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Jurado me rozó la mano 09/08/2010
  Soñando a cara perro

En este período estival estoy soñando muchísimo. Esto de soñar es una cosa del todo normal, lo verdaderamente extraño es que me acuerde perfectamente de tantos hilos argumentales y detalles concretos. Hoy sin ir más lejos he retenido a la perfección dos de los rounds que he tenido el placer de sufrir esta madrugada. Muy especiales los dos. El primero muy largo, interminable, ya que aunque me desvelaba agobiado diciéndome que era tan sólo un sueño para poder salir de él, volvía a caer en éste de nuevo, una y otra vez. Qué pegajosa pesadilla, diantres... En ésta, intentaba escapar con dos amigos más, de una propagación de zombis en un pueblecito serrano, que empezó tímidamente por la mañana con la zombificación del tonto del pueblo, para terminar bien entrada la noche con el pueblo al completo muerto, pero viviente. Al final conseguí huir de la localidad solo, pero infectado por un mordisco... ¿Pasaría así a ser yo para el resto del mundo el mesías en potencia de la ultratumba? Cuánto honor...¿no les parece?... En el segundo sueño, también de acción, me encontraba en un campanario de una catedral con dos compañeros del trabajo, uno de ellos metamorfoseado en algún mandamás eclesiástico, ya que estaba ataviado con la típica e incómoda mitra cristiana. Hasta aquí todo perfecto, el problema era que, no sé por que motivo, el edificio tenía que ser derruído con cargas explosivas, pero con nosotros dentro, no me acuerdo el motor para tal condición, pero de alguna manera tenía que ejecutarse de esta manera el derribo... Verdaderamente hermoso era ver cómo se agrietaban los muros mientras bajabamos apresuradamente las escaleras de caracol de la torre, o cómo saltaban por la presión los cascotes a nuestro paso, o como los pilares del sacro edificio se desmoronanban perezosos entre nubes de polvo... Simplemente apoteósico, de verdad... Al final mis dos compañeros no lo lograron y murieron sepultados bajo toneladas de escombros. Sólo lloré la perdida del que no llevaba la indumentaria de supercura, que cuando no estoy dormido, es el compañero que se sienta a mi vera en el trabajo y al cual tengo en alta estima.


También digna de mención, es la sesión que Morfeo me regaló hace un par de noches. Era ésta una breve pero bella escena... En ella yo estaba sentado en un sofá muy aburrido, cuando de repente sentí una presencia a mis espaldas. Al girarme me encontré con Rocío Jurado que me tendía la mano mientras pasaba, yo extendí la mía también y nuestros dedos se terminaron por rozar cálidamente... Cuando ella hubo abandonado la habitación, al rato me pregunté confundido: "¿pero ésta no estaba muerta?"...


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Bicicleta Huffy para infantes 28/04/2010
  Soñando a cara perro



