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Esta nueva sección nace con el propósito de referenciar proyectos colaterales de artistas que nos gustan. Arreando pues con la primera singladura, los notables New Barbarians.
Fue a finales de los setenta, una década artísticamente esplendorosa para los Stones, cuando Ron Wood publicó Gimme Some Neck, quizás la cima de su discografía en solitario y un discazo con todas las letras para quien esto escribe.
A fin de promocionar la obra, Wood convenció a su compañero Keith Richards para configurar una banda que se completaría con el teclista Ian McLagan, a la sazón compañero de Ronnie durante su etapa Faces; el bajista jazzista Stanley Clarke; el saxo Bobby Keys, también enrolado en los Stones, y el baterista de los Meters, Joseph Zigaboo.
La efímera aventura funcionó exclusivamente en directo, estrenándose como teloneros de la banda madre en dos conciertos de Toronto, Canadá, en abril de 1979. Atención anécdota: fueron dos conciertos a beneficio de la asociación nacional de ciegos canadiense, organizados como parte de las prestaciones sociales que debía cumplir Richards tras haber sido condenado por posesión de heroína, ése equino.
Tras semejante debut los New Barbarians darían otros 18 conciertos en Estados Unidos durante el mes siguiente y llegaron a telonear a Led Zeppelin en el Festival de Knebworth, una convocatoria que congregó a 200.000 entusiastas de Sir Percival & Co.
Como toda gira que se precie, la mini ronda de los Barbarians cosechó su incidente de rigor después de que una horda de fans indignados la liaran gatuna porque un "artista invitado" secreto prometido en el cartel no apareció por el lugar (se dice y se comenta que estaba tomando cañas). Aquello ocurrió en la emblemática ciudad de Milwakee, a donde los Barbarians tendrían que regresar en enero de 1980 para que el promotor pudiese recuperar las pérdidas. Tocaron con otra alineación, ya sin Richards.
De acuerdo con su propósito fundacional, el cancionero de los Barbarians se componía esencialmente de canciones de Wood complementadas con alguna tonada stoniana y versiones de Dylan y tal. El propio Keith cantaba parte del repetorio además de sentarse alguna vez al piano y el tono general era ése rocanrol festivo, con ápices blues y alguna veta country que definió a los Faces y prendió entre la multifacética personalidad de los Stones. Qué esperaban.
Les dejo la grabación bootleg en tres partes y con carátulas de esos primeros bolos de Canadá. Sonido óptimo.
Y de propina uno que salió como oficial hace pocos años, de su actuación en Maryland. Se llama Buried Alive y el concierto está presentado por un pasadísimo John Belushi.
Publicado por: Centurión Gay |