Ensaladilla. Un clásico en nuestra mesa, aunque provenga de Rusia.
Patatas bravas. En Madrid, las mejores.
Cazón en adobo. Lo que antaño era un recurso para alargar la vida comestible del pescado, enmascarando su sabor, es hoy un manjar, sobre todo en el sur.
Boquerones en vinagre. Tapa fresca y ligera. Cuanto más fuerte de vinagre, mejor.
Salmorejo. ¿Qué serían de los veranos andaluces sin este entrante que, convenientemente adornado (huevo, jamón…) puede dejarte saciado (pareado)?
Pulpo a la gallega. Aunque yo no soy pulpero, me gusta ver un buen plato de pulpo, y comerme los trozos más pequeños.
Pincho de tortilla. Tapa patriótica por excelencia. No conozco a nadie a quien no le guste.
Papas aliñás. Con su cebollita, con su perejil, estas son las papas que me gustan a mí. Pom pom.
Aquí empezaba lo bueno del viaje. Lo anterior era como el calentamiento de los partidos de fútbol y los 5 primeros minutos de tanteo (esos minutos en los que el Real Madrid siempre recibe un gol tonto).
La idea era ir recorriendo la parte occidental de Escocia, la más bonita. Para eso la ruta era ir subiendo por la A82, viendo y parando donde se nos antojara, hasta encontrar un sitio donde hacer noche.
La noche anterior nos quedamos en que no vimos ni un B&B. Pues bien, fue salir del hotel y encarar la A82 y empezar a ver bonitas casas con su cartelito de B&B, una detrás de otra. Nos miramos, y seguimos nuestro camino, mirando el asfalto, gris como el cielo. En este punto hago una sugerencia: no os olvidéis llevar un paquete de pipas Tijuana a Escocia. Es un placer y un lujo conducir por esas carreteras hacia los highlands comiendo pipas Tijuana (parezco Pepe Domingo castaño, pero no me llevo comisión ni nada, ome, tan sólo comparto mi experiencia).
Hay que avisar que la A82 ya no es autopista, es de doble sentido en su mayoría, y hay que tener más cuidado. A mí me resultaba especialmente complicado no meterme en el arcén izquierdo (que no hay), dada la anchura del coche (quién me mandaría a mí alquilar un monovolumen) y la inexperiencia de conducir al revés. En una de estas se me salió el coche y al dar un volantazo para volver me planté en medio del carril contrario. Menos mal que no había nadie de frente, porque hubiese sido chungo. Bueno, hecha esta advertencia, comenzamos a bordear uno de los lagos más grandes, el Loch Lomond(en la carretera veréis varios miradores con merenderos, muy bonito todo), y llegamos a Luss, donde hicimos una parada para encontrar un pueblo muy pequeñito y muy bien cuidado, encantador, al pie del lago.
El Loch Lomond desde Luss
Seguimos hacia arriba, en dirección a Tarbet, cruce de caminos. Ahí había que decidir si seguir al Oeste o hacia arriba, y optamos por lo segundo. Pegaditos al Loch Lomond, pasamos por Inveruglas, donde hay un mirador, Crianlarich, y continuamos disfrutando del paisaje hasta el emplazamiento de Glencoe, a orillas del Loch Leven. Allí hay gasolinera, supermercado… en fin, servicios. Y allí, por fin, dimos con nuestor primer B&B. Una casita preciosa (llamada Inchconnal) con su cartel de VACANCIES colgado.
Nuestro primer B&B. Pusimos el cartel de «No Hay Billetes»
Llamamos al timbre y salió una señora muy saludable, rondando los sesenta. Con la frase estudiada y nuestra mejor cara de guiris decentes:
– Hello! Have You got any room?
La señora, descalza y con su libro en la mano, nos hizo pasar a su hall, todo enmoquetado, y nos dijo que nos podía enseñar la habitación si queríamos, que el precio era de 22 L por persona. Es la primera vez que no me siento incómodo ante una persona descalza. La señora transmitía serenidad, placidez y confianza, así como inteligencia. Es más, tenía toda la pinta de resolver crímenes en sus ratos libres. Seguro que ella sabe qué pasó con Maddie. Total, que mientras la mujer volvía al salon con su libro y su cocker, nosotros nos adentrábamos en su casa a dejar nuestros bártulos. Me sentía el hijo escocés que vuelve a casa después de estudiar perito agrícola en Sevilla.