Sueño de hace dos noches... Pueeees, estaba yo en el parque de Yellowstone pegándome unos bañitos en el laguito de aguas sulfurosas... Por cierto, dicho parque no está en EEUU, sino a las afueras de Jerez, y además no es tan grande como pensamos, tiene tan sólo la extensión de un campo de fútbol; para colmo está vallado con malla de alambres, cosa que lo afea mucho para mi gusto. Habrá gente que le guste estar en sitios acotados para estar tranquilos, pero éste no es mi caso, lo garantizo... Pues eso. En el Parque Nacional de Yellowston... Cuando de repente siento, que todo lo que me rodea es tan tranquilo, tan bonito, tan bucólico... Tanto, que da asco. Me entran unas ganas de marcharme como un camión de grande (gran comparación ésta). ¿Qué me lo impide?, paso de naturaleza. Me voy. Cuando estoy saliendo del recinto, me encuentro en la puerta con uno de mis jefes; toalla al hombro, camiseta rosa, bermudas y chanclas. Le saludo. Le cuento que me vuelvo a trabajar y que me ha entrado agobio de tanto tocarme los güebo en el agua calentita. Él me deja caer que últimamente no rindo lo que debiera, coincido con él y nos despedimos cordialmente. ¡Cómo son los sueños! Me parto de risa... Al salir. En medio del carril de tierra, justo enfrente al acceso a tan reputado parque natural, me encuentro tirada la típica bicicleta americana, una de esas de freno a contrapedal, de la marca Huffy, para más señas. ¡Qué chachi! La levanto y me monto con ilusión. Pero caigo en la cuenta que es una bicicleta infantil, ya que voy hecho un ocho, comprimido por mis propias extremidades. Da Igual. Empiezo a pedalear en dirección opuesta a mi trabajo, que dicho sea de paso, está a escasos metros de Yellowstone. No es que quiera escaquearme otra vez del curro. No. Sólo quiero dar una vuelta a la manzana para probar tan exótica bici. Así que doblo la primera calle a la izquierda, que es un poco cuesta abajo. De repente, un ágil zombi, de un salto me aborda sobre la marcha. Del topetazo, destrona mis posaderas del sillín, quedando él sentado cómodamente en el mullido asiento y yo con mis nalgas separadas por el tubo curvo del marco de la bici yanki. Casi nos caemos. El zombi está aún más ilusionado que yo por el paseo, le dejo disfrutar, y empiezo a pedalear aún más fuerte. Mis rodillas chocan una y otra vez con mis antebrazos, pero aguanto el dolor como un machote. La velocidad aumenta a cada vuelta de pedal. La calle se acaba en un cruce con una carretera comarcal. Ambos gritamos de emoción. Adrenalina y dopamina, buen combinado. Pupilas abiertas como platos. Casi no queda espacio para frenar. Apuro temerario los últimos metros. No hay espacio, ya es un hecho. ¡¡AHORA!! Bloqueo con firmeza la rueda trasera con un giro a contrapelo del pedal. Las piedrecillas del camino provocan un derrape de sonido líquido detrás de mi. El zombi me hinca sus dedos huesudos anclándose a mi persona. Velocidad y ansia por parar, mala mezcla. La bicicleta se escora de atrás sin compasión y decido tirarnos de costado para frenar racheando con nuestros propios cuerpos, el invento del contrapedal no es tan eficaz como pensaba. Lo siento por el zombi. Yo me regenero. Él no. Catapún. Volteretas. Felicidad.


Quedamos sentados de culo y enfrentados, la nube de polvo que nos seguía nos termina por rebasar. Nos tronchamos de risa. Ya más calmados, mientras nos sacudimos el polvo de encima, el zombi me pide que le lleve a la venta del siguiente cruce a la izquierda, ya que tiene que repartir unos flyers de la fiesta zombi del viernes. Como voy para allá, no me importa y le llevo. Por el camino empiezo a sospechar que realmente no es un muerto viviente, sino un reclamo publicitario humano. Me despiertan...


Mejor así. La cuesta arriba cansa.


 

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Hopelessly Devoted To You 19/05/2009
  Soñando a cara perro



Últimamente me acuerdo de muchos sueños, éste me hizo mucha gracia, un sueño musical, como en las películas hollywoodienses... No os lo voy a contar con detalles, para no dar la brasa. Sólo os diré que tres personas muy queridas por mi menda y yo mismo, formabamos un grupo vocal de corte años cincuenta (para ser más exactos, constituíamos un conglomerado de músicos mixto y equilibrado en dos mitades iguales, en lo referente a los géneros humanos más comunes y extendidos hasta la fecha), con la única intención de actuar en la fiesta espectáculo de un instituto de bachillerato noruego, pero polucionado con los hábitos y vicios de los Estados Juntitos of America. ¡Maldita globalización!


Uno de los miembros del grupo (Ella) tenía una voz prodigiosa. Esto en un sueño es un lujo, ya que la sensación de escucharla es tan pura, que es como si una estrella te cantase al oido en la intimidad. No puedo decir lo mismo del resto de la banda. Los otros tres miembros: la siguiente señorita (Quién), la cual no logro recordar ahora despierto, no hacía nada, absolutamente nada, era el peso muerto. El otro componente varón que no era yo (Ello), tenía dispuesto un oído enfrentre del otro, entraba a destiempo y desafinado en todas sus intervenciones. Y yo (Navajasuiza), que además de cantar coros y ser guitarra, me ocupaba descentrado y comido por los nervios, en conocer los detalles organizativos del evento, como por ejemplo, en averiguar cuando nos tocaba actuar, cosa que no terminaba de acontecer, o en encontrar los instrumentos musicales que ibamos a tocar; por cierto, jamás en mi vida onírica he sentido más tristeza que la que sentí en esta sesión nocturna, al ver como una infinidad de guitarras eléctricas blancas de primera fila, habían sido diezmadas por la estupidez de unos adolecentes descuidados llenos de granos. ¡¡¡Coño, por favor!!!! ¡¡¡¡Qué estas guitarras pertenecen al soberano estado noruego, copón!!!! Bueno, bueno, ya me estoy enrollando mucho yo, el que no quería entrar en detalles...


