Dylan vino al sitio donde yo nací, a tocarme (bastante fielmente) "Like a rolling stone", la mejor, o una de las tres mejores canciones de la historia.
Ya dijo Lou Reed que las estrellas de rock no se visten según el tiempo que haga. Aunque tampoco nadie esperaba ver a Dylan en bermudas, lógicamente. Bob se presentó a las 21: 35 en el fondo norte del Estadio Chapín (desde donde presencié el último ascenso de 2ªB a 2ª del Xerez) con un sombrero de anchísima ala gris, una chaqueta bastante intrascendente (por ser generoso), y un pantalón de chándal (vale, que no sería de chandal, pero esas rayas rojas a los lados le daban todo el aspecto). Con paso titubeante se aferró al teclado, miró a sus uniformados compinches y dió comienzo el recital interpretando con muy mal sonido "Leopard Skin Pill-Box Hat" (hay que ver que lo que uno lee en internet lo va divulgando por ahí sin ninguna documentación).
Uno espera ver a la mayor leyenda viva del Pop en un sitio abarrotado, desde lejos, en pantallas de video, bajo un montaje luminotécnico de impresión. Pero no, arrinconados en el fondo Norte, con la compañía de 5.999 criaturas más (la entrada media de un...por ejemplo...Xerez CD - Polideportivo Ejido...), a escasos metros del mito disfrutamos del concierto. Por mí mucho mejor. Cuando quiera venir a tocar al salón de mi casa le abriré las puertas y sacaré el Inistón. Y el montaje de luces, pues se lo podrían haber ahorrado casi. Con tres o cuatro linternas hubiera dado el pego también.
Pero, ¿qué más da todo eso cuando por fin reconoces "Tangled Up In Blue" (la primera que reconocí, yo soy muy malo para los puzzles)? Coño, está Dylan a 12 metros cantándome. ¿Pero es "Tangled up in blue"?¿O ha escondido al espíritu de Bob Marley con Tonny Bennet bajo el ala de su sombrero? "Reformas Zimmerman" es ajena a la crisis inmobiliaria. La primera en la frente. Pero tú no mires al público, Bob, no nos mires. Mira al guitarra de la Les Paul, que a veces parece que toca sólo correctamente y otras te pone los pelos de punta (me encantan los guitarristas así).
No puedes ver un concierto similar hoy día. Si quieres ver algo parecido tienes que ver a Bob Dylan. No hay sucedáneos, no hay imitadores que valgan. No busques más que no hay. Es Bob Dylan, en estado crudo. Sabe lo que tiene entre manos, el mayor legado musical del que nadie vivo puede presumir. Pero lo dosifica. Lo retuerce. Lo mezcla con recientes composiciones. Pero es que, además, alguna de estas, con apenas años de vida, ¡¡suenan a clásico!! Ese "Spirit on the water" sonó a gloria. Podía haber sido compuesta hace mucho, pero es del siglo XXI, de "Modern Times", cimiento del concierto.
¿Qué más da todo? Bostecé tres veces, sí, ¿qué pasa? ¿Tú no bostezas? Mis bostezos no son síntoma de aburrimiento. Vale que alguina canción se hizo un poco larga y que no estamos en la "Rolling Thunder Revue". Aún así, no le pondría ni un pero. Más cuando te saca a la hermana de "Girl Of The North Country". Una hermana que no conocía, pero con la misma letra. No sabría decir si más guapa o más fea que la original. Pero sí más alegre. Al menos tuve la sonrisa puesta mientras la oía, lo que no me ocurre cuando Johnny Cash y Bob desagarran la versión primigenia y acudo raudo al horno a meter la cabeza.
En definitivas cuentas, fue una lección de Historia. De blues, de country, de folk, de Dylan. Súmale a la mezcla la revisión (casi hipnótica) de "Masters Of War", "Highway 61", y remátala, como dije al principio, con "Like a rolling stone" (jau das it fiiil). Y aún hay quien duda de él. Y del concierto.
Al final, el jefe de obra y los peones de "Reformas Zimmerman" se mostraron humanos y nos hicieron extrañas reverencias desde el borde del escenario a modo de agradecimiento.
En el Fondo Norte de Chapín, Dylan ascendió de Primera División al Monte Olimpo. Talibán que es uno.
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