El Loch Leven visto desde Glencoe
Luego, mami nos preguntó qué tipo de desayuno queríamos para el día siguiente. Como el desayuno escocés tenía más cosas que el europeo, e iba en el precio, dijimos que el escocés (luego me lamentaría de mi avaricia, pero no adelantemos acontecimientos). Por la tarde, recorrimos el Loch Leven, lo cruzamos, vimos Kinlochleven, fotitos y tal, y por la noche a cenar a un sitio recomendado (cómo serán los no-recomendados…). Bueno, pasé el trámite comiendo una reseca pechuga de pato con ketchup por encima y zanahorias y guisantes cocidos, pero de los congelados… y sólo por 8,50 libras el plato, ome…
Cuando el mayordomo hubo salido, me acerqué a la negra ventana y, a través de los empañados cristales, contemplé las veloces nubes y la silueta de los árboles que agitaba el viento. Aun en el interior, la noche era inclemente. ¿Qué no sería, pues, en una cabaña en medio del páramo? ¿Qué pasión, qué odio puede dominar a un hombre para llevarle a ocultarse en un lugar tal y con un tiempo como ése? ¿Y qué ferviente y ansioso propósito puede tener ese hombre para no reparar en pruebas tan duras? Allí, en la cabaña del páramo parece residir el meollo del problema que tanto me inquieta. Prometo que no pasará un día más sin que haga todo lo que esté al alcance de la mano del hombre para llegar al origen del misterio.
"El sabueso de los Baskerville" – Arthur Conan Doyle
Este es un tema de su último disco, de este mismo año (downloading) "Electronic Projects For Musicians" , homenajeando a Stephen Colbert, un cómico norteamericano que yo desconocía.
Teófila pide que el aeropuerto se denomine ‘de Cádiz-Jerez’
El portavoz del Gobierno local, Casto Sánchez, ironizó ayer sobre las declaraciones realizadas por la alcaldesa de Cádiz, la popular Teófila Martínez, en las que anunció que ha solicitado al Ministerio de Fomento que el aeropuerto de Jerez pase a denominarse ‘de Jerez-Cádiz’ o de ‘Cádiz-Jerez’.
Casto Sánchez, que se tomó con buen humor la petición de la primera edil gaditana, consideró que esa solicitud es «como si nosotros aprobáramos mañana en la junta de gobierno local solicitar que el puerto de Cádiz pase a llamarse ‘de Cádiz-Jerez’ o ‘de Jerez-Cádiz’, no nos pelearíamos por qué nombre va primero«, manifestó el primer teniente de alcalde en sintonía con lo dicho por Teófila Martínez.
Siguiendo el hilo argumental de la alcaldesa gaditana, Casto Sánchez Mellado añadió que «igual que, en su opinión, los turistas alemanes que lleguen al aeropuerto de Jerez sabrían que están en la provincia de Cádiz, con la nueva denominación del puerto de Jerez-Cádiz, los turistas que llegaran en barco sabrían que Cádiz está cerca de Jerez, una ciudad famosa en todo el mundo por su vino sherry, su flamenco y sus caballos. Y así -dijo Casto Sánchez- los turistas sabrían exactamente dónde están».
Amaneció lluvioso en la ciudad portuaria de Liverpool, y fuimos directamente al punto señalado: el museo de los Beatles, en Albert Dock. ¿Aparcamos en la puerta? Hay un párking. No, hombre, te clavan 2 libras por hora por aparcar en la puerta del museo. Salgamos fuera, a otro parking, y andemos un poco. Mira un subterráneo, allá vamos. 2 libras la hora, ya no podemos dar marcha atrás. El tiro por la culata, y la muesca sin poner aún.
Bueno, llegamos al museo (12,50 £) y estuvimos un par de horas la mar de entretenidos con las peripecias de los de Liverpool, viendo las guitarras que usaron los Quarrymen, mirando por el periscopio del submarino amarillo…. y veinte minutos (los más sangrantes del viaje) en la tienda anexa. Y bueno, ya era hora de ir a Escocia, que a eso íbamos. Tras intentar pasar por Anfiel Road y tener que pagar dos veces un peaje en un túnel por equivocación (el Tom Tom no hace milagros), decidimos que íbamos a lo que íbamos, a Escocia, coño.
