
La pregunta que titula esta entrada tiene respuesta. En Puyahumana a través de una elaborada paja mental la hemos conseguido responder. No esperen por parte de esta santa casa, unas conclusiones ambiguas de esas que dan ciertos guionistas de series televisivas masivas para sus finales mediocres pésimos. No, no. En Puyahumana no nos gusta dejar al respetable con un palmo de narices, eso nunca. El lector que regala su tiempo aquí con la lectura de cosas inútiles como por ejemplo este ensayo, es sagrado... La solución se dará muy concreta, con números exactos, como tiene que ser. Aunque aviso de antemano, que el desenlace tendrá cierto margen de error... Si la comunidad científica internacional (esos señores serios con bigotes y batas blancas) le permiten ciertos desajustes en sus cálculos a científicos de la talla de Stephen Hawking, también me lo van a permitir a mi, un simple mequetrefe pintamonas ¿no?... Para despejar esta asombrosa incógnita me serviré del arte, la ciencia, la religión, la filosofía, la estadística y alguna profecía que otra. Todo en esta vida se puede calcular, diantres. Demostrémoslo pues:
PRIMER FACTOR DETERMINANTE: LA HOLGURA DEL INFIERNO DE EL BOSCO
El tríptico El Jardín De Las Delicias es una pasada. Hoy, como era de esperar, querría invitaros a mirar con detenimiento la tabla de la derecha conocida como El Infierno, el lado más salvaje y atractivo del conjunto. Pero hablemos un poco de su autor: El Bosco. Este señor es simplemente un machacador, así de sencillo. Su obra siempre contó con verdaderos fanáticos en su época y fue muy requerida en las cortes europeas. Gracias precisamente a los caprichos pictóricos de Felipe II, podemos gozar de esta pieza hoy en día en nuestro querido Museo del Prado. No nos vamos a parar mucho más en la vida de este pintor flamenco del siglo XV- XVI, ya que no interesa al caso, y eso que podría ser muy tentador hablar de él... En la actualidad sería diana de los objetivos de los paparazzi más indiscretos: Braguetazo a los 30 años con una moza pija de la alta burguesía; miembro de una hermandad religiosa rawra, rawra; presuntos colocones a base de cornezuelo del centeno (Éste es el hongo alucinogeno de dónde se saca el LSD... por lo visto una plaga de éste hongo afectó las plantaciones de cereal de la época, e hizo extraordinariamente entretenido el sencillo y cotidiano hábito de comer pan)... Sin embargo, todo este asunto psicotrópico parece ser tan sólo eso, un rumor al que los estudiosos no dan mucho crédito... En Puyahumana, a la hora de especular con las drogas predilectas de tamaño artista, pensamos al respecto:"¿Y por qué no?", aunque en realidad sospechamos que El Bosco era más bien del buen pimplar. Puro instinto... Bien. Basta ya de cotilleos, hablemos un poquito de la obra. El Jardín De Las Delicias fue pintado a finales del siglo XV, aunque hay algunos estudios que la datan de principios del XVI. Aviso que es necesario para definir nuestro primer factor determinante, que el lector dé como válida la máxima siguiente que me acabo de inventar: EL ARTISTA ES SABIO Y SIEMPRE TIENE RAZÓN (no me miren así, si no es con estos giros de cosecha propia no averigua cómo de grande es el infierno ni mi paisana Rita La Cantaora). Así pues y de la mano de esta valiente afirmación podremos caer en la cuenta que a finales del XV, el infierno tenía bastante espacio libre sin usar en su haber. Basta mirar el detalle paisajístico de la obra en el que nos detenemos hoy (reproducido más arriba)... No lo digo yo, lo dice pintando en su obra El Bosco, ese pedazo de artista-sabio que siempre tiene razón... Lo que son las cosas, el infierno es un verdadero paraíso para los promotores inmobiliarios avaros y sin escrúpulos. Allá acabarán seguro, lo mismo, hasta contentos y todo.
Sigue en: "Los elegidos"
|