
Pues sí, amigos.
Hemos aguantado lo que hemos podido. Gracias a un invierno tremendo, intempestivo, no ha habido ni la más mínima posibilidad de ver a gente con chanclas por la calle, claro está. Pero ya no, el anticiclón (pin pon) ha venido para quedarse, y ya la batalla está perdida, hasta octubre o así, me temo. Ya he visto los primeros ejemplares por la calle.
Año tras año llega esta fecha y me pregunto ¿por qué? (why? en inglés) ¿Por qué ese interés en enseñar los dedos gordos de los pies? Y ya no sólo eso, sino que me parece un calzado de los más incómodos que ha creado el hombre, aparte de feo (el pantalón de peto está en dura pugna con las chanclas, no obstante). Y ahí va la gente, cada vez más, con las chanclas, de día, de noche, a trabajar, al campo, a los bares, ¡¡a los festivales!! Madre mía. Me pongo malo de pensarlo, una borrachera en un festival, en una carpa atestada de gente, y con las chanclas. Con la goma esa metida entre el dedo gordo y el de al lado, que no sé ahora mismo qué nombre recibe. Anular o algo así. Eso no puede ser cómodo, reconocedlo.
Yo sé que muchos de los 8 lectores de este blog llevarán chanclas, y estarán deseando cogerme a solas para cantarme las cuarenta porque se acordarán de mí cada vez que se calcen esos artefactos, y se lo pensarán dos veces antes de ir al teatro con chanclas; pero sólo os diré una cosa: con chanclas (y yo sereno) no me cogeréis en la vida…jojojojo.