Así que enfilamos la M6 con sus tres carriles armados de paciencia a eso de las dos y media o tres de la tarde. Llegamos a Glasgow más o menos a las ocho, haciendo varias paradas para poner el corazón en su sitio. Como en Glasgow no se nos había perdido nada, marcamos un pueblo en el mapa para pasar la noche. Dumbarton fue el elegido.
Salimos de Glasgow (de noche, lloviendo, cansados…) por la A82 en dirección al Oeste y, a los pocos kilómetros dimos con Dumbarton y nos adentramos en el pueblo a buscar un Bed&Breakfast, que nos han dicho que en Escocia es lo que se lleva y que está minado de ellos. Bueno, pues para empezar recorrimos medio pueblo y nada. En una de estas (de noche, lloviendo, cansados…), me paro en una rotonda, miro (a mi derecha, siempre a mi derecha!!), no viene nadie. Le doy para mi izquierda, y me veo un coche encima mía. Toque. Beat.
La cara que se me quedó tras el toque
Me bajo (de noche, lloviendo, cansado…) y del otro coche sale John Locke, de Perdidos (en Escocia hay muchos calvos iguales), y empieza casi a chillarme en inglés, claro. A mí los calvos con pliegues en el cuello me imponen mucho, pero en esa ocasión ni me inmuté. Yo sólo buscaba cómo decir “rotonda” en inglés. Acudiendo a mi inglés Pop repasé mentalmente la discografía de Dylan (seguro que habla de rotondas en alguna canción) (y Frank Zappa seguro que tiene un LP dedicado a las rotondas). Me vinieron a la cabeza canciones de Dylan relacionadas con coches como “From a Buick”, “Highway 61”, incluso “Fast cars” de Buzzcocks, pero no daba con la tecla, mientras el calvo seguía clavando sus grises ojos en mí y diciendo cosas raras. Yo sólo acertaba a decir “I was inside the circle!!”, para que entendiera que yo ya estaba en la rotonda cuando él me endiñó. Total, que encima metió la calva en mi coche para rellenar los datos sin mojarse. Me escribió su nombre y su dirección (7 líneas, vaya dirección) y yo le dí mi nombre y mi matrícula y me cagué en toda su familia y en Benjamin Linus. “Vamos a salir de esto ya”, era lo más repetido en aquellos momentos. Es que venía que ni pintado, vaya.
Al salir del incidente (de noche, lloviendo, cansados…) me metí de nuevo en la carretera, pero por el lado derecho, europeamente, inconscientemente. Hasta que un tráiler que venía disparado contra mí me iluminó con su fogonazo y pude reaccionar a tiempo (en ese punto me pensaba si no sería más conveniente llevar el corazón en un tarrito).
Pude abordar luego a un taxista, al que le di la noche preguntándole por algún sitio donde dormir. Escocés y jerezano en dura pugna en pos del entendimiento entre los pueblos, pero nada. Entre que yo estaba bloqueado y agobiado (y mi inglés es inglés-Phil-Spector), y el taxista lo único que quería era seguir leyendo su periódico (a esas horas), estuvimos cerca de 15 minutos dando manotazos. Al final me hizo hasta un croquis el buen hombre tras bufar una veintena de veces, aunque si yo hubiera insistido seguro que nos dejaba dormir en su taxi. Abajo, el croquis. Tengo pruebas de todo:
Siguiendo las instrucciones del mapa del tesoro del pirata Morgan, encontramos The Milton Inn, donde pasamos la noche por 58 £. Tampoco era tan caro por dos vidas humanas. (Ahora, con el paso de los días, me doy cuenta de que si hubiera interpretado bien el mapa, hubiera encontrado el B&B pasando el Hotel…)
A la hora que era (21:30) sólo nos dieron de cenar alitas de pollo súper picantes (a lágrima viva) y champiñones en “salsa”. Nuestra primera experiencia en Escocia no había sido muy grata, pero eso no nos iba a arredrar. Menudos somos nosotros.
Arriba, el libro de visitas del monumento a William Wallace (Mel Gibson), en Stirling. Abajo, el monumento propiamente dicho.
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