
Ayer, en el AVE, se sentó a mi lado un matrimonio con dos hijos, niña y niño. Muy formalitos todos. El niño, de unos cuatro años, y con cara de no haber roto un ratón en su vida, pidió folios y lápices a la madre, y comenzó a pintar.
Yo me enfrasqué en la crónica del Barcelona-Alcoyano (2-2), aunque con la antena orientada a todo lo que pasaba a mi alrededor, como buen cotilla que soy.
Al cabo de un rato, el niño le dijo algo a la madre, que no alcancé a oir, pero sí pude oir la contestación de ella:
- Ramón, recuerda que estás recreando un mundo de símbolos.
El Alcoyano recortaba distancias de penalty. El niño la miró un poco asombrado.
- ¿Qué significa eso, mamá?
Eso, mamá, ¿qué quieres decirle al niño?. Esto lo dije yo para mis adentros.
- Pues que estás desarrollando tu aprendizaje en base a un lenguaje simbólico -
le contestó, tan tranquila, la madre.
El niño la miró, miró al folio y desistió de seguir preguntando. ¿Para qué?.
En el último minuto saltaba la sorpresa y el Alcoyano igualaba el partido.




