Hay tumbas que impresionan por su grandeza escultórica —la de Charles Pigeon sin ir más lejos—, y hay otras que impresionan justo por lo contrario: por lo poco que cuentan aparentemente. La de Salvatore «Sal» Naturile es de estas últimas. Una simple losa gris compartida con su padre, con apenas un nombre y dos fechas: 1954-1972. Dieciocho años.

Nada en la piedra indica que ese nombre está relacionado con uno de los sucesos criminales más célebres de la historia reciente de Nueva York, ni que acabaría inmortalizado en una de las películas más aclamadas del cine estadounidense.
El atraco que paralizó Brooklyn
El 22 de agosto de 1972, Sal Naturile, de apenas 18 años, participó junto a John Wojtowicz en el intento de atraco a una sucursal del Chase Manhattan Bank en Brooklyn. Lo que debía ser un golpe rápido, vámonos que nos vamos, se torció desde el principio: llegaron después de la recogida de efectivo diaria, encontraron apenas 1.100 dólares en caja y, al intentar quemar los registros del banco, el humo alertó a la policía. El robo se convirtió en una toma de rehenes que se prolongó durante casi 14 horas, con cientos de policías y curiosos rodeando el banco y las cámaras de televisión retransmitiendo en directo. Un show. Naturile murió abatido al final del enfrentamiento.

La historia, tan absurda como trágica, fue recogida por la revista Life en el reportaje «The Boys in the Bank», que sirvió de base para el guion de Frank Pierson y la película que Sidney Lumet (recuerden, se pronuncia Lumét!!) dirigió en 1975: Tarde de perros (Dog Day Afternoon), con Al Pacino como Sonny Wortzik y un jovencísimo John Cazale como Sal.
John Cazale, el actor que nunca perdió
Si el nombre de Sal Naturile sobrevive hoy es, en gran parte, gracias a la interpretación de John Cazale, uno de los actores más singulares —y más infravalorados— de la historia de Hollywood.
Cazale solo protagonizó cinco películas en toda su carrera: El Padrino, El Padrino II, La conversación, Tarde de perros y El cazador. Ahí es nada… Las cinco fueron nominadas al Óscar a Mejor Película; ningún otro actor en la historia puede decir lo mismo. Murió de cáncer de pulmón en 1978, a los 42 años, poco después de terminar el rodaje de El cazador.
Su encarnación de Sal Naturile —tímido, inquietante, tierno— es una de las razones por las que la película sigue funcionando medio siglo después. Y quizás sea justicia poética que, al visitar la tumba real del hombre que inspiró ese personaje, sea inevitable pensar también en el actor que le dio rostro.
📍 Evergreen Cemetery
Hillside, Union County
Nueva Jersey, EE. UU.



