No soy yo mucho de Sigur Ros, pero cayó en mis oídos el otro día este tema, épico como él solo (ideal para derrumbar el muro de Berlín o para derrocar a un dictador), y me ha atrapado.
Aquí va, dedicado a todos sus fans, entre ellos mi amigo Edu, que recomienda siempre asistir a un concierto de los islandeses (13 de noviembre en Barcelona, 12 de noviembre en Madrid), así como la gran mayoría de la crítica y público, mi pare el calvo incluido.
Podéis comprobar la fiabilidad de su directo en el video de abajo.
Si queréis la traducción del título, "Við spilum endalaust", y mi islandés no me falla (desde 8º de EGB no he vuelto a estudiar islandés), significa algo así como "Venga, va".
Bueno, pues que pasen un fin de semana bonito y épico.
Hace 426 años, el papa Gregorio XIII hizo una de estas cosas que me gustan a mí: Pasó del 4 de octubre de 1582 al 15 de octubre de 1582. Se comió diez días, y todos tan contentos. Pero, ¿y las criaturas que celebraban su cumpleaños entre el 5 y el 14? ¿y la gente que se iba a casar y tenía la iglesia reservada, y el convite y la Orquesta Fresa y Nata contratada, entre esos días? ¿y el que tenía que cobrar en alguno de esos días? ¿y el que tenía comprada la entrada para el fútbol, o para un concierto en esas fechas? Pues nada, del 4 al 15, oigan. Porque YO soy el Papa. Y este es MI calendario.
La reforma gregoriana nace de la necesidad de llevar a la práctica uno de los acuerdos del Concilio de Trento: el de ajustar el calendario para eliminar el desfase producido desde un concilio anterior, el I Concilio de Nicea, de 325, en el que se había fijado el momento astral en que debía celebrarse la Pascua y, en relación con ésta, las demás fiestas religiosas móviles. Lo que importaba, pues, era la regularidad del calendario litúrgico, para lo cual era preciso introducir determinadas correcciones en el calendario civil. En el fondo, el problema era adecuar el calendario civil al año trópico (supongo que no he de aclarar qué es un año trópico) (cae por su propio peso) (un año trópico) (la misma palabra lo indica, trópico, a-ño tró-pi-co) (vamos) (vamos a salir de esto ya).
En el I Concilio de Nicea se determinó que se conmemorase la Pascua el domingo siguiente al plenilunio posterior al equinoccio de primavera (en el hemisferio norte; equinoccio de otoño en el hemisferio sur. Esta aclaración mola, ¿eh? Todo cobra sentido). Aquel año 325 el equinoccio había ocurrido el día 21 de marzo,pero con el paso del tiempo la fecha del evento se había ido adelantando hasta el punto de que en 1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó en 11 de marzo.
Así que Gregorio XIII arregló el problema con mano de hierro.
He leído hoy en [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] que ha fallecido uno de los mejores fotógrafos del jazz de todos los tiempos, William Claxton, a los 80 años de edad.
¡El día amaneció soleado! Y esa sería la tónica dominante hasta el final del viaje.
Lo primero era explorar un poco la isla, que para eso nos habíamos gastado 25 £ en el ferry. Así que recorrimos toda la parte norte de la isla, bordeando el mar, por la A87 hasta que se acaba y entras en la A855, que sólo permite el paso de un coche, habilitada con multitud de «passing places» ¿Me paro yo o te paras tú? A ver quién tiene más sangre fría y el seguro a todo riesgo. Así, vimos el castillo de Duntulm (lo que queda de él, mejor dicho) desde la carretera, la fabulosa cascada de Kilt Rock (aquí hay que pararse), los acantilados cercanos… Hasta cerrar el círculo llegando de nuevo a Portree, desde donde fuimos bajando para salir de la Isla de Skye por el puente de Kyle Of Lochalsh.
Kilt Rock Waterfall
El siguiente punto (turístico por excelencia) marcado estaba en Dornie (Bornos en castellano ), para ver el Castillo de Eilaan Donen (5 £). Siguiendo la A87, nos plantamos allí en ná de tiempo, y vimos el bonito castillo donde se crió Christopher Lambert antes de saber que era inmortal y pésimo actor (todo eso es malo para nosotros, el público, que tendremos que aguantarle de por vida…y las generaciones venideras…). Después de esto, tomamos la A890 para ir en dirección Inverness.
