nulo, como la primera rodaja del pan bimbo. Saldrá mal y se os arrugará el film. Al segundo intento iréis con mucho mimo rasgando cuidadosamente hasta que el film, en toda su extensión, se despliegue en el aire. Es un momento delicado, porque a partir de ahora el film tiende a buscarse a sí mismo y, conforme lo acercáis al bocadillo, se va cerrando en tu cara. Cuando por fin lo depositáis sobre el pan, el tamaño original se ha visto reducido a la mitad, lleno de pliegues. Al final envolvéis el pan malamente, con un trozo enano, dejando partes al aire.

 

Para acabar, a la hora de abrir el bocata para comerlo, estaréis conmigo en que no tiene nada que ver un bocadillo envuelto en su papel de aluminio, que el bocadillo pegajoso y reseco que aparece cuando quitas el puto plástico de los cojones, ome ya.

 

PD: ¿No os gustaba oler la mochila despuésde una excursión del colegio?

 

Estadísticas de carleso.com (2009)

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Primer artículo: Aprenda inglés durmiendo (22 de Octubre de 2006)
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El más comentado: El primer gazpacho de la temporada (204 comentarios)
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A ver hasta dónde llegamos.

 

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Los Enemigos

Los-Enemigos-Sala-Rrio

En vísperas de la Expo 92, ese acontecimiento que cambió la fisonomía, el pulso y la manera de pensar de la sociedad sevillana (…), se plantaron Los Enemigos en la Sala Rrio, en plena Calle Betis, después de haber sacado su cuarto trabajo, «La cuenta atrás».

Como fieles acólitos, allí acudimos, botellón en ristre, y cantamos y bailamos todos sus himnos. Al final del concierto, visita y colada obligada en el backstage (recuerdo que estaban rellenando el impreso de la SGAE, la primera vez que veía hacer eso, y la única), y risas con los miembros del grupo, jijijaja, y firmas varias. Recuerdo que felicité a manolo, el guitarra  solista, por el punteo final de «La cuenta atrás» (siempre me entra muy bien ese solito) y poco más.