Termino: No llegamos a tocar; me di cuenta que era un sueño y se rompió la magia. Pero presiento que hubieramos arrasado (Ustedes no vieron la actuación del soso jóven cómico de segundo de BUP, o a la desafortunada repetidora faquir de COU, todavía estarán limpiando la sangre de las paredes...) Os dejo con la canción que ibamos a interpretar, y me quedo corto al decir que nuestra versión era muchísimo mejor que la versión original.


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La araña 17/08/2008
  Soñando a cara perro



Extrañísimo sueño el de hoy: Policias buscando un cadáver. Fondeaban un pantano rodeado con una urbanización de vacaciones de altísimos edificios del boom turístico de los sesenta, al ladito del mar Mediterraneo. El asesino, créanme que lo era (aunque guardemos las formas). El presunto asesino, un enorme y bonachón hombre de negocios, poseía una araña zancuda, que empezó siendo arácnido faldero (según nos señaló su orgulloso dueño), pero que en la actualidad tenía el volumen corporal de un fox terrier, y la alzada de un gran pastor alemán macho. Este animal observaba curioso los acontecimientos y huía de las habitaciones cuando se hablaba de él. De carácter reservado, algo tímido; me resultó imposible acariciar su tupido lomo de pelo corto, no por su actitud casi siempre evasiva, si no más bien por el repelús que me levantaba su aspecto.


 

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Siete ombligos 01/07/2008
  Soñando a cara perro



Durmiendo una siesta mientras un ventilador de techo rondaba con sus aspas mi persona, soñé visionar una serie de televisión al más puro estilo Creepy Show, el argumento es el siguiente:


Este engendro de la ilustración de arriba, un supersiamés, vivía en el fondo de un oscuro lago, flotando en un habitáculo con televisión por cable. Se accedía a él a través de una larga chimenea sumergida a gran profundidad. No recibía visitas. Sus padres, siete parejas acomodadas del sueño americano, residentes en un barrio de lujosas casas de la periferia, guardaban este terrible secreto, fruto de un pacto tenebroso con no sé quién, o consecuencia de algún extraño experimento genético, digno del doctor Josef Mengele.


Vestidos de hombres ranas, las parejas se turnaban para subirle la comida en globos que hinchaban en la boca inferior de dicho tubo vertical. Este ser tenía siete hermanos, modelos ideales de humanos en la superficie, un superhombre por pareja. Ellos fundidos en un sólo cuerpo eran el despojo a ocultar.


Flotando entre desperdicios y restos de comida estos siameses de siete ombligos, comentaban lo que veían en la tele entre risas y mordaces comentarios. Vivían en la más plena ignorancia, como en el mito de la caverna de Platón... a mi yo telespectador le parecían simpáticos.


 

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Infección 10/06/2008
  Soñando a cara perro



Esta noche he tenido un sueño de los que a mi me gustan: Zombis. Bueno, zombis no. Mi subconsciente se ha puesto al día y a remozado la enciclopedia de los monstruos. Eran infectados. Yo hubiera preferido zombis, soy de los que les gustan disfrutar de los clásicos, pero el enano verde bibliotecario que ordena mi mente, decidió que infectados... menos da una piedra, que le vamos a hacer.