Peazo castillo, primo
En esta carretera no hay mucho que ver, la verdad, tan sólo salir de ella cuanto antes (vamos a salir de esto ya). Desemboca en la A835, donde sí hicimos una parada para ver las cascadas de Roggie Falls (en la foto de abajo). Muy bonito el senderito y las cataratitas.
Cascadas de Roggie Falls
Lo siguiente era llegar a Inverness y hacer noche allí o en los alrededores. Bucólicos y campestres como veníamos, el choque con las afueras de Inverness no fue agradable. Carreteras anchas, tráfico, edificios altos… Se veía que llegábamos a una ciudad importante, la más importante desde que dejamos Glasgow. Pasamos de largo y subimos hasta Nairn. Toda la zona colindante a Nairn es bastante agradable. Me da a mí que es zona de turismo y de gente acaudalada. Visitamos Ardesier, pequeño enclave que da al mar (Moray Firth), cerca de donde está Fort George, un fuerte que, en tiempos, defendía la bahía de Inverness, muy bien conservado (al menos desde fuera, jeje). En Nairn encontramos un B&B (Fonthill, al final de la carretera que cruza el pueblo) a 23 £ regentado por una señora encantadora (a la cual le pedimos encarecidamente huevos revueltos para desayunar –scrambled eggs según el diccionario- al día siguiente, para no repetir errores del pasado).
No es un campo de golf, es un parque en Nairn
Para cenar nos fuimos a Inverness, viernes por la noche, con bastante bullicio hooliganiano en las calles. Cena en italiano, copa y música en directo en un pub del centro y poco más. Allí vimos a los primeros canis escoceses, que no desmerecen en nada a los patrios (acelerones, música a toda ostia, risotadas, drogas…). De vuelta a casa, se ve que el locutor de la BBC había entrado en carleso.com y homenajeó a Gram Parsons con la canción con la que le homenajeé yo en la web el día de su muerte. Todo un detalle.
Este tema es una versión de una canción italiana, "Piangi Con Me", que popularizaron en 1967 The Grass Roots, y tiene todos los efluvios del verano del amor. Su mensaje, totalmente hippie. Totalmente punkie. Qué cosas, ¿eh?.
Esta versión corre a cargo de los británicos Bevis Frond, que aún siguen en activo desde 1987. Carne de recopilatorios noventeros.
¿Os suenan los coros? Son copiados de un gran tema de The Drifters, "I count the tears".
Tras levantarnos en casita, mami nos tenía la mesa preparada en la planta baja. La jarrita con el zumo de naranja, el pan, las tazas para el café, para nuestro desayuno escocés. Nos sentamos, y al rato apareció ella, radiante (acabaría de solucionar algún crimen) trayendo dos enormes platos. Cuando yo vi aquello se me cayó el alma a los pies. Aparte de un huevo a la plancha, lo demás no me gustaba, ni su pinta ni su olor. Unos champiñones (que no me gustan), un bacon gelatinoso, con pinta de crudo, y una especie de hamburguesa cuyo olor me repelía… Me comí el huevo mirando de reojo a sus compañeros de plato. Hice el intento con la hamburguesa..y no pude… Lo mismo con el bacon. Yo sólo veía la sonrisa que la que mami nos había depositado el plato en la bandeja. ¿Cómo se lo iba a dejar entero? En un restaurante, vale, pero ¿en su/nuestra casa? A mi cabeza vino el sketch de Mr. Bean con el steak tartar. Por suerte, llevaba un pantalón de esos que lleva la juventú, con muchos bolsillos y cremalleras. Manos a la obra, Operación Exterminio, y cuando no había moros en la costa, fui rellenando mis bolsillos con los trozos de bacon y con la hamburguesa. Los champiñones decidí dejarlos en el plato. Tras esto, nos despedimos del marido de la señora, le pagamos y salimos denuestro primer B&B. En la primera papelera que vimos recuperé mi apariencia normal deshaciéndome de las carnes que había metido en mis bolsillos. Así que, recomendación al canto: pantalones “desenfadados”, con bolsillos y cremalleras.
