Aunque su reinado no fue muy extenso, su irrupción en el panorama futbolístico mundial fue arrolladora.
Velocidad, regate, potencia, desmarque, gol, hicieron de él el mejor jugador del mundo en 1996, según la FIFA.
Le faltó, como a tantos otros grandes jugadores, haber nacido en otro país más potente futbolísticamente. Por ejemplo, en Francia, donde comenzó a deslumbrar en el PSG. Hubiera formado parte de la Francia campeona del mundo junto a Zidane, Desailly, Henry….
En 2005 se presentó a presidente en las elecciones de Liberia, siendo derrotado.
La canción la conocemos, y la hemos oído hasta la saciedad; pero si la situamos en su contexto original gana muchos enteros más (y ya es complicado).
Dylan había alcanzado techo años atrás con “Highway 61 Revisited” y “Blonde On Blonde”, pero el accidente de moto supuso un parón en su carrera. En 1970, lanzaba “Self Portrait”, uno de sus peores discos, según la crítica. Con “Pat Garret & Billy The Kid”, Dylan pisa con un poco de más convicción en la década que empezaba, a la vez que hacía un papel en la película del mismo nombre.
A lo que iba, la dimensión de ese tema se hace patente gracias a la mano de Sam Peckinpah, que le da entrada en una de las escenas de mayor lirismo y emoción que he visto en el cine. Es el momento en que el sheriff Baker (interpretado por Slim Pickens) es alcanzado durante el tiroteo en la cabaña. Al darse cuenta de que va a morir, empiezan a sonar los acordes de la canción, mientras Baker se dirige al lago. En ese momento, su esposa (Katy Jurado, inconmensurable), se percata de la gravedad de la situación y, dejando su arma, ajena al tiroteo, se dirige al lugar donde su marido va a morir. El resto de la escena no la puedo contar con palabras.