El principio del sueño me aparece sólamente silueteado, así que paso por alto el comienzo del mismo, y os cuento sólo lo que me acuerdo bien. Yo pertenecía a una fuerza de choque vestida de negro, con rifles, pistolas, ametralladoras, subfusiles y todas estas cosas que sirven para hacer pupa. Habíamos llegado a un área de servicio de una carretera comarcal, plagada de estos pobres diablos infectados. La entrada en ese cuchitril fue a tiro limpio, dejando el area segura en un santiamén. "Sincronicemos relojes" dice nuestro capitán, que se parece sospechosamente al George Clooney del bigotito de los anuncios de Martini. No sé a qué viene eso de los relojes... como si un infectado tuviera horarios que cumplir. Lo entiendo en un robo a un banco, al hacer estallar una presa burlando la seguridad, saltar en paracaídas, etc... pero la vida castrense es así, y no saben como las gasta el Clooney, así que como yo soy un mandao, hice como el que manipula el reloj y santas pascuas. De repente aparece por la puerta una mujer con sarna en la boca, los ojos vueltos y gritando histéricamente. Sin pensar mucho se dirigen  todas las armas al cráneo de esta nerviosa dama. Click, Click, Click, Click, Click... ¡Todas nuestras armas estan descargadas! Clooney, maldice al pelotón de inútiles que tiene bajo su mando y nos insta a recargarlas sin pedirlo por favor. Yo me dispongo a abrir la cajita de cartón dónde tengo las balas; La mujer se dirije a mi dando alaridos como una posesa; mi capitán me grita a la oreja preguntándome por mi madre;  Intento abrir torpemente la puta cajita como si llevase puesto unos gruesos guantes de esos que se usan en las industrias metalúrgicas. La logro abrir, menos mal,  y cojo... ¡¿una hilera de grapas de patas largas???!!!! Mi cajita de las municiones está llena de recargas de grapadora de oficina, de patas largas y cortas. La infectada chillando como una loca empieza a empujarme restregando su entrepierna violentamente contra mi pierna derecha, el Bueno de George pega su boca a mi oído izquierdo desgañitándose... "Debe haber al menos una bala" pienso desconcertado, busco, rebusco, con la cabeza entre mis hombros, en un intento de taparme mis pabellones auditivos con ellos y... ¡encuentro una bala, dios existe! ... ¡Pero es de rifle para cazar elefantes y yo tengo una automática de 9 milímetros Parabéllum, dios es un cachondo! Sigourney Weaver, compañera de pelotón se apiada de mi y me pasa la bala apropiada. Cargo apresuradamente y hago pasar a mejor vida a esa señora con un precioso agujero en su entrecejo. Suspiro profundamente aliviado, Clooney con sus brazos en jarra, me fulmina con su mirada. Entra un preadolescente de doce años de dientes separados con llagas en toda la cara. Este infectado no grita, sólo sonríe socarronamente, y espera su inminente ejecución parado en mitad de la sala, busco en la cajita y esta vez con más suerte encuentro la munición apropiada. ¡Bang!... No me miren así, ese niño ya no era humano. George me da está vez unas palmaditas en la espalda  felicitándome. La cosa se pone fea, otros tres infectados entran en la estancia. Uno por la puerta, dos por las ventanas; todos me miran esperando que me líe a tiros, entonces pienso que porqué lo tengo que hacer yo, todos llevan armas y se pueden imaginar lo angustioso que es buscar una bala allí dónde sólo hay grapas. Decido que me debo ir pitando de allí, George me insulta desde el porche del establecimiento mientras yo pongo los pies en polvorosa campo a través. Por el rabillo del ojo veo como un infectado le muerde en el cuello. Pobre George, con lo que le gusta el vermú. 


Corriendo como si me siguiera el diablo, voy despojándome del pesado e inútil equipo militar, ya que sin recargas no sirve para mucho. Llego a un camping lleno de turistas alemanes cocinando en barbacoas. Los infectados se están poniendo las botas, pero los germanos siguen con sus parrillas como si no pasara nada. "Estos guiris no se enteran de ná" murmuro sin frenar mi marcha. Llego al lateral del camping, un barranco que da a un lago me impide seguir; intento volver por mis pasos, pero un muro de infectados que me miran como a un suculento muslo de pollo, avanza lentamente hacia mi. Les tiro la caja de grapas y salto al abismo. Caigo al agua. Intento flotar con todas mis fuerzas. Pero a parte de darme cuenta de que soy una atractiva mujer rubia, recuerdo que no sé nadar demasiado tarde. Me ahogo...


Las luces de la sala se encienden. Sigo siendo la guapa blonda, actriz protagonista y también directora de esta película de bajo presupuesto sobre infectados, que se acaba de proyectar en su preestreno. Ante la prensa intento justificar el precipitado final. Finalmente reconozco que me he equivocado humildemente. Apelo a mis buenas intenciones de renovar los desenlaces de este género de terror. No cuela. Mi carrera como cineasta está acabada. Hablo en alemán.

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El vestuario 25/04/2008
  Soñando a cara perro



Bueno, ya ocurrió. Esta noche soñé con mi flamante blog por primera vez. Seguramente lo habré soñado ya varias veces en estos últimos días, pero esta vez lo logré cazar con la red atrapasueños de mi consciencia.


