«Carl y yo pasamos muchos años maravillosos juntos. No hay palabras que puedan describir el amor que compartimos durante más de 60 años»
Esas palabras las escribió Dolly Rebecca Parton el año pasado tras la muerte de su marido, Carl Thomas Dean, con el que llevaba sesenta años. Le conoció el día siguiente de su llegada a Nashville, en una lavandería, con tan solo 16 años.
Carl Dean fue, junto a otra pelirroja, el detonante de una de sus canciones más conocidas. «Jolene». Como se cuenta en «Mujeres con nombre de canción» (JC León, West Indies Publishing, 2018):
Al parecer, había una cajera de un banco local que le quería dar a su marido más interés del debido, y a él le encantaba ir al banco por la atención que le dispensaba. «Ella se enamoró terriblemente de mi esposo», dice Parton. «Y a él simplemente le encantaba ir al banco porque le prestaba tanta atención. Era como una broma entre nosotros, cuando le decía: ‘Diablos, pasas mucho tiempo en el banco. No creo que tengamos tanto dinero”
Carl siempre mantuvo un perfil bajo y discreto, alejado de focos y del mundo del espectáculo, dirigiendo una pequeña empresa de asfaltado. Quizá la libertad de la que gozó la cantante, fallecida ayer a los 80 años, fue una de las claves de su solidez matrimonial. «A Carl le gustaba dejarme estar casada y soltera a la vez», comentó alguna vez.
Desde su muerte, en el nicho familiar en el Woodlawn Memorial Park and Mausoleum de Nashville permaneció un hueco para su adorada esposa. Ahora, ese hueco será ocupado.