Bueno, tras el incidente gastronómico, pusimos rumbo al norte, por nuestra querida A82, claro. ¿Bordeando algún lago por casualidad? ¡Pues claro! El Loch Linhe. Así, pasamos por Ballachulisch (¡dos cojones con el nombre!), Onix, y algunos pueblos más hasta parar en Fort William, la ciudad donde más llueve de Escocia (300 días al año), y el pueblo más “desarrollado” de la zona. Tiene calle comercial, bastantes bares, iglesias, farmacia, supermercados y tiene pinta de bullicio nocturno. En general no nos gustó nada. Como punto neurálgico para repostar o comprar vívieres (o mórtires si estáis muertos, jajejijoju, que me parto solo) es ideal, pero por lo demás no nos dijo mucho. Al menos nos rirvió para «repostar» música y comprar tres CD’s baratitos para el coche, porque la BBC Gaélica no está mal, pero cansa… Así, compramos Billie Holiday, una recopilación de folk patrio y uno de Astrid, grupo de los 90 procedentes de Glasgow producido por Edwyn Collins y que ha sido una agradable sorpresa, muy en la línea de Teenage Fanclub.
En Fort William llueve mucho, que te lo digo yo
El siguiente punto ineludible en el camino es Glenfinnan, donde se erige el monumento a Bonnie ‘Prince’ Charles (no confundir con el alegre cantante Bonnie ‘Prince’ Billy). Se erige justo en el sitio en el que desembarcó Charles para luchar contra los ingleses y devolverle el trono a los Estuardo (luego le darían hasta en el cielo de la boca, pero el hombre lo intentó). Monumento aparte, los alrededores son bucólicos y evocadores. Y bucólica y evocadora se dibuja la carretera a partir de aquí, rodeada de vegetación, sinuosa y llena de conos (en los almacenes de la DGT de Escocia no hay ni un cono, están TODOS colocados en las carreteras).
Este es el monumento en cuestión
Seguimos rumbo al norte pues la idea era alcanzar la Isla de Skye, para lo cual hemos de tomar un ferry en Mallaig. Tras parar en Arisaig a ver si veíamos alguna foca de género animal, sin éxito, llegamos a Mallaig con un temporal, viento, lluvia…un infierno, vaya. Entramos en el ferry (dos personillas + coche: 25 £), y en media hora estábamos desembarcando en la Isla de Skye. Allí siempre llueve, dicen. Para domir elegimos la ciudad más grandecita de la isla, Portree, a unos 40 km del punto de desembarque, pintoresco pueblo pesquero. Esta vez no fue un B&B, sino un Guest House, algo así como un hostalillo, pero más familiar. En plena plaza del pueblo, nos alojamos en Bay Viewhouse (23 £ por cabeza).
Puerto de Portree
Para cenar buscamos el sitio menos británico del pueblo, el Café Arriba. Al menos había pasta y mussaka, se acabó el cenar con bacon y el ketchup. Para tomar la última fuimos a The Islands, el típico pub escocés. Allí, desafiamos al camarero pidiéndole dos gin tonics, cogimos dos taburetes (uno para cada gin tonic) y nos sentamos entre los parroquianos, siendo testigos mudos de su charla (poniendo cara de atento, como si entendiéramos, hasta que uno me preguntó algo y me puse a mirar al techo, disimulando). Al rato llegó un señor, enchufó un violín a un Marshall, llegó otro con un acordeón más grande que él, y otro con una guitarra acústica, y empezaron a tocar amenizando la tarde-noche lluviosa. ¡Viva el folk! ¡Viva la lluvia!
Felicidades John Lennon, y me cago en la madre de Mark David Chapman. Es una de las pocas personas a las que me hubiera encantado conocer en persona, quizá a la que más (cuando era pequeño habría dado mi álbum de cromos por haber entrado en el vestuario del Real Madrid y saludar a Santillana, Stielike, Juanito…). ¿El mejor músico de todos los tiempos? Este tema se lo dedico a mi amigo Jesús, porque le encanta y se lo merece.
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