Entraba en un negocio de ropa masculina; pantanoles de pinza, chaquetas, polos, camisas etc... de estética muy convencional excepto por un detalle, todo estaba confecionado con tela vaquera, la azul de toda la vida. "No me la pondría ni a tiros", pensé. Una vez dentro pasé a una gran estancia que resultó ser un vestuario, pude ver que estaba lleno, hasta la bandera. Yo tenía que desvestirme, era como si estuviese de nuevo en el instituto, justo antes de la clase de deporte. Simplemente espeluznante. Estas instalaciones eran unisex, cosa que no me extrañó en absoluto. Eso era lo normal, así lo sentía, esto no quita que me sintiese algo incómodo, sin duda debido a lo pudoroso que soy. El caso es que la gente tampoco se desnudaba del todo. Abundaban las camisetas interiores de algodón blancas con mangas y de tirantas. Todos hablaban, bromeaban, se conocían, vaya. Yo no me sentía perteneciente al grupo, era como si fuera el nuevo. Me dije angustiado, "Tengo que encontrar una banqueta libre para cambiarme, aunque sean cinco centímetros cuadrados libres", al fondo, esquinado, encontré mi espacio, exactamente cinco centimetros cuadrados libres en un banco de listones de pino. Miré alrededor para ver con quién tendría que compartir mis vergüenzas, y cual sería mi sorpresa cuando pude comprobar que estaba rodeado por tres cheerleaders rubias, muy sanas ellas, que hablaban sonrientes de sus cosas de animadoras. Mi masculinidad ahora se activaba en el momento menos oportuno; Me sentía como un pavo real desplumado. Sólo me quedaba encontrar una taquilla para guardar... ¡¡¡¡Mis babuchas!!!!??? El mundo se me cae encima. Sí, señoras y señores, mis pies calzaban unas babuchas propias de la tercera edad, esas de lana cocida a cuadros y rayas. Veo ya cadáver mi imagen entre mis compañeros de vestuario, ¡qué trauma, no voy a la última! La cosa es que yo suelo usar a menudo la palabra babucha, la uso de comodín, los que me conocen bien lo saben. Ya no lo haré más.


Encuentro la taquilla aún más a la esquina, es más, el concepto esquina se me queda corto para describir la colocación de esta. Por supuesto es comunitaria, y como no, está llena a rebosar. Qué bien. Me dirijo hacia ella con pasitos de gnomo, pienso: "así se notarán menos mis pantuflas", extraña lógica la de los sueños. Las animadoras se fijan en mi y empiezan a preguntarme cosas. "¿Quién yo?" para que no se den cuenta de mi original calzado, respondo con desmesuradas alharacas y demás gestos nerviosos, en un intento desesperado de desviar su atención de mis pies. Lo logro ya que terminan hablando entre ellas de sus interesantes cosas de animadoras, deben de estar acostumbradas a las acrobacias y mi exhibición les ha debido de parecer no más que mediocre. Sólo me queda meter las putas babuchas en la taquilla. Me las quito y con ellas empujo intentando hacer un hueco allí dónde no cabe ni un alfiler... y empujo, y empujo, empujo...


Suena el despertador. 7:00 h. Digo en voz baja: Tienda, tela vaquera, vestuario, al fondo, rubias, babucha, taquilla... Sueño capturado.

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Dibujos Oníricos 21/04/2008
  Soñando a cara perro

Hace unos días tuve un sueño extrañísimo. Soñé que en la agenda de anillas de mi hermano Pito (desconozco si mi bien amado hermano utiliza estas prótesis de memoria), encontraba unos dibujos que yo reconocí como míos, pero que no recordaba haber hecho jamás. El primero que pude ver era el de una cabeza de capitán de barco con gorra y pipa, flotando en el agua sin cuerpo, pero con aspecto de estar viva, con la expresión propia que pueda tener un capitán de navío con la cabeza exenta del cuerpo, flotando en el agua y apunto de encenderse su pipa (¡ah, los lobos de mar! Tipos duros ellos). Un dibujo nocturno, tétrico, realizado con una técnica de denso tramado de rotulador negro de punta fina... A esta ilustración le seguían otros tenebrosos retratos flotantes. Todos los dibujos me gustaban. Me puse a arrancar las hojas pintarraqueadas, al fin y al cabo eran mis creaciones. Mi querido hermano no estaba muy conforme, pero en mis sueños rijo yo. Lo siento por tu agenda Pito.


Entonces apareció el dibujo que me descifró el significado de esa secuencia de imágenes: En una marina nocturna, muy pero que muy nocturna, se podía cotemplar un lúgubre barco cuadrúpedo de patitas de aguja, caminando por un mar sólido. Comprendí entonces que esta colección describía un naufragio... está claro, ¿no?  barco con patitas = naufragio. Los sueños son la monda.


Cuando desperté le conté el sueño muy entusiasmado a Gilda, mi subconsciente no me suele regalar dibujos normalmente... Horas despues lo garabateé debajo de la sombrilla en la playa de Puerto Sherry. Soplaba poniente.


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